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El pasado lunes 5 de octubre se celebró el Día Mundial del Docente. Esta celebración fue proclamada en el año 1994 por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).
Fuera de los círculos educativos, y aún inmersos en ellos, se trata de una conmemoración que pasa bastante desapercibida, a pesar de la importancia de la figura de las y los docentes a la hora de alcanzar los objetivos de la educación y, con ellos, los de las sociedades en que tiene lugar su tarea y a pesar también del relativo reconocimiento de este colectivo. No en vano la profesión de profesor o profesora es una de las mejor valoradas (Barómetro del CIS. Marzo de 2013) después de la de médico o médica, que ocupa el primer lugar.

Es cierto que la acumulación a lo largo del año de los días mundiales o días internacionales devalúa hasta cierto punto esas fechas.  No obstante muchas de ellas alcanzan algún sentido en tanto que nos permiten, al menos de manera muy circunstancial, reivindicar mejoras obligadas y denunciar situaciones de manifiesta injusticia.

Este año el contenido de la celebración se orientaba a la necesidad de dotar de formación, medios y reconocimiento social al profesorado como condición para transformar la sociedad y hacerla sostenible. Concretamente el lema elegido fue Empoderar al profesorado para construir sociedades sostenibles.
¿Qué hay detrás de este empoderamiento, palabra mejor y peor aceptada pero sin duda de actualidad? Hemos de entenderlo como un proceso de apoderamiento o conquista por el cual se aumenta la fortaleza de un grupo o un individuo que lleve a una mejora de sus condiciones de vida. Este empoderamiento pasa en primer lugar por una ganancia de confianza propia, una confianza que se apoya en percepciones subjetivas sobre el propio desempeño y en otras objetivas, sobre aspectos tan diversos como la consideración social, la inversión en capacitación o, de manera amplia, las condiciones laborales.
Hemos de tener en cuenta el ámbito global de la celebración para advertir las dificultades por las que pasan las y los profesionales de la educación en los diferentes países del mundo. Los escenarios son a veces difícilmente comparables en su grado pero no así en su naturaleza: estrés laboral, insatisfacción personal desencadenada por la atribución o la autoatribución en exclusiva de la responsabilidad ante el fracaso escolar, ubicación en un mundo de valores cambiantes donde se cuestiona su propio papel (veámoslo, por ejemplo, ante el desarrollo tecnológico y sus posibilidades en el campo del aprendizaje), un mundo de mayor heterogeneidad del alumnado y a la vez mayor exigencia de personalización en la enseñanza, pérdida de autoridad, falta de inversión en medios materiales y formación actualizada y coherente con la realidad y el alumnado al que se enseña, falta de respaldo político o social, privación de voz ante decisiones que competen a su tarea, deslegitimación, desmotivación por el escaso recorrido de la carrera docente y la inexistencia de incentivos...
Las amenazas al bienestar docente son numerosas y exigen del empoderamiento al que nos referíamos un rearme de estrategias personales (emocionales, capacitadoras) y corporativas que permitan sobreponerse a todos estos retos. De no ser así, es fácil predecir el deterioro de la calidad del proceso de enseñanza y aprendizaje que se resentirá por las condiciones precarias  de desarrollo de la tarea cuando no por el abandono de la profesión  o su falta de atractivo entre las generaciones más jóvenes y consiguiente envejecimiento del colectivo docente. Atraer, formar y conservar profesores y profesoras competentes empieza a ser un reto para muchos países de nuestro entorno en un marco en que comienzan a esbozarse peligros para el dinamismo de nuestra escuela y su respuesta a la sostenibilidad de la sociedad.

Ojalá la celebración de este día nos condujera a una pequeña reflexión sobre el rol de los docentes en el desarrollo de toda la comunidad, sobre las respuestas que están dando o no en unas sociedades que dicen basarse en el conocimiento pero que, al mismo tiempo, en su propia condición de líquidas se replantean sin pausa la figura del docente y el sentido mismo de la educación.


Para saber más:
Día Mundial del Docente (UNESCO)
Los docentes son importantes (OCDE)
El malestar docente (CC.OO. Andalucía)
Informe El prestigio de la profesión docente en España Percepción y realidad.

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Acerca del autor

Autor: Jesús María "Pitxu" García

Jesús María "Pitxu" García Sáenz (Vitoria-Gasteiz, 1970) es doctor en Filosofía y Letras (sección Filología Hispánica) por la Universidad de Deusto. Como profesor de Secundaria ha trabajado en el IES Azorín de Petrer y en el CEFIRE de Elda, en la asesoría de plurilingüismo y en las de referencia sobre programas europeos y coeducación.

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