SEMANARIO DE INFORMACIÓN LOCAL, DEPORTES Y ESPECTÁCULOS

26 SEP 2020 Fundado en 1956
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Gran Teatre del Liceu.

Debería ser motivo de satisfacción y, sin embargo, creo que da más pie a la tristeza, sobre todo a gran parte de quienes todavía creemos que la zarzuela puede mantenerse viva, sin necesidad de experimentos y componendas destructivas. Con presentarla con la misma dignidad que merece cualquier otro espectáculo músico teatral sería suficiente. Aquello tan manido últimamente de que hay que limpiarle la caspa y modernizarla, me parece que está resultando ya demasiado “casposo”.

A estas alturas del siglo XXI está más que superada la capacidad de asombro, relacionada con las barbaridades que se vienen cometiendo en el mundo de la ópera, y por aproximación en el de la zarzuela. Y por eso hay que convivir con ello.

Sobre los escenarios por un lado hay quien pretende hacernos ver que lo negro es blanco, o lo blanco negro. No falta  quien quiere inculcarnos que los ríos destilan vino, aunque los más sensatos no lo crean y son conscientes de que en sus cauces solo discurre agua. Y para que veamos lo que no se ve, y nuestra mente lo imagine, de vez en cuando, sobre un escenario, aparece alguien que apunta al rival con el dedo índice, el timbal hace pam o el tambor pum, y la víctima se desploma. Los espectadores hemos de adivinar que la mano del ejecutor ejerció de pistola. Otras veces el cantante o actor elogia el precioso fresco que adorna el salón, y la escena está desnuda totalmente. Esto en las películas de los Hermanos Marx resultaba jocoso y propicio para la carcajada. En la actualidad los regidores se lo toman muy en serio. Nada de chistes. ¡Gracias, gracias a ellos, por considerarnos personas inteligentes, que no necesitamos el atrezzo para entender lo que se nos quiere mostrar!

Es menos frecuente, al tratarse de una obra concreta,  en este caso Doña Francisquita -obra cumbre de la zarzuela- escuchar aquello de “Una calesa” y que el coche no aparezca por lado alguno, o lo que canta Fernando a sus amigos durante la boda “Gozad la primavera de vuestra vida, muy juntos gozad”, y que la pareja de contrayentes brille por su ausencia, aun cuando La Beltrana vitoree “¡Vivan los novios! ¡Vivan mil años! ¡El cielo les dé felicidad! ...”.

Y estas últimas alusiones, junto a otras muchas más, a algo ausente, se producen en la adaptación -dejémoslo así- que el regista Lluis Pascual realizó de Doña Francisquita, estrenada en el Teatro de la Zarzuela de Madrid hace dos temporadas -con bastantes protestas  del público- y que tras visitar el Liceo de Barcelona y la Ópera de Lausanne -en ambos lugares con resultados exitosos- acaba de obtener uno de los Premios Max de las artes escénicas, correspondientes al año 2019, cuya gala se celebró el lunes pasado en Málaga.

Como ya he dicho, superada desde hace tiempo la capacidad de asombro, no me puede sorprender esta distinción. Es más, casi la esperaba.

 

Las películas de 1934 y 1953

Leyendo las memorias de Guillermo Fernández-Shaw Iturralde, coautor del libreto de Francisquita, el escritor deja bien clara su disconformidad con las dos versiones llevadas al cine:

La primera de ellas (1) estrenada en 1934, fue una adaptación a la que Pepe, el hijo de Amadeo Vives, dio su conformidad, otorgándole carta blanca los autores del libreto a sus ruegos, al asegurarles que apenas habría modificaciones. Sin embargo, cuando conocieron los cambios realizados a la obra mostraron su disconformidad, amenazando incluso con no autorizar la filmación de la película. La productora no les quitó razón, pero en caso de que los autores procedieran jurídicamente contra ella, la empresa haría lo propio contra la viuda del compositor, quien había firmado el contrato correspondiente, aconsejada por su hijo.

“Fue aquel un disgusto mayúsculo. Mi colaborador quería llevar las cosas adelante, cayese quien cayese (…) (…) Recuerdo que al fin cedimos; que a Pepe Vives no le pasó nada y que la película de  Doña Francisquita fue una birria. Nosotros no quisimos ni verla”. Afirma Fernández-Shaw en sus memorias.

