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El pasado mes de diciembre un grupo de doce alumnas y alumnos y dos docentes del IES Azorín participaron en una movilidad de su proyecto europeo Erasmus+ “We Always” en Berlín junto a centros socios de de Eger (Hungría), Marsella (Francia) y el  anfitrión, el Thomas-Mann Gymnasium de la capital alemana. El proyecto está orientado hacia el conocimiento, difusión y protección del patrimonio cultural de los cuatro países.

 A la vuelta, dejando un margen para la reflexión sobre lo experimentado, me gustaría destacar dos sensaciones que tienen mucho que ver con el significado educativo de este tipo de iniciativas, que las definen de alguna manera y que permiten extraer valiosas conclusiones, más allá de las vinculadas de forma más directa con el proyecto en concreto.

La primera  sensación es la de vértigo. Como suele ser habitual en otros encuentros, se han sucedido los días en una frenética carrera de actividades que, una vez de regreso, se evidencian en un cansancio acumulado que se deja sentir a la hora de regresar. En efecto, hemos compartido, trabajado, conocido y visitado, echado de menos nuestro hogar y, a la vez, lamentado tener que volver tan pronto… Docentes y alumnado nos hemos expuesto a un cúmulo de sucesos y emociones que se acumulan sin tregua, a veces, de modo contradictorio y que nos revelan nuestra mayor y menor habilidad personal para gestionar todo este aluvión de vivencias.

En el espacio de visitas destacaron un circuito en las calles del centro de Berlín por equipos internacionales, una caza del tesoro, una fantástica visita a la exposición Durch Mauern Gehen en el Gropius Bau, en la que nos planteamos desde el arte el significado de los muros y barreras que nos separan, un periplo mediante realidad virtual por el Berlín de la antigua República Democrática Alemana, un paseo por un mercado de Navidad, una escapada para recorrer la East Side Gallery y sus famosos murales…

En el apartado institucional, las visitas al ayuntamiento de Reinickendorf, el distrito berlinés en el que se encuentra el Thomas-Mann, la acogida oficial por parte del centro, una sesión de debate abierto sobre Europa y sus perspectivas de futuro en la Cancillería Federal...

En cuanto a trabajo se refiere, la exposición diseñada y elaborada en los dos últimos meses, la preparación y puesta en escena de la feria en torno al muro de la escuela, espacio que ha enmarcado las tareas en torno a patrimonio cultural (música, juego, danza, gastronomía, etc.), las reuniones de coordinación del profesorado con el fin de evaluar nuestro recorrido, repensar y recordar responsabilidades y llegar a acuerdos para la próxima movilidad, que tendrá lugar en Petrer el mes de marzo.

La dimensión personal, enlaza con la segunda de las sensaciones a las que me refería al principio: la de intensidad.

La mayoría de nuestro alumnado, todo el que nos ha sido posible, se ha alojado en familias alemanas de forma que pudieran experimentar una verdadera inmersión en la vida y cultura del país en condiciones bastante diferentes a las habituales (comidas, clima, tipo de ciudad, horarios, otras creencias y costumbres... ).

Hemos tenido la fortuna de comprobar que el abandono de lo conocido implica una experiencia intensa de la movilidad para el alumnado y, por extensión, para la familia de este, convertida en espectadora a distancia de sus peripecias europeas. 

Si los muros han sido uno de los leit motiv del viaje a Berlín, no mentiríamos al decir que la diferencia se percibe como una barrera, un verdadero muro que en los momentos malos nos parece infranqueable pero que, al igual que sucedió en nuestro principal evento de trabajo, podemos deconstruir para convertir lo que nos separa en oportunidad, en un camino hacia los otros.

No es fácil descubrirlo a los quince años. Quienes hemos acompañado a esta docena de estudiantes a veces nos olvidamos de esta realidad, más cuando algunos o algunas no se han enfrentado con la soledad o con la diversidad de una forma tan expuesta. En algunas ocasiones no sabemos si es mejor ponerlos en su lugar o ponernos en su lugar, hablarles de cómo es la vida más allá de los espacios donde cuentan con más protección o tratar de empatizar para que entiendan la gran riqueza de este acontecimiento educativo y vital, una de las enseñanzas más memorables de una movilidad Erasmus, si no la más memorable.

 

[Noticias dentro final] Serlicoop enero 2020

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Acerca del autor

Autor: Jesús María "Pitxu" García

Jesús María "Pitxu" García Sáenz (Vitoria-Gasteiz, 1970) es doctor en Filosofía y Letras (sección Filología Hispánica) por la Universidad de Deusto. Como profesor de Secundaria ha trabajado en el IES Azorín de Petrer y en el CEFIRE de Elda, en la asesoría de plurilingüismo y en las de referencia sobre programas europeos y coeducación.

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