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"¡Nene, no muerdas la servilleta que me da mucha tiricia!"

"¡Ayyy, qué tiricia me da cuando escribes en la pizarra!"

Tiricia es otra palabra de nuestro habla tradicional eldense que todavía seguimos utilizando. La acepción que le damos es la de ‘sensación que se experimenta en dientes y encías provocando involuntariamente rechazo ante estímulos negativos, o incluso recordando los mismos (tocar determinados cuerpos, oír ciertos ruidos desapacibles, comer sustancias agrias o ásperas)’. Esta acepción la encontramos principalmente en zonas de Alicante (tanto en valenciano como en castellano), Murcia, Almería, Albacete, Aragón…, coexistiendo con la variante tericia en la zona murciana y albaceteña.

Equivaldría a los términos grima o dentera.

Tiricia es una corrupción de la voz ictericia, que proviene del griego “ikteros” que significa ‘amarillento’ o ‘de color amarillo’, derivando en castellano a ictericia ‘coloración amarillenta de la piel y mucosas debida a un aumento de la bilirrubina en la sangre’.  En el diccionario de la RAE, este vocablo aparece como propio de El Salvador y con el significado de ‘pereza (lentitud o letargo), negligencia y mal humor’. En Méjico tiricia también tiene la acepción de ‘tristeza’, siendo este el nombre de una película de Jorge Pérez Solano, galardonada en el Festival de Cine de Tesalónica (Grecia).

Podemos preguntarnos por qué nuestro cuerpo siente tiricia ante situaciones comunes que ocurren en nuestro día a día y, aunque no existen teorías sólidas que puedan establecer un criterio válido de su origen, la  que más se sostiene es la propuesta por la Universidad de Newcastle que postula que el sonido que escuchamos o imaginamos es procesado por la corteza auditiva y la amígdala, estando esta relacionada con las emociones, por lo que conseguimos ligar lo negativo que sentimos y el sonido (al tratarse de sonidos agudos pueden llegar a resultar muy molestos). Los reacciones corporales e involuntarios que provoca son el de cerrar los ojos, tapar los oídos, moverse, etc.

Algunas de las situaciones más comunes que nos provocan tiricia son:

el roce de la tiza con la pizarra (o incluso las propias uñas), chupar el palo de madera de un polo, limar las uñas, morder un hielo, chupar un limón, chupar un metal, roce de tenedor o cuchillo rayando la porcelana, ruido de roce entre dos telas, etc…

Aunque la deformación del cultismo ictericia como tiricia o tericia parece muy extendida en el castellano popular en referencia al color amarillento de la piel, no hemos encontrado el porqué del cambio de significado a ‘dar dentera’ o ‘grima’, que se le da en las zonas antes mencionadas, incluida nuestra habla tradicional.

Acerca del autor

Autores: Antonio Gisbert y María Dolores Marcos

Las casualidades existen, y así es como Antonio Gisbert Pérez y María Dolores Marcos Vila nos hemos conocido. El interés por Elda, sus gentes y costumbres es lo que ha propiciado que, por causalidad, ambos quisiéramos recuperar el habla popular de Elda, esas palabricas cagalderas que escuchábamos desde la cuna y que nos fueron transmitidas por generaciones anteriores de eldenses que amaban su pueblo.Esta huella dejada por nuestros antepasados, bien a través del lenguaje escrito y especialmente del lenguaje oral, transmitida de generación a generación, es una habla que sigue viva, que perdura a través del tiempo.

Sentimos que es nuestro deber y nuestra obligación dejar testimonio del habla de Elda a través de estas publicaciones y querer, sin pretensiones, que la forma de expresarnos en nuestro pueblo siga perdurando en el tiempo y conocida por las generaciones posteriores.Nuestro habla tradicional es una seña de identidad, nos caracteriza como miembros de un mismo colectivo y nos asegura su continuidad a lo largo de nuestra historia futura. Queda pues mucho trabajo, mucha tradición oral por estudiar y divulgar todavía y es nuestro deseo que os sintáis partícipes de este proyecto.

Estáis todos invitados. ¡HABLEMOS CAGALDERO!

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