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Educación

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El pasado lunes 5 de octubre se celebró el Día Mundial del Docente. Esta celebración fue proclamada en el año 1994 por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).
Fuera de los círculos educativos, y aún inmersos en ellos, se trata de una conmemoración que pasa bastante desapercibida, a pesar de la importancia de la figura de las y los docentes a la hora de alcanzar los objetivos de la educación y, con ellos, los de las sociedades en que tiene lugar su tarea y a pesar también del relativo reconocimiento de este colectivo. No en vano la profesión de profesor o profesora es una de las mejor valoradas (Barómetro del CIS. Marzo de 2013) después de la de médico o médica, que ocupa el primer lugar.

Es cierto que la acumulación a lo largo del año de los días mundiales o días internacionales devalúa hasta cierto punto esas fechas.  No obstante muchas de ellas alcanzan algún sentido en tanto que nos permiten, al menos de manera muy circunstancial, reivindicar mejoras obligadas y denunciar situaciones de manifiesta injusticia.

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Hace unos meses comenzamos una serie de entradas en nuestro blog orientada a la difusión de páginas especializadas en ofrecer recursos didácticos. Retomamos este contenido con una página de la que probablemente tendréis noticias por cercanía, pertenece a un centro ubicado en la ciudad, el Centro de Formación, Innovación y Recursos Educativos (CEFIRE) de Elda y por su dilatada trayectoria desde su creación en el año 2001. Nos referimos a su biblioteca virtual: La Virtu.

Siendo por aquel entonces uno de los CEFIRE más pequeños de la Comunidad Valenciana y habiendo de ofrecer servicio a un profesorado bastante diseminado, muchas veces residente fuera de su zona de influencia, el CEFIRE de Elda emprendió por aquel entonces una aventura hacia una cierta deslocalización de recursos basada en las posibilidades de Internet.

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El pasado miércoles 23 de septiembre, un grupo de profesores y profesoras nos reunimos en el CEFIRE de Elda en la primera sesión de unas jornadas denominadas Conociendo escuelas europeas a través de Erasmus+. En una entrada anterior nos referimos a este programa europeo con tantas posibilidades para el alumnado y el profesorado, entre otros objetivos, para aproximarse a muchos sistemas educativos, a otras prácticas posiblemente enriquecedoras de nuestras percepciones y nuestras actuaciones.

Esta primera sesión se dedicó a un sistema que en los medios de comunicación se presenta como referencia de educación excelente: el finlandés. Contamos con las exposiciones de varios compañeros del IES La Creueta de Onil, sin cuya colaboración hubiera sido muy difícil proponer estas jornadas, que comentaron su experiencia en las visitas formativas que han desarrollado en este país. Así mismo, intervinieron varios profesores finlandeses de la escuela-instituto Pyörön en la ciudad de Kuopio, que participan en un proyecto conjunto con el centro de Onil. Tuvimos la oportunidad de entablar un muy interesante coloquio, después de escuchar de primera mano sus impresiones sobre la educación finlandesa.

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La pasada semana Elda y Petrer se sumaron a una iniciativa por la que numerosos ayuntamientos se están declarando ciudades de acogida de refugiados que solicitan ayuda a la Unión Europea. De esta manera, asumirán el compromiso de atender la crítica situación de miles de personas que han de huir de sus países ante las graves amenazas que suponen los conflictos desarrollados en ellos para su seguridad y la de sus familias.

El amplio consenso político y social que ha llevado a esta decisión supondrá, más allá de la declaración, un esfuerzo de toda la ciudadanía y las instituciones hacia una solidaridad efectiva que se materializará en la atención a las muy diversas necesidades de quienes lleguen hasta nuestros municipios. Necesidades que irán desde un apoyo emocional, que intente compensar en lo posible el sufrimiento de quienes han dejado casi todo atrás y se han aventurado en un viaje de cuyos obstáculos hemos tenido cumplida información en estas semanas de mayor impacto de la crisis. Digo de mayor impacto porque, lamentablemente, estas penosas diásporas, lejos de ser repentinas, obedecen a causas incubadas y toleradas durante años por quienes ahora nos escandalizamos y nuestros dirigentes. Parece que solo cuando sus efectos llegan hasta las fronteras de esta Europa del bienestar, han conseguido desencadenar una movilización social tan manifiesta.

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Parecería lógico que el interés compartido por conseguir responder de una manera más adecuada a los retos que plantea la educación, más allá de los particulares y muy legítimos, habría de conducir a una mayor colaboración de todos los sectores que integran la comunidad educativa.

Si observamos atentamente muchas de las dinámicas generadas en sus interacciones alrededor de la vida del centro, no siempre se dan estas supuestas circunstancias ideales. El reseteado que supone el inicio de cada curso, al menos con respecto a muchas inercias alimentadas durante el anterior, se convierte en una oportunidad para reflexionar acerca de aspectos tan importantes en esa relación imprescindible como la comunicación y la participación en una tarea compartida, complementaria en el buen fin que se pretende.

