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29 SEP 2020 Fundado en 1956
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Todo comenzó en abril de 1986. El Teatro Castelar de Elda acogió una gala en la que intervinieron todas las formaciones músico vocales existentes en la ciudad. El objetivo, destinar la recaudación para becar a Ana María Sánchez Navarro, y que al menos pudiese continuar sus estudios, iniciados en el Conservatorio Oscar Esplá de Alicante,  en la Escuela Superior de Madrid.

La iniciativa partió del entonces presidente del Centro Excursionista Eldense, Rafael Tapia Valdés, durante un viaje realizado por el orfeón del propio centro a Alemania, donde ofreció dos conciertos. Una vez allí, su director, Antonio J. Ballester Bonilla, instó a Ana María para que cantase en solitario una de las dos partes. Tapia que había viajado con el conjunto quedó impresionado. Fue él quien movió los hilos y llamó a todas las puertas necesarias, para que la gala obtuviese el éxito artístico y de público esperado. Como así fue.

Ocho años después, tras muchos sacrificios y privaciones de su marido y familia, y habiendo obtenido una sólida preparación técnica y artística, debutaba con la ópera Nabucco, de Verdi, en Palma de Mallorca, alcanzando un éxito resonante.

Pero su primera apoteosis estaba por llegar. Y no tardó mucho. Apenas medio año. De tal forma el 13 de enero de 1995 fue una de las fechas más importantes, por no decir la más significativa, en la carrera artística de la soprano eldense.  Hacía algunos años que había decidido abandonar sus tareas de profesora de bachillerato en el Liceo Francés de Alicante

Los consejos de Dolores Pérez, su profesora de canto en el conservatorio alicantino, donde se había matriculado por simple afición, y el empujón que recibió desde todos los estamentos musicales de su Elda natal, fueron determinantes para abandonar su trabajo de docente en el Liceo Francés de Alicante.

Dolores Pérez no lo pudo ver, pues falleció de forma inesperada, víctima de una enfermedad cruel que segó su viga en pocos días.

Aquella tarde-noche, de hace justo 25 años, la Orquesta Sinfónica y Coro de Radiotelevisión Española, dirigidos por Odón Alonso, ofrecieron su segunda gala lírica, con participación de diez cantantes (1) de nacionalidades diversas, todos ellos premiados en los concursos de canto más importantes que, por aquellas fechas, se celebraban en España. La primera de las galas se ofreció en 1994, y han seguido celebrándose cada año.

Y aquel 13 de enero se produjo la apoteosis de la Sánchez, recibiendo sendas ovaciones ensordecedoras, que para poderlas recordar había que haber estado allí, en vivo y en directo, pues escuchándolo por radio, televisión o disco, no se aprecia en toda su amplitud el clamor que se produjo al acabar su aria Vissi d´arte, de la ópera Tosca de Puccini. Como después en Pace, pace mío Dío, de La forza del destino, de Verdi. El concierto se emitió en directo por Radio Clásica de Radio Nacional de España, en diferido por la 2 de TVE y se editó un disco compacto con una interpretación por cada cantante de las dos que ofrecieron. (2)

Yo tuve la suerte de estar allí. Y esos momentos en que actuó Ana María y, sobre todo, las ovaciones que el público le tributó -mejor dicho, le tributamos- son algo que se me quedó grabado de por vida, como uno de mis tres mejores recuerdos como aficionado a la lírica. Los otros fueron cuando tuve la oportunidad de ver actuar por vez primera a Alfredo Kraus, y por primera y única a la soprano australiana Joan Sutherland.

Al término de la primera parte, en el vestíbulo del Monumental, solo se hablaba, con apasionamiento desbordado, del impacto causado por la actuación de la eldense. No en balde se trataba de una cantante española.  Recuerdo el entusiasmo del tenor Pedro Lavirgen. Un amigo suyo, crítico de un país hispanoamericano, me dijo que desde Rosa Ponselle -cuya referencia suya sería discográfica- no había escuchado un Vissi d´arte tan perfecto. Lo que son las cosas , la Ponselle (3) labró una carrera lírica magnífica, fue lo que podría considerarse la primera reina del Metropolitan de Nueva York, retirándose de la escena cuando se encontraba en la cúspide de su arte y contaba solamente 37 años.

El hijo del compositor Francisco Alonso, presidente entonces de la Asociación Pro Género Lírico Español, cuyo concurso de canto llevaba el nombre de su padre, me dijo así de plano "Habeis arrasado"...

Esta gala anual, organizada por la ORTVE, no suele contar con mucha atención en la prensa especializada.