Tampoco salieron muy bien parados los autores del libreto de la versión estrenada en 1953:

“Mucho tiempo después, habían pasado de sobra los siete años necesarios, pudimos hacer nuevo contrato para una versión de Doña Francisquita en cine en color (2). Tampoco tuvimos buena suerte. Fue el productor Benito Perojo, y corrió el papel de la protagonista a cargo de una famosa actriz argentina: Marta Legrand, deliciosa Francisquita que tenía de todo, menos de madrileñismo. Le daban la réplica en el Fernando Armandito Calvo y eran: Emma Penella la Beltrana y Cardona Antonio Casal. Los demás papeles, unos del libro y otros nuevos, los interpretaban Manolo Morán, Isbert, Julia Lajos, Jesús Tordesillas y algunos más excelentes actores. Pues a pesar de todos ellos y a pesar de ser el director nada menos que Ladislao Vajda, la película -convertida en una alegre comedieta universal- perdió su carácter y a nosotros, los autores, no pudo gustarnos. Se proyectó por primera vez en el Rialto en enero del 53; y, desde el punto de vista económico, no se portó mal. Pero nada más.”

En vista de todas estas expresiones de uno de los autores del libreto, es improbable que hubieran dado su visto bueno al destrozo cometido con una de sus obras maestras.

Me hubiera gustado conocer la opinión de los herederos de Fernández-Shaw y de su compañero de escritura, Federico Romero Sarrachaga, si es que acaso acudieron a ver alguna de las representaciones de esta Francisquita, cuyo argumento quedó destrozado, o la han visto por televisión. Nada de alegría en su “Canto alegre de la juventud que eres alma del viejo Madrid” ni pizca de jolgorio en “El pueblo de Madrid encuentra siempre diversión...”, tristeza absoluta en las  cofradías celebrando el carnaval... Todo ello quedó sepultado en los sótanos, o catacumbas, del Teatro de la Zarzuela. El mismo que volvió a vibrar con la verdadera Francisquita al cumplir su centenario, en su reapertura de octubre de 1956, tras ser adquirido por la SGAE, evitando con ello que el histórico edificio se transformase en viviendas, oficinas y algún bar o cafetería en sus bajos.

 

 

El libro mejor escrito de nuestra zarzuela

Así define Juan Arnau el libreto que Federico Romero y Guillermo Fernández-Shaw brindaron a Amadeo Vives para que le pusiera música, convirtiéndola en una obra sensacional.

A pesar de ello, y de otras muchísimas opiniones coincidentes con Arnau, en la producción ahora premiada en los Max dicho libreto no existe, quedó fulminado. 

Por su importancia, al estar en las antípodas de lo que se ha hecho con la versión de Francisquita que nos ocupa, no me resisto a reproducir algunas de las frases expresadas por Juan Arnau, en el cuaderno que acompaña a la grabación discográfica del sello Alhambra de 1968.

“...La música de DOÑA FRANCISQUITA tiene la máxima claridad de escritura, y beneficiándose de las características de melodía fácil, sentimiento popular, elegancia romántica y sabor español (…) (…) Vives supo vestir la desnudez de la melodía, ennoblecer el sentimiento y refinar la elegancia con ropajes nuevos, producto de la amplitud de su genio. Por eso su obra, aunque realizada con elementos perfectamente identificables, tiene un distintivo propio. Lo popular en la música de DOÑA FRANCISQUITA está diluido en un pensar, sentir y decir cordial, elegante y lógico; en una mezcla sabrosa con la inspiración impetuosa del compositor. Federico Romero y Guillermo Fernández Shaw ofrecieron al maestro Vives el libro mejor escrito de nuestra zarzuela, y el ambiente romántico madrileño, los caracteres de los personajes y las ágiles situaciones teatrales están observados y cuidados con un detalle que letra y música se identifican en una fusión estilística sin fisuras. Amadeo Vives, catalán ilustre, supo penetrar el alma de Madrid, y su partitura resume en un todo magistralmente logrado, la luminosidad mediterránea – claridades armónicas y brillo de orquestación refinada- y el casticismo elegante, vitalizando así melodías de auténtico sabor español.(...) 