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En los próximos días, alumnado, profesorado y familias nos incorporaremos, cada cual desde sus particulares circunstancias y con mayor o menor entusiasmo, al nuevo curso escolar. Desde hace algún tiempo las redes sociales y blogs relacionados con la educación se esfuerzan en proponer consignas, pistas, recomendaciones o advertencias para preparar o prevenir los efectos más perniciosos de este regreso inevitable. Se habla incluso de síndrome postvacacional y de adaptaciones complicadas a la vida activa tras el periodo vacacional.

Hoy dedicaré unas líneas a una vuelta, que, a decir verdad, no me agrada como término para describir el comienzo del curso. Por supuesto que volvemos a un mismo escenario físico pero la trama, los personajes y sus relaciones, no nos engañemos, nos sorprenderán con multitud de novedades. Más aún, en un curso como el que se inaugura, a estos cambios de por sí comprensibles se sumarán incertidumbres ante las decisiones de índole política que afectarán, que de hecho afectan, al sistema educativo.

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Es lo que tienen los tópicos, a fuerza de repetirlos, los aceptamos sin pararnos a pensar qué significa realmente lo que afirman. ¿Viven bien o sobreviven las maestras y maestros? Lo primero que puede indicarse es que nos referimos a un colectivo muy amplio de personas con muy variadas circunstancias, incluso considerando solo la faceta profesional (docentes de la pública, de la concertada, de la privada, en interinidad, con destino definitivo, con destino definitivo a más de cincuenta kilómetros de su casa...). Por otro lado, ¿tenemos tan claro en qué consiste vivir bien? Complejas cuestiones sobre las que cada cual tiene su opinión.

No obstante, llega el verano y desde diversos frentes (la familia, las amistades, la gente que puebla los bares, las playas o las montañas...) se perpetúa el mantra de la buena vida del profesorado en una de sus manifestaciones más evidentes para el común de las y los mortales: las extensas vacaciones.

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Con la llegada del fin de curso escolar y el comienzo de las vacaciones se suceden en los medios tradicionales y en los digitales multitud de artículos referidos a la conveniencia o no de realizar deberes o a la mejor forma de no olvidar lo aprendido e incluso de aprender fuera de las aulas, aprovechando las indudables ventajas del periodo estival.

Son orientaciones o consejos que pueden sorprender a mucha gente o parecernos novedosos pero que evidencian hechos de los que no siempre somos demasiado conscientes:

  1. No hay vacaciones para aprender.
  2. La adquisición de competencias va mucho más allá de los momentos en que permanecemos en los centros. Estamos hablando de aprender para la vida y desde la propia experiencia.
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El pasado viernes, a la vez que, con el final de curso, varios centros escolares celebraban sus ceremonias de graduación, se desarrolló una charla impulsada por el grupo local de Amnistía Internacional que tuve el placer de presentar. La ponente, María Esperanza Ramírez, activista colombiana de los derechos humanos de la mujer y de las personas desplazadas por el conflicto armado vivido por ese país desde hace décadas, está acogida en España a través de un programa de protección temporal para defensores y defensoras de derechos humanos en riesgo por amenazas contra su vida.

A quienes no tuvisteis oportunidad de acudir os contaría no solo sobre su dramática experiencia entre los fuegos de la guerrilla, de los grupos paramilitares y del ejército, sobre el desarraigo, la desintegración de su familia, la pérdida de casi todo en la huida, las vejaciones sufridas por sus seres queridos, las muertes. Os hablaría también sobre la dignidad de quien está dispuesta a perdonar pero a la vez exige sus derechos y lucha por el cumplimiento de las leyes que han de proteger a la población más indefensa. No obstante, este es un blog de educación y os escribiré acerca de algo que no pasó desapercibido a lo largo de su intervención y que tiene que ver con el tema que nos acerca cada semana.

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La semana pasada mencioné de pasada en mi entrada una cuestión de creciente importancia en el ámbito de la educación: los programas europeos. Desde comienzos del año 2014 y, por lo menos, hasta 2020, un término, Erasmus+, resume una amplísima variedad de acciones educativas debidas al impulso de la Unión Europea.

Erasmus, nombre que proviene del humanista y teólogo holandés Erasmo de Rotterdam (1466-1536), parece a todas luces una marca de éxito. Reconocible por un amplio sector de nuestra sociedad como el programa que ha traído y ha llevado a miles de estudiantes universitarios desde y hacia Europa durante tantos años, su popularidad en el imaginario colectivo ha contribuido a que amplíe su significado con ese plus (+) y se convierta en un medio en el desarrollo de estrategias europeas de educación y formación y, de modo más general, de crecimiento de la Unión Europea en campos tan diversos como el empleo, la innovación, la integración social, etcétera.

Acerca del autor

Autor: Jesús María "Pitxu" García

Jesús María "Pitxu" García Sáenz (Vitoria-Gasteiz, 1970) es doctor en Filosofía y Letras (sección Filología Hispánica) por la Universidad de Deusto. Como profesor de Secundaria ha trabajado en el IES Azorín de Petrer y en el CEFIRE de Elda, en la asesoría de plurilingüismo y en las de referencia sobre programas europeos y coeducación.

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