Sí se la prestó el Diario ABC, en 1995 y 1996, y muy elogiosas para la soprano de Elda. Y cito ambas aunque Ana María no participó en la de 1996. Pero su triunfo del año anterior fue tan rotundo, que lo recordó Gonzalo Alonso al año siguiente. Algo que no suele ser normal en este tipo de críticas o crónicas.

Sí que es normal -y además muchas veces se hace hasta con exceso- cuando se desarrolla la crítica de una representación de ópera, recordar a título comparativo los nombres de cantantes que hicieron historia en el o los papeles de las obras que se comentan. Pero que se cite con honores un año después a alguien que acaba de llegar, es la primera y única vez que lo he leído.

Y es que en la crítica-crónica de la gala de 1995, Antonio Fernández-Cid,  otorgaba su simbólico Premio del crítico a Ana María Sánchez.

 

El "Vissi d´Arte", de Ana María Sánchez, gran premio del crítico

La crónica de Fernández-Cid, respecto de la Sánchez decía así:

"Entre las voces que escuchamos, una, importantísima, encendió los mayores entusiasmos. La soprano de Elda Ana María Sánchez, primer premio de Bilbao en 1992, cantó un "Vissi d´arte" admirable y un "Pace,pace mio Dio" verdiano también de clase (...) (...) La voz de lírico "spinto" es grande, caliente, igual y segura, capaz de filados y matices como los que coronaron su Puccini. Es toda una cantante."

Y la de Gonzalo Alonso de 1996:

"Fuera de serie

   Así lo pudimos comprobar en esta edición de la Gala Lírica de la Orquesta y Coro de RTVE. Si el año pasado escuchábamos una voz, la de Ana María Sánchez, con gran disposición para empeños relevantes, en este no podemos hablar de una voz o una personalidad fuera de serie."

 

Elektra, en Valencia, su lanzamiento

Si fue a principios de 1995 cuando soprendió a propios y extraños en la gala del Monumental, su consagración definitiva llegó once meses después. Justo el 16 de diciembre en el Palau de la Música de Valencia.

Para entonces ya había debutado en el Festival de Ópera de Palma de Mallorca y en el Grec de Barcelona, con Nabucco, en el Principal de la capital valenciana, con Don Giovanni, y en el San Carlos de Lisboa, cantando Guillermo Tell, que le supuso el primero de sus grandes triunfos en la escena a nivel internacional. Esta obra, al igual que Nabucco, no las volvió a representar, por no ajustarse a sus condiciones vocales. No obstante, aceptó debutarlas si quería abrirse camino, como han hecho a lo largo de la historia otros muchos cantantes. En el caso de Guillermo Tell acudió a Lisboa como cover (reserva), participando en todos los ensayos por "si acaso". Y ese "si acaso" se produjo, ante la indisposición de última hora de la soprano titular. La italiana Lucía Aliberti. Las cuatro funciones programadas las protagonizó Ana María.

Como ejemplo significativo de cuanto decimos, el mismísimo Alfredo Kraus cuando debutó en El Cairo, en enero de 1956, siendo totalmente desconocido, tuvo que protagonizar Tosca. De no haberlo aceptado tampoco le hubiesen contratado para cantar Rigoletto, una de sus obras fetiche. Gracias a ello sentó las bases de su carrera insuperable. La obra de Puccini la interpretó escasas semanas después en Cannes, por segunda y última vez en su carrera.

Pero volviendo a la Sánchez, su presencia en aquella Elektra, de Richard Strauss, la equiparó a las grandes intérpretes de la escena mundial, que ya estaban de vuelta en sus carreras brillantísimas. La húngara Eva Marton y la austriaca Leonie Rysanek.

Alfredo Brotóns Muñoz, en el Diario Levante, dejó escrito: "En absoluto desentonó junto a las dos divas la fresca y brillante voz de la valenciana Ana María Sánchez (Crisótemis), soprano lírico-dramática que apunta un muy prometedor futuro en el repertorio alemán de gran calibre."

Para Justo Romero, en Diario 16 "La deslumbrante soprano valenciana Ana María Sánchez construyó una sobrsaliente y dubitativa Crisótemos que pudo y, además, supo hablar de tú a tú con sus dos inmensas compañeras de reparto."

Roger Alier, en La Vanguardia coincidió con sus colegas "Señalemos la extraordinaria prestación de la joven soprano Ana María Sánchez, quien se afirmó con una de las voces más importantes del actual panorama español (...) (...) alcanzando un éxito inmenso del que sin duda saldrá reforzada su fulgurante carrera."