(…) La unidad estilística de DOÑA FRANCISQUITA en su equilibrio milagroso de escenas, haría imposible la pretensión de querer destacar fragmentos. DOÑA FRANCISQUITA no puede fragmentarse ni tan sólo para el análisis, si posible fuera analizar algo que nos conmueve por su propia fuerza. El pasaje aparentemente más intrascendente tiene en el total de la obra una significación especial (…)

(…) La jerarquía de la voz es necesaria, pero Vives no escribió únicamente alardes de virtuosismo y rotundidades de potencia; cada frase, cada palabra requiere un carácter, una gracia, una intención y una elegancia o desplante determinados tanto por la situación escénica como por la psicología del personaje, porque de la ideal combinación de voz y matiz habrá de surgir el sencillo, y por esto mismo difícil, encanto de DOÑA FRANCISQUITA”. 

 

El estreno de 1923, según Hernández Girbal.

Se podrían reproducir, gracias a las hemerotecas digitales, muchas de las frases extraídas de las críticas publicadas a raíz del estreno de Doña Francisquita, tanto el absoluto de Madrid, como el posterior de Barcelona e incluso el de Buenos Aires (3). Todas ellas presididas por elogios hacia la nueva obra.

Pero me centro casi de forma exclusiva en lo reflejado por el periodista e historiador Florentino Hernández Girbal en su biografía Amadeo Vives El músico y el hombre:

“En la sala, llena a rebosar, zumbaba incesante el mosconeo de las conversaciones. Al apagarse las luces y sonar en la orquesta los primeros compases, se acallaron. Todo el mundo se dispuso a escuchar con atención. Eran poco más de las diez de la noche.

Desde las primeras escenas el público, ganado por la hermosa música y los aciertos del libreto, acogió con estruendosas ovaciones cada uno de los números. A veces tenía que detenerse la acción en espera de que cesasen los aplausos. Así ocurrió con la preciosa letrilla “siempre es el amor” y el cuarteto que la sigue “hágame el favor señora”, que fueron repetidos. En el “canto de la juventud”, de amplia, briosa y brillante frase, donde volvía a hacer acto de presencia el Vives de las noches triunfales, los espectadores se levantaron enardecidos. Las aclamaciones intensas, calurosas, ensordecedoras, conmovían el teatro (…)

(…) Cayó el telón del primer acto y volvió a alzarse muchas veces entre aplausos incesantes. Durante el entreacto el vestíbulo, la sala y los pasillos ardían de comentarios (…).

(…) En el segundo acto el triunfo alcanzó aún mayores proporciones. En él Vives había prodigado a raudales su inspiración, su maestría y ese admirable don que siempre tuvo de servir con propiedad, acierto poesía y emoción el momento dramático. El público, metido ya dentro de la obra, viviendo sus peripecias, siguió anhelante la acción. Los intérpretes, a los que se había contagiado su calor, eran ya dueños de la situación y matizaban con extraordinario arte el desempeño de sus papeles(...).

(…) Nadie recordaba haber presenciado una cosa igual. Aquel segundo acto era un acierto rotundo, y es que en verdad tiene todo cuanto puede tener una obra musical perfecta (…).

(…) Nada más levantarse el telón para el tercer acto, el encantador coro de los románticos, admirablemente cantado, dejó al público en suspenso con su bellísima y tierna melodía. Fue premiado con incesantes ovaciones. Y lo mismo sucedió con el bolero y con el fandango.

Al terminar la memorable representación, aún preso en el hechizo de aquella música, que por su españolísima raíz le había penetrado hasta el fondo del alma, tardó en abandonar la sala. No se cansaba de manifestar su contento y su admiración. Parecía que no iban a acabar nunca los clamores entusiásticos y las ovaciones estrepitosas. Más de quince veces se alzó el telón en honor de autores e intérpretes (…).

(…) El libreto no merecía menos elogios. Sus autores, dueños de una gran habilidad teatral, admirables poetas de limpio y agradable estilo, habían salido airosos de su difícil empreño trazando un evocador cuadro de época que brindó al músico innumerables ocasiones de lucimiento. Poquísimas veces un libro de zarzuela había alcanzado tan alta calidad.

Cuando salían a la calle los primeros espectadores eran las tres menos veinte minutos de la madrugada. En el pórtico de Apolo, más de cien personas, que no habían podido conseguir localidades, esperaban ara saber cómo había ido el  esperado estreno. ¡A tanto llegaba entonces la afición! No necesitaron hacer ninguna pregunta. Hallaron la contestación en los rostros radiantes, en los ojos encendidos y en los comentarios elogiosos (…).

