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Grandes banderas nacionales de los años 60.

Recuerdo que siendo  niños, cuando el mes de agosto tocaba a su fin, nos sorprendía la presencia en las torres de Santa Ana de unos obreros, electricistas para más señas, que comenzaban a instalar las bombillas de colores o blancas que iluminaban en las noches septembrinas los dos campanarios en sus cuatro lados. Y así, en las fiestas de septiembre, lucía esa magnífica iluminación no solo la iglesia sino también la fachada de nuestro Ayuntamiento y los idílicos jardines de la Plaza de Castelar o del Casino con la magia multicolor de las luces reflejadas en sus árboles y plantas. Era una constante escuchar esos días previos a la fiesta con la ilusión prendida en nuestra alma infantil: ¡Ya están puestas las perillicas!

Sin embargo en las fiestas de Moros y Cristianos no recuerdo en mis primeros años infantiles que hubiera iluminación alguna, como ahora,  en el recorrido de los desfiles ni siquiera en edificios y jardines públicos. A la vista de lo que implica una buena iluminación en nuestras fiestas actuales, nos sorprende que las calles por donde discurrían, ya no los desfiles que disfrutaban de la luz de la soleada mañana sino  la procesión que lógicamente debía hacerse en las horas cercanas a la noche, se iluminaran solamente con las débiles bombillas del alumbrado público. La primera vez que hay un elemento ornamental cubriendo el itinerario de los desfiles es en 1960, ya que ese año se instalaron grandes banderas nacionales en las principales calles del  recorrido que duraron seguramente hasta el año 1965. Precisamente este último año fue el primero en que se instalaron unas guirnaldas de luces en las calles Maura, Nueva y Gral. Mola (hoy Ortega y Gasset) que nos sorprendieron por la novedad y, como es natural, porque enriquecían nuestra Fiesta y le daban un mayor colorido al escenario de los desfiles y Procesión.

A partir de esa fecha ya no faltaron estas guirnaldas multicolores en nuestras fiestas de junio y, es más, en 1969, que se celebraba de manera brillante el 25 aniversario de la restauración de nuestros Moros y Cristianos, las calles por donde discurre la Fiesta lucieron una iluminación espectacular, especialmente la calle Dahelllos, que aportó un mayor esplendor a la celebración de las Bodas de Plata festeras.

Sin embargo un aspecto ornamental de banderas o pendones que completara esta iluminación se hacía de notar por su ausencia en las calles de nuestra ciudad en los días grandes de fiestas. Fue precisamente en la celebración de las Bodas de Oro -25 años después- cuando tímidamente apareció una ornamentación de este tipo: el Ayuntamiento colocó esos días de fiesta y los previos a ella unos enormes pendones en azul y amarillo en lo que queda de nuestro castillo colgados desde lo más alto del torreón que todavía se conserva. Al año siguiente,  se decidió reforzar la iluminación de las calles con grandes pórticos, a la manera de las ferias andaluzas, en cuatro lugares emblemáticos del recorrido de los desfiles: puerta del Mercado Central, delante de la Plaza Mayor, en la encrucijada de Antonino Vera con Gran Avenida y al final de Padre Manjón.

Luces del 25 aniversario de la Fiesta

En 1997 la Junta Central confeccionó unos grandes pendones con temática mora y cristiana, diseñados por Joaquín Laguna, que se instalaron a lo largo de todo el recorrido por donde discurren cada año las Entradas festeras. A partir de2004 o 2005 se sustituyeron por otros pendones o banderas que sirvieron de bello ornamento de todo el escenario de la Fiesta, incluida la calle Colón y la Plaza de la Constitución como centro neurálgico de los actos de alardo y embajadas, y como complemento del nuevo castillo de embajadas que es el principal elemento ornamental de nuestro escenario festero. Desde entonces todo el centro de la ciudad es un extenso decorado donde se representa la Fiesta en cada uno de sus actos: además de las tradicionales guirnaldas de luces que presentan elementos decorativos alusivos al tema festero, cuelgan como complemento decorativo banderolas y pendones y todo el recorrido de los desfilesse halla circundado por un cubrimiento de telas que delimita el lugar de paso de las comparsas y sirve también de adorno al conjunto ornamental.

Pero no solo las calles y plazas se adornan  también algunos edificios emblemáticos  de la ciudad se ponen guapos, por así decirlo, durante las fiestas  como la Casa de Rosas, sede de la Junta Central, que desde su inauguración en 2003 luce unos hermosos pendones que ennoblecen su fachada, los balcones del Ayuntamiento, la fachada de la iglesia de Santa Ana, las banderas sobre la ermita del Santo o las columnas que rodean el presbiterio de la arciprestal iglesia con unos alusivos pendones en rojo y verde que le dan al recinto sagrado un mayor aire de solemnidad en los distintos actos religiosos que allí se celebran.

Banderas en la calle Colón. Año 2000.

No ha ocurrido, sin embargo, lo mismo con los pendones que la Junta en determinadas ocasiones ha confeccionado para ornamento de los balcones. Lo que en otras poblaciones festeras es un verdadero tapiz ornamental que cubre los balcones y fachadas con banderas alusivas al patrón de los festejos o a las propias comparsas, aquí solamente de manera tímida aparece en nuestros edificios particulares. Esa es quizás una de las carencias que tenemos en Elda con respecto a la ornamentación callejera en nuestras fiestas de Moros y Cristianos: no hemos acertado, quizás, en confeccionar una bandera o un pendón que refleje la idiosincrasia de nuestra temática festera y que pueda ser exhibido por nuestros vecinos para mayor esplendor de nuestra Fiesta.

Por eso, cuando llegan los días grandes de junio en que nuestra ciudad se apresta a celebrar la gran Fiesta de Moros y Cristianos en honor a San Antón, todo el centro de la población que es el verdadero escenario por donde discurre y se representa la Fiesta se engalana  y podemos decir que Elda se pone guapapara llevar a cabo tan gran acontecimiento que todo el pueblo celebra con alegría y un entusiasmo que no tiene parangón con ninguna otra fecha del calendario eldense.  Así pues, a la vista de las fechas en que nos hallamos y dando una vuelta por la ciudad ya podemos decir gozosos ¡Ya están puestas las perillicas!

Acerca del autor

Autor: José Blanes Peinado

Festero de la comparsa de Moros Musulmanes desde hace 50 años. He sido secretario, cronista y presidente de esta comparsa, presidente de la Comisión de Embajadas y Alardo y, finalmente, presidente de Junta Central desde 1995 a 2006. Actualmente ejerzo el cargo de cronista oficial de la Fiesta de Moros y Cristiano de Elda. Mi trayectoria, como puede verse, ha sido larga y yo diría que fructífera en los entresijos de la Fiesta y, además de trabajar por ella, he dedicado gran parte de mi vida a estudiar, investigar y opinar sobre los diversos aspectos de los Moros y Cristianos en infinidad de publicaciones especializadas, en diversos congresos sobre temas festeros y a participar en charlas, mesas redondas e incluso pregones en algunas poblaciones festeras de nuestro entorno. Por todo ello, pretendo compartir en este blog todas mis experiencias y estudios en este campo tan atractivo de la Fiesta con las personas que tengan alguna inquietud en este sentido y con los festeros en general, intentando inculcarles ese virus tan intenso que nos hace sentir y disfrutar esa gran representación festiva que es la Fiesta de Moros y Cristianos.

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