Ese mismo título fue el elegido por la cantante de Elda para su presentación en el Teatro Real de Madrid, tres años después, de nuevo junto a Eva Marton.

 

Inexplicable

Respetando lo escrito en la crónica de Antonio Fernández Cid, el crítico aparte de concederle su "gran premio" también le otorgó el primero del concurso de Bilbao de 1992. Quizá porque así se hizo constar en el programa de mano del concierto, y así se dice también, erróneamente, en el cuadernillo que se inserta en la grabación discográfica "Gala Lírica II", del sello RTVE Música.

Y es que, para cualquiera que estuviese presente en aquella gala y que haya seguido la trayectoria artística de la eldense, resulta difícil de entender como Ana María Sánchez solo recibió el premio a la mejor intérprete en lengua euskera, y no accediese ni a la final del concurso bilbaino. Todavía se entiende menos, al escuchar en la misma gala de la ORTVE al otro representante del mismo concurso y edición, el tenor coreano Sang-Gon Kim, que sí obtuvo uno de los premios de honor.

La obtención de un premio menor, no daba opción a la eldense para participar en esta gala. Si estuvo allí fue por empeño personal de uno de los directivos de la ABAO (Asociación Bilbaina de Amigos de la Ópera) entidad organizadora del certamen vizcaino, y en cuyas temporadas actuó con frecuencia.

Su gran actuación aquella noche no pasó inadvertida para programadores de teatros importantes. "Fichada" por la agencia artística de mayor prestigio que existía en España, pronto le llegaron contratos para actuar en escenarios de primera fila: Berlín, Hamburgo, Munich, Salzburgo, Zurich, Estrasburgo, Marsella, Lisboa, Venecia, Florencia, Buenos Aires, Ciudad de México, Metropolitan de Nueva York y por descontado el Liceo de Barcelona, el Real de Madrid, la propia ABAO bilbaina, la temporada de Oviedo, Palau de la Música de Valencia, Quincena Musical Donostiarra, y un larguísimo etcétera.

Se le resistieron algunas plazas muy importantes, como,por ejemplo, Milán, Viena, París y Londres. Pero sin lugar a dudas hubiera llegado a ellas, de no haber sido por su decisión de abandonar la escena cuando acababa de cosechar éxitos notables, como la Norma del Liceo y Dresde, Tosca en el Real y Un ballo in maschera en Nueva York.

Para entonces podía haber debutado en la Scala milanesa, al ser requerida con premura para interpretar La forza del destino, de Verdi, obra que ella ya había interpretado. No aceptó pues estaba preparando las óperas que iba a cantar en otros teatros. Fiel a sus principios artísticos y morales la Sánchez no quería fallar en aquellos lugares que habían confiado en ella, dándole la oportunidad de iniciar su carrera.

Su negativa a debutar en la Scala de Milán hubiera ocupado grandes titulares en la prensa especializada, de haberla protagonizado cualquier otro cantante. No fue este al caso, dada la discreción que Ana María mantuvo durante el tiempo que estuvo en primera línea. El hecho en sí solo se difundió en la televisión local de Petrer, ya desaparecida.

Gracias a su bien planteada preparación técnica en la Escuela Superior de Canto de Madrid, y sus sesiones con Isabel Penagos, se convirtió en la primera cantante española de su generación en abordar personajes con los que desde los tiempos gloriosos de Montserrat Caballé nadie de aquí se había atrevido: Crisótemis en Elektra, Anna Bolena, Lucrecia Borgia, Aída, Don Carlo, Otello de Verdi, Tannhauser, Los hugonotes, Zigor y Guernika -ambas en euskera- El rey de Lahore, María del Carmen, Maror, Roger de Flor, La bruja o el Requiem de Verdi

Asimismo, protagonizó un buen número de actuaciones y grabaciones discográficas con la ORTVE.

Sus colaboraciones con la Orquesta de la Región de Murcia siempre bajo la dirección de José Miguel Rodilla, fueron frecuentes. Recuerdo la primera de ellas, en el Auditorio de Murcia. Cuando acabó su primera interpretación, un espectador se levantó de su butaca y voz en alto dijo "Señora, canta usted como los mismos ángeles". Ni que decir tiene que a ello siguió un aplauso general unánime y caluroso.

Esta misma persona, médico pediatra, algunos meses después solicitó su presencia de nuevo en Murcia, en ocasión de un congreso internacional de pediatría, y le pidió que interpretase el mismo programa de la ocasión anterior.

