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-EL DINOSAURIO TODAVÍA ESTABA ALLÍ- 

David Roas y un libro recopilatorio de textos sobre el microrrelato

Con los antecedentes que ya hemos visto en las entradas anteriores de este bloque, tanto en España como en Hispanoamérica, era previsible que el microrrelato se fuera afianzando como género con entidad propia hasta hacerlo inconfundible, que fuese ganando prestigio y lectores o que tuviese una repercusión mucho más amplia debido además a su adaptabilidad y su difusión en las redes sociales. Hablaremos en otra ocasión de los riesgos que también esto comporta para el género.

Ahora toca resaltar la excelente generación de jóvenes y menos jóvenes que actualmente escriben y publican sus microrrelatos en nuestro país; rastrear los nombres, los estilos y las tendencias que caracterizan esta edad de oro del microrrelato. Seguiré prácticamente en casi todo lo aquí expuesto el enfoque de Irene Andrés- Suárez (pags. 66-90) en su libro Antología del microrrelato español (1906- 2011) ya varias veces citado en este blog.

Los rasgos que caracterizan a esta hornada que empezó a publicar en este siglo, diferenciándolos claramente de la generación anterior, serían:

  1. El notable incremento de los microrrelatos de tema fantástico. Muchos de ellos cuestionando nuestro sistema unívoco de representación de la realidad, mostrándola cada vez más porosa, fluctuante y movediza.
  2. La gran influencia del legado de Borges y su concepción de la ficción. La hiperbrevedad, el valor de la elipsis, el carácter ilusorio e inasible de la realidad, la concepción del mundo como caos irreductible, la circularidad del tiempo, el mundo laberíntico e interminable, su afán por borrar fronteras entre géneros… encontrarán en los nuevos escritores a auténticos seguidores.
  3. La intensificación de la intertextualidad y del humor negro y grotesco con una clara intención de desenmascarar y desacralizar las visiones dogmáticas heredadas. “Claro predominio del humor negro o absurdo con diversas dosis de ironía y sarcasmo”, escribe la antóloga.
  4. El realismo metafórico, aunque también realismo sucio, expresionista, intimista…
  5. La presencia en sus textos de las nuevas tecnologías (ciberespacio, redes, blogs, etc.) temática y formalmente hablando.

Habría que añadir la presencia importante de la metaficción (microrrelatos que hablan de su propia estructura, temática, estilo, etc.); la presencia de temas metafísicos, religiosos o filosóficos para cuestionarlos y/ o parodiarlos; la desmitificación del concepto clásico de Historia, las relaciones de pareja o la situación de la mujer en el mundo actual.

¿Nombres? Entre los nacidos desde 1960, sobresalen: Ángel Olgoso, Andrés Neuman, Hipólito G. Navarro, Juan Gracia Armendáriz, David Roas, Miguel Ángel Zapata, Manuel Moyano, Rubén Abella, Federico Fuertes Guzmán, Ginés S. Cutillas, Raúl Sánchez Quiles, Antonio Serrano Cueto, Carlos Almira, Carmen Camacho, Pilar Galán, Cristina Grande, Lara Moreno, Antonio Reyes Ruiz, Carmela Greciet, Miguel Ángel Hernández Navarro… y muchísimos más

Pilar Galán y algunos de sus libros

Como muestra de la vitalidad referida, he aquí cinco de los cientos de microrrelatos representativos:


Otelo

No podía tolerar que mi esposa acudiera todos los domingos a verle y que le susurrara cosas al oído, cuando a mí ya ni siquiera me dirigía la palabra. Admito que él era más joven y más delgado que yo: cómo iba a ignorarlo, si tenía la desfachatez de pasarse todo el día semidesnudo, exhibiendo su magro torso. Una mañana no pude resistir más tanta provocación y me acerqué al templo. A ella le descerrajé un tiro en el entrecejo. A él lo descolgué del crucifijo y lo hice astillas contra el suelo.

