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Nadie se podía imaginar al alba del sábado día 4 de enero de 1958 que, en pocas horas, una lluvia de 4 millones de pesetas iba a alcanzar durante esa mañana a unos centenares de vecinos de eldenses y petrerenses. Todo se precipitó cuando los niños del madrileño colegio de San Ildefonso cantaron por la radio el número 18.555 en el conocido “Sorteo Extraordinario del Niño”, organizado por la Lotería Nacional con motivo del Día de Reyes desde el año 1942.

Nadie daba crédito a la noticia, pero esta, junto con la alegría de los agraciados, se extendió como reguero de pólvora conforme llegó el mediodía: ¡En Elda y Petrer habían tocado 4 millones de pesetas!

El segundo premio del sorteo del Niño, de hoy hace 60 años, fue vendido por la administración de Loterías que había en la calle Jardines, regentada por “Juanita Mellado”. Pero la mayor parte de los décimos fueron repartidos por el popular “Pepito Amat” quien los vendió décimo a décimo en sus idas y venida por Petrer y por Elda. Un total de 400 décimos, con un premio de 40.000 pesetas cada uno, fueron repartidos por ambas poblaciones. Unos de forma íntegra y otros compartidos entre familiares y amigos.

Según cuentan las crónicas, el Valle de Elda cubrió magníficamente aquella maravillosa noticia gracias a los fotógrafos Carlson y Penalva, quienes en compañía de Pepito Amat, y los tres subidos en una moto, iniciaron una peregrinación por todas las casas favorecidas con el segundo premio del Sorteo del Niño.

El salón limpiabotas de José Ruedas; Sebastián Muñoz, guardia civil; Carmen Lloret, Victoriano Rico, Salud Picó, la esposa del relojero Ramón Verdú; en el horno de Magdalena Payá, en la calle Modesto Lafuente; en la tienda de Vírgenes Terol, en el Camino Viejo de Petrer, entre otros muchos de los agraciados en Elda; o, en Petrer, caso de Pascual Serrano, Manuel Martínez, Luisa Villaplana, Rafaela Pla, Dolores Vicedo “La Pichona”, Dolores Berenguer “la Loleta de Agost”, Elisa Rodríguez, Josefa Mira, propietaria el estanco, José Leal, guardia civil, Angelina Verdú, del horno de la Virgen, y así muchos más.

Aquel día, Elda y Petrer vibraron de alegría compartiendo el júbilo de muchos de sus vecinos. Aquel año, los Reyes Magos se acordaron especialmente de nuestros pueblos.