 

Presencia indispensable en grandes acontecimientos

La presencia de Ana María Sánchez en los grandes acontecimientos líricos españoles fue una constante, durante los años centrales de su actividad artística. Fue protagonista única, junto a la Orquesta de Murcia, del concierto conmemorativo del centenario del Diario ABC, en Madrid. Participó en los del centenario de la SGAE y el 150 aniversario de la inauguración del Teatro Real.

Formó parte del elenco de Turandot en la reinauguración del Liceo de Barcelona, una vez reconstruido tras el incendio que lo asoló en 1996.

En plena efervescencia de su éxito artístico, no tuvo reparos en descender algunos peldaños en la categoría de los escenarios donde su presencia era requerida, siendo en el Teatro Romea de Murcia donde debutó, con una actuación impecable, el terrible rol de Norma, a principios de 2002. Semanas después lo repitió en el Principal de Alicante.

Ello obedeció a dos causas principales. La primera, que la Sánchez siempre ha querido estar con los suyos. No ha rehuido en momento alguno actuar en ambas ciudades, y otras de menor importancia, donde ha sido requerida. Y la segunda razón, que ambas actuaciones le sirvieron para preparar su debut de la ópera de Bellini en el Liceo barcelonés, donde cosechó otro de sus grandes triunfos de crítica y público.

Si no estoy equivocado sus últimas actuaciones escénicas las vivió en el Palau de les Arts Reina Sofía de Valencia, en febrero de 2007, protagonizando su primera y última zarzuela. La bruja, del villenero Ruperto Chapí. Una gran creación la suya, de un personaje nada sencillo, del que quedó documento videográfico, gracias a la emisión en directo que ofreció Canal 9 de televisión.

A partir de entonces se centró mayormente en recuperaciones de óperas y zarzuelas españolas, en concierto, y en recitales, inclinando su carrera hacia la docencia.

Sus 25 años de carrera artística los cumple con la satisfacción del trabajo bien hecho sobre los escenarios y la gestación de gran número de excelentes amigos -como quedó bien patente en marzo del año pasado, en aquella cena sorpresa que le prepararon su esposo y su hijo por su 60 aniversario- y dedicándose a su otra vocación: la enseñanza.

Si antes de ser cantante ya ejerció su magisterio en el Liceo Francés de Alicante, como profesora de filosofía y literatura, en la actualidad es en el Musikene -Conservatorio Superior de Música del País Vasco- y en los cursos y clases magistrales, que imparte en diversos lugares de España, donde comparte con los demás todo cuanto aprendió de sus maestras del canto más recordadas por ella: Dolores Pérez e Isabel Penagos. (4)

En síntesis ha vuelto a sus orígenes, atendiendo el sabio consejo que en su día recibió de Dolores: "o maestra de bachillerato o cantante. Las dos cosas a la vez son muy perjudiciales para la voz."

Fundamental para inclinar la balanza del lado artístico, fue su actuación como solista en uno de los dos conciertos que el Ofeón del Centro Excursionista Eldense ofreció en Alemania en 1986.

Y desde hace algunos años, dejándonos un legado artístico impresionante, con su regreso a las aulas ha convertido sus dos pasiones en una: la enseñanza y el canto.

 

1*

Cantantes que actuaron en la gala de 1995.

Maria Claudia Codreanu. Mezzosoprano. Rumanía. Segundo premio concurso Julián Gayarre 1994.

Yasuo Horiuchi. Barítono. Japón. Primer premio concurso Julián Gayarre 1994.

Sang-Gon Kim. Tenor. Corea del Sur. Tercer premio IV Concurso de Bilbao 1992.

Ana María Sánchez. Soprano. Elda. España. Premio a la mejor intérprete en euskera IV Concurso de Bilbao.

Carlos Bergasa. Barítono. Madrid. España. Segundo premio concurso Fundación Guerrero 1994.

Soraya Chaves. Mezzosoprano. Argentina. Primer premio Concurso Fundación Guerrero 1994.

Rosita Frisani. Italia. Segundo premio Concurso Francisco Viñas 1994 y Primer premio concurso Montserrat Caballé 1994.

Montserrat Obeso. Llanes. España. Primer premio concurso Alfredo Kraus 1994.

Gonzalo Tomckowiack. Chile. Segundo premio concurso Alfredo Kraus 1994.

Milagros Poblador. Madrid.España. Primer premio concurso Francisco Alonso 1994.

 

2*

Grabación discográfica

El disco compacto editado por el sello RTVE Música Gala Lírica Vol.II recoge un total de 14 números. Uno por cada cantante, más otros tres de la orquesta y uno con el coro.