Manuel Moyano

 


Tq 1webo

Había asumido más mal que bien que su chico (como se decía ahora, por muy ridículo que a ella le resultara) no iba a sorprenderla nunca con unos Louboutin, o unos Manolo Blahnik, recién salidos de Sexo en Nueva York o de Cosmopolitan, y había acabado por reconocer ante los gestos adustos de sus amigas, que su chico no iba a pagar jamás la cena, ni las copas, y que por muy bien que guisara, y por muy a gusto que se estuviera una en casa cenando de tupper, los placeres gastronómicos de comer fuera de casa estaban cada vez más lejos a no ser que ella asumiera todos los gastos. Y una noche de confesiones con sus compañeros de trabajo, hombres estables, casados hace mucho, con hijos, que le habían ido tirando los tejos año tras año con la costumbre sin esperanza de las cenas de empresa, terminó por aceptar que todos los viajes tendría que organizarlos ella, e incluso conducir, y hasta hacer las maletas si no quería encontrarse en Groenlandia con dos pareos y un bikini. Pero lo que terminó con su relación no fue nada de lo anterior, ni siquiera las miradas ni los gestos ni los comentarios despectivos de todo su círculo. Bien es cierto que ella no había esperado nunca de ninguno de los hombres que había conocido una declaración de amor en toda regla, y que dejaba para sus lecturas íntimas a Garcilaso y Quevedo, pero lo que no pudo soportar de ninguna manera fue ser despertada en mitad de la noche por un verso que parpadeaba en la pantalla del móvil, y que hubiera tenido su aquel, si ella lo hubiera entendido, o no hubiera tenido que ponerse las gafas de cerca para leer esa canción de amor desesperada que su chico le enviaba vete tú a saber desde qué garitos nemorosos, colinas plateadas, grises alcores o cárdenas roquedas, el silbo de los botellones sonorosos que centelleaba en el verso heptasílabo tq 1webo, tía, vocativo incluido.

Pilar Galán

 

Un hombre de principios

Naturista, vegetariano, fanático del reciclaje, abstemio y activista anti-tabaco, Abulio Soteles no tardó demasiado en renunciar también al sexo para evitar todo contacto contaminante con otros humanos (sólo en momentos de máxima desesperación se entregaba a ejercicios onanistas, siempre rápidos y raramente placenteros).

Nunca contento con esa vida de renuncias, Abulio acabó por regalar sus escasas pertenencias y se refugió en una pequeña cueva, donde se entregó a la meditación.

Murió devorado por sus axiomas.

David Roas


Amor y basura

Correr una vez más en medio de la noche al vertedero. Sumergirme hasta el cuello en la montaña hedionda que emana gas y moscas. Buscarte y rebuscarte frenético y a tientas entre el caldo de grasas y vísceras podridas, de vinagre y de bilis, de orines y cebolla, de entrañas maceradas, de amoniaco, de sangre. Encontrarte indefensa y fetal y rescatarte. Cargarte a mis espaldas como un fardo humeante y, ya en casa, amor mío, limpiarte la carita y desamordazarte y regresarte y besarte y peinarte y amarte, amarte, amarte hasta que ya de hastío pueda odiarte.

Hacer entonces, contigo, un fardo, vida mía, y arrojarte después a la basura, para de nuevo correr al vertedero, y una vez más, mi amor, poder salvarte, amarte, odiarte y arrojarte.

Carmela Greciet

Des-cuentos y otros cuentos, de Carmela Greciet


Meditación del vampiro

En el campo amanece siempre mucho más temprano.

Eso lo saben bien los mirlos.

Pero tiene que pasar un buen rato desde que surge la primera luz hasta que aparece definitivamente el sol. Manda siempre el astro en avanzadilla una difusa claridad para que vaya explorando el terreno palmo a palmo, para que le informe antes de posibles sobresaltos o altercados. Luego, cuando ya tiene constancia de que todo está en orden, tal como quedó en la tarde previa, se atreve por fin a salir. Su buen trabajo le cuesta después recoger toda la claridad que derramó primero. Por eso se ve obligado a subir tan alto antes de caer, para que le dé tiempo a absorber toda esa luz y no dejar ninguna descarriada cuando se vuelva a hundir por el oeste.

Luego en el campo, paradójicamente, se hace de noche también muy pronto.

Los mirlos apagan sus picos naranjas y se confunden con el paisaje.

Y agradecido yo, me descuelgo y salgo.

Hipólito G. Navarro

Hipólito G. Navarro.

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Acerca del autor

Autor: Rafael Carcelén

Además de disfrutar como maestro de escuela, me encanta escribir. Y leer. Y subir los montes alicantinos. Y jugar al ajedrez. Y… siempre me sigue apeteciendo aprender. Y segregar lo que aprendo -lo que vivo, lo que siento- en artículos, poemas y aforismos como éste: “¿Es imaginable la felicidad en un grano de pimienta?”

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