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24 OCT 2020 Fundado en 1956

Crónicas Eldenses

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Miguel Villar González (1913-1996)

La música es una cualidad estrictamente humana. La música expresa y produce un sinfín de sentimientos como alegría, dolor, pena, paz y emoción. La música tiene una cuarta dimensión pues es presente pero también evoca el pasado. Pero la música también es fiesta, por eso sin música no habría fiesta de Moros y Cristianos. Y dentro de esta fiesta tan de nuestra tierra, hay un selecto grupo de compositores que por su innegable aportación forman parte del Olimpo musical festero. Sin demérito de unos u otros para no herir susceptibilidades locales, hoy se conmemora el 24 aniversario del fallecimiento de uno de ellos.

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Desconocemos como vivieron aquellos eldenses de hace 438 años la entrada en vigor del nuevo calendario, aunque bien es cierto que posiblemente ni les importara ni fueran conscientes de dicho cambio en el cómputo del tiempo anual, pues sus vidas quedaban marcadas por los ritmos agrícolas, la salida y el ocaso del Sol, la ausencia de la jornada laboral tal cual la entendemos hoy en día y la festividades colendas o de obligada observancia religiosa.

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Lamberto Amat Sempere (1820-1893).

Un 18 de septiembre de 1820, hace precisamente 200 años, nacía en Elda Lamberto Amat y Sempere. Afortunadamente, su nombre rotula una de las calles de nuestra ciudad, mediante la cual se le rinde tributo y recuerdo perenne. Sirvan estas líneas para honrar su memoria al tiempo que descubrir a muchos la figura de este eldense, cuya obra escrita se convirtió en piedra angular sobre la que partieron todos los estudios históricos sobre nuestra ciudad.

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El maestro Octavio J. Peidro dirigiendo por primera vez el pasodoble "Fallas de Elda".

Un signo de solera y de prestigio social de toda fiesta, amén de seña de identidad, es el dotarse de símbolos gráficos, visuales y sonoros que permitan expresar un sentimiento de común unión entre todos los festeros. En este sentido, las Fallas de Elda están hoy de aniversario.

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La guerra civil se alargaba más de lo previsto inicialmente por las autoridades republicanas. Ya habían transcurrido dos largos años durante los cuales las tropas sublevadas iban tomando poco a poco más y más territorio republicano. Dos años de guerra, dos años de muertes, dos años de sufrimiento… dos años de escaseces y dos años de penurias en la retaguardia. La batalla de Teruel, el derrumbe del frente de Aragón y la llegada de las tropas franquistas al Mediterráneo partieron el territorio fiel a la República en dos partes, dejando a la Zona Centro aislada de Cataluña. Desde el verano de 1938 la población civil empezó a sufrir gravemente las consecuencias de la guerra con el desabastecimiento de alimentos y la carestía de los productos de primera necesidad para la población de pueblos y ciudades.

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El siglo XX había llegado. Elda ya gozaba del rango de ciudad desde agosto de 1904. Mas rápido que lento, la pujante industria del calzado iba proliferando creándose empresa tras empresa y construyendo fábrica tras fábrica. Elda iniciaba un crecimiento industrial y demográfico. Los 6.166 habitantes de 1905 se tornaron en 8.028 en 1910. Incremento de población que pronto tendría consecuencias en el urbanismo eldense con la creación de nuevas barriadas obreras. Elda dejaba atrás su pasado de pueblo agrícola y se iniciaba un más que interesante proceso de transformación en ciudad industrial.

Y la industria trajo la modernización, propiciando que los adelantos técnicos y la última tecnología del momento fuera llegando a Elda, caso de la electricidad en septiembre del año 1900.

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Exposición pública de las nuevas campanas de la iglesia de Santa Ana, de Elda (agosto, 1944). Fotografía realizada por Juan Antonio Maestre Juan.

Poco a poco y entre hambre, escaseces y represión Elda recuperaba la tranquilidad tras los convulsos años de la guerra civil. Cinco años habían pasado y todo parecía ya una pesadilla. El empresario José Martínez González, conocido popularmente como “el Aragonés” había sido nombrado alcalde de la ciudad, ganando la pugna a los elementos más belicosos de la Falange Española y de las JONS que habían gobernado la ciudad entre 1939 y 1943. Su paso por la alcaldía (1943-1956) estuvo marcado por su extraordinaria capacidad de renovación y modernización de la ciudad y la creación de servicios comunitarios. Su primer gran objetivo municipal fue la finalización de los trabajos de reconstrucción de la iglesia parroquial de Santa Ana, que habían dado comienzo en 1942, bajo la alcaldía de José María Batllés.

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El verano de 1967 transcurría plácidamente en Elda. Las vacaciones del sector calzado ya se habían disfrutado entre julio y agosto y la ciudad se preparaba para celebrar las Fiestas Mayores de ese año; así como la próxima VIII edición de la Feria Internacional del Calzado, con la inmediata inauguración de la ampliación del recinto ferial hasta alcanzar los 20.000 metros de superficie útil expositiva. Evento ferial que, un año más volvía batir records, alcanzando los 487 expositores, de 14 países diferentes.

Pero nadie se imaginaba en la mañana de aquel viernes, 25 de agosto de hoy hace 53 años, lo que sucedería a las cuatro de la tarde. Durante dos interminables horas Elda fue batida por una gran tormenta de viento, agua y granizo.

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Antiguo convento capuchino de Biar convertido en Casa de Cultura municipal.

La historia de nuestros pueblos está llena de personas y personajes más o menos ilustres que por su vida y sus obras alcanzaron diverso grado de notoriedad. Pero también los hay, y mayoritarios, de mujeres y hombres anónimos, cuyos nombres y memoria permanecen perdidos u ocultos en archivos y documentos antiguos, a la espera de que los genealogistas, historiadores o investigadores los desempolven y “resuciten” otorgándoles un rayo de eternidad.

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Estatua ecuestre de sir Hugh de Calveley en el castillo de Mont Orguel, en la isla de Jersey (Inglaterra)

Corría el año de Nuestro Señor de MCCCLXVII y trigésimo primero del reinado de Pedro IV de Aragón (1336-1387); la cruenta guerra entre Castilla y Aragón que había asolado las comarcas del Vinalopó un par de años atrás trasladaba su escenario a territorio castellano convertida ahora en una lucha fratricida entre Pedro I de Castilla y su hermanastro Enrique de Trástamara. Poco a poco las tierras del Vinalopó, tan castigadas por los ejércitos castellanos, iban recuperando su normalidad.

Acerca del autor

Autor: Gabriel Segura Herrero

De formación historiador y de profesión arqueólogo, el papel de cronista oficial de la ciudad de Elda plantea retos importantes, tanto con respecto a la memoria de mi predecesor Alberto Navarro Pastor; como al respecto del futuro, para dotar de contenido y utilidad a la figura del cronista oficial en el siglo XXI; a la par que un compromiso con la ciudadanía eldense. Las nuevas tecnologías y las redes sociales deben ser aliadas del conocimiento y de la divulgación histórica, sin faltar al rigor, pero acercando la información histórica al ciudadano. El guión de la historia de Elda está conformado y los titulares en mayúscula ya están todos escritos, pero es necesario escribir la letra pequeña, la historia de las gentes y de los pequeños acontecimientos. Es necesario poner voz a la ingente cantidad de fotografías antiguas que hasta ahora son testigos mudos de nuestro pasado. Trabajo en el que es necesario la colaboración de todos. Con el permiso de usted lector, ¡Vamos a intentarlo!.

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