En él, de Ana María Sánchez se incluyó el aria Pace,pace, mío Dio, la de ópera La forza del destino, interpretado en la segunda parte. No se pudo incluir el Vissi d´arte, que es cuando realmente impactó al público, dada la saturación sufrida por el equipo de grabación en el agudo final del aria.

Sin duda los técnicos se vieron tan sorprendidos por la calidad y potencia vocal de la cantante, como quienes llenábamos a rebosar el Monumental, y que la premiamos con una de las ovaciones más sonoras -y sonadas- que allí se hayan escuchado jamás.

 

3*

De padres napolitanos Rosa Ponselle nació en Estados Unidos en 1897. Con solo 21 años de edad debutó en el Metropolitan de Nueva York, junto a otro napolitano "patrimonio de la humanidad", añado yo. El legendario Enrico Caruso, con la ópera de Verdi La forza del destino.

Su exitosa carrera la truncó ella misma con su inesperada retirada en 1937. No se desligó en momento alguno del mundo del canto. Primero como profesora, y desde 1954 como directora de la Civic Ópera de Baltimore.

Alain Pâris en su Diccionario de Intérpretes y de la interpretación musical en el siglo XX dice sobre la Ponselle "Su voz de una excepcional riqueza y de un absoluto equilibrio en todos los registros, la convirtió en una de las más grandes cantantes de la historia del canto".

Por su parte el tenor italiano Giacomo Lauri-Volpi, en su libro Voces Paralelas, resalta grandes virtudes de esta cantante "Las notas graves y agudas alineadas bajo la guía del aliento, constituian una "estela vocal" granítica por armónicos, sustanciosa por vibración; era un violonchello que ella sabía ejecutar con habilidad para revelar una suprema perfección".

Otros críticos de la época calificaron su voc como "oro líquido".

 

4*

Dolores Pérez Cayuela nació en Madrid el 27 de mayo de 1928 donde murió el 27 de agosto de 1982.

Sus primeras clases de música y canto las recibió de sus propios padres, siguiendo su formación en Italia, donde obtuvo varios premios en concursos internacionales.

Su trayectoria artística fue muy importante, pero a principios de los años setenta decidió abandonar los escenarios y dedicarse a la enseñanza. Por oposición obtuvo la cátedra de canto del Conservatorio Superior Oscar Esplá de Alicante, donde ejerció hasta su muerte prematura.

Durante los primeros años  de su carrera, aconsejada por su agente, tomó el nombre artístico de Lily Berchman, -se puede leer así en varios de sus discos- segundo apellido de su padre, porque se pensó que tendría mayor impacto internacional.

Es la cantante lírica española que mayor número de grabaciones de zarzuela registró, primero como soprano y después como mezzosoprano.

Isabel Penagos Valero. Santander 1931

Al igual que Dolores Pérez, tras una trayectoria artística muy exitosa, en 1970 se dedicó principalmente a la enseñanza, como catedrática en al Escuela Superior de Canto de Madrid. Todavía intervino en algunas actuaciones, las cuales fue espaciando hasta su retirada definitiva de los escenarios en 1979.

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Acerca del autor

Autor: Elías Bernabé Pérez

Mis recuerdos más remotos que me atrajeron a la zarzuela me trasladan a sesenta años atrás. Primero escuchando los fragmentos que sonaban con frecuencia en la radio. También gracias a las fantasías, preludios e intermedios que interpretaban las bandas de música en los conciertos de las fiestas de octubre de Petrer. El templete donde actuaban estaba justo ante la fachada de mi casa.

Lo que más me gustaba de la Semana Santa es que en la radio solo se emitía música clásica. El viernes y sábado santo las emisoras enmudecían.

Lo más intenso vino en la época dorada del tocadiscos. Lo compró mi abuelo materno en 1963. La primera zarzuela que entró en casa fue Doña Francisquita con Kraus y Olaria. Es una grabación incompleta, pero suficiente para que me la aprendiese de memoria. Mi abuelo estaba impedido y era yo quien la ponía todos los mediodías y noches durante dos semanas consecutivas. A los quince días compramos un segundo disco: La generala, de nuevo con Kraus y Olaria. Y ya fuimos alternando. Después vino Maruxa. Y yo con solo 13 años me entusiasmé con ella y también la aprendí. Sí, digo bien. ¡A mis 13 años ya me encantaba Maruxa!

Ahí comenzó todo y ya no he parado. Siempre como aficionado.

Como le dice un padre a su hijo al final del documental de TVE sobre zarzuela La romanza de Madrid, de 1988, “Te acompañarán toda tu vida, porque son inmortales”.

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