SEMANARIO DE INFORMACIÓN LOCAL, DEPORTES Y ESPECTÁCULOS

29 NOV 2020 Fundado en 1956
Visto: 441

Compartir en FacebookCompartir en TwitterCompartir en Google PlusCompartir en WhatsApp
Calle Castillo en la que se observa el arco que da nombre a la calle. Marzo, 1950 | García.

En la parte antigua del pueblo, antaño villa romana y núcleo islámico, por donde se extiende una densa maraña de retorcidos callejones, solo se ha conservado un pequeño arco, perteneciente al urbanismo antiguo, en la zona de acceso a la fortaleza: subiendo desde la plaça de Dalt por la calle San Rafael, al final de la misma giramos a la izquierda por la calle Castillo y enseguida nos encontramos con el conocido Arco del Castillo que conecta con Faldas del  Castillo. También conocemos la existencia de otro arco situado en la calle La Virgen que fue derruido en 1870, quedando no obstante el topónimo Arco de la Virgen, que daba acceso a la calle Castillo. La calle Arco del Castillo arranca desde el mismo arco y desemboca en la plaza de La Hoya.

Los arcos eran puertas de entrada de barrios y calles, existiendo desde el urbanismo musulmán. La calle, y por tanto el nombre, Arco del Castillo, está atestiguada al menos desde 1853, aunque de nuevo nos encontramos con escasez documental y arqueológica referente a los periodos anteriores en esta zona del centro histórico. Lo que sí es cierto es que el arco no corresponde a la puerta de una antigua muralla musulmana, como se suponía hace tiempo. No obstante, la distribución actual de vías estrechas y tortuosas con pequeñas placetas nos apuntan a un urbanismo que sigue las curvas de nivel del cerro rematado por la fortaleza. Las evidencias arqueológicas más importantes del poblamiento islámico las encontramos en las excavaciones efectuadas en la explanada del castillo a finales de la década de los ochenta del siglo XX, y esporádicamente en distintos puntos como en la calle Faldas del Castillo, calle Mayor, plaça de Baix, calle San Antonio o calle Nueva.

El arco antes y después de la restauración. Foto: Museo Dámaso Navarro.

El arco del castillo, tras padecer un largo deterioro, fue rehabilitado hace unas décadas con un enlucido de yeso blanco, una imitación de dovelas y un tejadillo.

En los años cuarenta de pasado siglo la anatomía urbana de este singular, histórico y entrañable lugar de nuestro casco histórico estaba lleno de vida y bullicio por las personas que habitaban esta calle y su entorno más inmediato. En este sentido, partiendo desde el arco a su izquierda está “el pati” donde por esas fechas vivía Aladino Bertomeu “el Ratllat”. Subiendo por estas rampas, a la derecha se llegaba a La Hoya, un poco más arriba a la izquierda y en primer lugar se encontraba la casa de Facundo. Por delante de ésta se continuaba hasta la de Baradiles por toda la falda del castillo; allí vivía Victorina. Esta calle también conducía a las cuevas que hay en la base del castillo: Penyetes, Cafissos, etc.

Esta calle conecta la calle Castillo con la de Faldas del Castillo.

Muchas noches, los vecinos de Petrer bailaron hasta altas horas de la noche en este lugar. La orquesta estaba formada por Félix, yerno de Facundo, Tisteta el del Perrió y el otro hijo de Facundo con su bandurria. Entre los mirones y bailarines se encontraban Tisteta el Gat, Ezequiel el de la Seba, Marcelino, Chuy y otros muchos. Tanto unos como otros venían de la casa de la Alegría, llamada así porque todas las noches se hacía baile. Esta casa estaba frente a la tienda de Juliana, suegra de Luis el Majo (calle Gabriel Brotons). La dueña de la casa era Malena, la cual estaba muy orgullosa del nombre que le pusieron a su vivienda.

Para terminar, apuntar que a esta calle que debe su nombre al elemento arquitectónico que salva el espacio entre dos muros tanto por su singularidad como por ser un hito dentro del corazón de nuestro centro histórico debe ser protegido y puesto en valor. Desde estas líneas os invito a conocerlo y a inmortalizar vuestra visita teniendo como marco esta bella imagen de nuestro entramado urbano medieval y moruno.

Acerca de la autora

Autora: M.ª Carmen Rico Navarro

M.ª Carmen Rico Navarro cursó estudios de Geografía e Historia en la Universidad de Alicante, licenciándose con Grado con la presentación del estudio sobre la tradición alfarera de Petrer, obtuvo la calificación de sobresaliente por unanimidad (1996).

Desde 1983 es Técnico de Archivos y Bibliotecas del Excelentísimo Ayuntamiento de Petrer. Estudiosa de la historia y los temas de Petrer, su localidad natal, de la que es cronista oficial desde 1994.

Es autora de varios libros y trabajos de investigación entre los que destacan: Del barro al cacharro: La artesanía alfarera de Petrer (1996), Azorín y Petrer (1998), Catálogo del pintor Vicente Poveda y Juan (1998), Apuntes para la historia de Petrer: Vida y obra del presbítero Conrado Poveda (2000), Las calles de Petrer (2002), La lectura en Petrer (2005), Historia de la sanidad en Petrer (en colaboración) (2006), Un siglo de música, publicación que obtuvo el Premio Euterpe (2006), Petrer 1935: Un pueblo en blanco y negro (2007) y El marquesado de Noguera: Un señorío nobiliario en Petrer (en colaboración) (2014). Además ha escrito numerosos artículos en periódicos y revistas especializadas.

Ha dirigido la revista cultural Festa en distintos periodos (1988-1994, 1997-1998 y 2001) y las colecciones de monografías “Vila de Petrer” y “L’Almorxó”.

Además fue la primera pregonera de las fiestas de la Virgen del Remedio en 2015 y es buena conocedora y una apasionada de las fiestas de San Bonifacio colaborando siempre con todas las directivas.

M.ª Carmen se ha dedicado durante muchos años a investigar y divulgar el patrimonio local. Por todo lo expuesto y porque siempre ha sido una amiga y estrecha colaboradoras de Valle de Elda le damos la bienvenida y os invitamos, a partir de hoy, a leer y a disfrutar de sus Crónicas de Petrer.

Utilizamos cookies propias, al continuar navengando por el sitio aceptas nuestra política de cookies.

Aceptar

Buscando...

Un momento por favor

Google+
Compartir