lunes, 20 de julio de 2026

Tradición, juventud y alcohol: el desafío de los Moros y Cristianos en nuestros hogares

Marta Arráez
26 mayo 2026
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Tradición, juventud y alcohol: el desafío de los Moros y Cristianos en nuestros hogares
Imagen de jóvenes con alcohol.

Con la llegada de junio, nuestras calles se transforman. El sonido de las bandas de música, el olor a pólvora y la majestuosidad de los desfiles de Moros y Cristianos nos recuerdan la riqueza de nuestras tradiciones. Sin embargo, tras el brillo de los trajes y la alegría de las comparsas, se esconde una realidad que preocupa cada año a familias y expertos: estas fiestas populares representan para los adolescentes un momento de gran riesgo frente al consumo de alcohol, siendo frecuentemente el escenario de sus primeros contactos con esta sustancia.

Uno de los principales problemas es que el alcohol está profundamente arraigado en nuestra cultura festiva. Los jóvenes crecen observando que las celebraciones giran en torno a la bebida, recibiendo un mensaje contradictorio: se les advierte del peligro mientras ven cómo los adultos aceptan la ebriedad como parte de la normalidad de la fiesta.

Esta normalización se manifiesta de forma alarmante en la práctica del botellón. Se trata de un consumo intensivo (beber grandes cantidades en poco tiempo) cuyo objetivo principal es alcanzar la embriaguez rápida. Lamentablemente, esta conducta no solo está extendida, sino que suele ser aceptada socialmente, minimizando los graves riesgos que tiene para menores que aún se encuentran en pleno desarrollo físico y mental. Según datos recientes, casi un 80% de los adolescentes reconoce haber consumido alcohol en el último año, situando el consumo en niveles preocupantes que a menudo requieren atención en servicios de urgencia.

La adolescencia es una etapa de transformación donde el cerebro emocional madura antes que la parte encargada del control de impulsos, lo que empuja a los jóvenes a buscar la intensidad y la novedad por encima de la seguridad. A esto se suma la presión de grupo. En el contexto de las fiestas, beber se convierte en un "rito de paso" hacia el mundo adulto y en una forma de demostrar valentía o integración. Para muchos adolescentes, el que no bebe es el «raro», corriendo el riesgo de ser apartado del grupo de iguales. En este escenario, la percepción del riesgo es bajísima: se asocia directamente que cuanto más se bebe, mejor es la fiesta.

¿Cómo pueden las familias afrontar estos días de forma consciente? La prevención más eficaz no nace del castigo o el miedo, sino de la presencia adulta y la comunicación honesta. Aquí algunas pautas fundamentales para que las fiestas no se conviertan en drama familiar:

Hablar antes de la fiesta: El momento adecuado no es cuando el joven está saliendo por la puerta, sino en momentos tranquilos del día a día. Debemos escuchar de forma activa y sin juzgar, preguntando por sus planes y preocupaciones.

Establecer límites claros: Los adolescentes necesitan autonomía, pero también adultos que sostengan. Acordar la hora de regreso, supervisar el estado en el que vuelven y saber dónde y con quién tienen pensado estar.

Revisar nuestro propio ejemplo: Como siempre decimos, os hijos observan más lo que hacemos que lo que decimos. Si celebramos cada acto de la fiesta con alcohol, será difícil transmitirles que la diversión puede existir sin él.

Desmontar mitos: No es cierto que ofrecer alcohol en casa "para que aprendan" sea protector. Al contrario, suele aumentar la normalización del consumo futuro.

Enseñar reducción de riesgos: Deben saber que nunca deben dejar solo a un amigo que se encuentre mal (especialmente en estados de euforia o exaltación) y que siempre pueden pedir ayuda adulta si una situación se complica, sin miedo a represalias desmedidas.

Nuestras fiestas de Moros y Cristianos son unos de los mejores días del año para los que realmente disfrutamos de ellas. Asegurar que nuestros jóvenes las disfruten con salud y seguridad es una responsabilidad compartida entre padres, cuartelillos, comparsas e instituciones. El objetivo no es el control absoluto, sino construir una relación donde nuestros hijos sepan que, detrás de cada norma, lo que hay es cuidado y afecto.

Marta Arráez
Marta Arráez
Acerca de la autora

Soy Marta Arráez. Pedagoga, Coach de vida y familias, y desde hace 10 años me dedico a la selección, formación y desarrollo de personas.

Madre de mellizos, actualmente acompañándoles en su maravillosa adolescencia.

Escribo desde la experiencia real, convencida de que la educación se basa en la empatía, la escucha y el respeto.

Comparto reflexiones y herramientas prácticas para conectar y entender mejor a nuestros hijos y construir la vida familiar plena y bonita que todos deseamos.

"Nuestros hijos nos miran más que nos escuchan. Sé el espejo donde mirarse"

Ig: @martarraez_coach

[email protected]

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