(…) El estreno de Doña Francisquita pasaría a la historia de la zarzuela como una de sus fechas más significativas. Y quienes tuvieron la fortuna de asistir a él no lo olvidarían jamás”.

Debido a la complejidad y pormenores que se vivieron, primero en el proyecto de crear esta nueva obra, por encargo de un empresario de Buenos Aires, Francisco Delgado. Segundo, todo cuanto rodeo a su elaboración, no exenta de problemas internos con el elenco del estreno, así como modificaciones de libreto y música sobre la marcha, y tercero su estreno, el de Doña Francisquita es el capítulo más amplio  de las memorias de Guillermo Fernández-Shaw

Sobre la noche del estreno refiere “... Pero donde se desbordó ya el entusiamo de la gente fue en “el canto de la juventud”. A partir de ese momento el éxito fue creciendo, convirtiéndose cada acto en un acontecimiento. En las “intimidades” de Semana y en la prensa de Madrid de la noche siguiente al estreno hay pormenores sobrado de los ocurrido. Las frases de Cora Raga (4) al público, los vivas a la música española, la emoción de todos, queda reseñada en esos periódicos.”

El estreno absoluto de Doña Francisquita se produjo el 17 de octubre de 1923 en el Teatro Apolo de Madrid. Amadeo Vives no pudo asistir obligado a guardar cama en su domicilio, a causa de las lesiones sufridas por una caída. Incluso la orquestación de muchos de sus números la llevaron a cabo algunos compositores amigos, aunque posteriormente Vives realizó la definitiva.

Un hecho destacable es que, merced a la instalación de un micrófono instalado en el escenario, y conectado al teléfono, pudo seguir el estreno desde su casa.

Cuando se estrenó esta producción ahora premiada ya publiqué aquí mis impresiones. Esperé unos días a fin de conocer las opiniones expresadas por los críticos especializados, en medios diferentes. Y la verdad es que no fueron muy favorables, en su mayoría.

Baste con recordar los titulares que se publicaron:

 

Titulares y textos de algunos medios, referidos al estreno.

Shangay.com. 15-5. Nacho Fresno:

Una Doña Francisquita en honor a Lucero Tena (en la que no se entiende nada).

"... No se entiende como un hombre de teatro se carga todo el primer acto de esta joya de nuestra lírica, de la zarzuela grande, para meter un texto lleno de tópicos y añadir el innecesario personaje del narrador... para que no se entienda nada de lo que ocurre en escena...".

El mundo. 15-5. Tomás Marco:

La "Doña Francisquita" de Lluis Pasqual un salto feliz en el tiempo.

"Los pros y los contras lo debe analizar el público que en el estreno aplaudió la aparición del equipo escénico con algunas protestas minoritarias pero perceptibles".

La razón. 16-5. Gonzalo Alonso:

Una inquietante y sugerente "Doña Francisquita".

El país. 16.5. Jorge Fernández Guerra:

"Doña Francisquita" otra vez será.

Codalario.com. 16-5. Raul Chamorro Mena:

Desnaturalización de una de las obras cumbre de la zarzuela.

Madridiario.com. 16-5. Antonio Castro:

"...quien no conozca la obra no se enterará de nada.".

Zarzuelerías.blogspot.com. 17-5. El Hernando:

Buscando a Doña Francisquita.

Culturamas. 21-5. Luis Alberto Comino:

Doña Francisquita un "desmontaje fallido".

El español. 26-5. Daniel Besteiro.

"La cólera más absoluta se apoderó de un buen número de espectadores que el pasado domingo acudieron a ver Doña Francisquita, un título señero."

Opera Actual. Número 225. Junio 2019. Isabel Imaz:

Francisquita desconcertante.

 

También me hice eco de comentarios insertos en la grabación videográfica disponible en youtube.com:

Los comentarios de youtube.

No sale muy bien parada esta producción de Doña Francisquita en los 29 comentarios que de momento se han insertado en la grabación disponible en youtube.com.

Tan solo dos personas aceptan de forma positiva lo visto.

Del resto, mayoría inmensa, extraemos los siguientes:

"Violada por la manada". "Vomitiva la puesta en escena". "Castrada". "Un horror. Para el circo no quedaría mal". "Agresión". "¡De traca!". "Tristemente degenerada. Una payasada. Que pase a la antología del despropósito y la vulgaridad". "Enmendarle la plana a los autores es una gran falta de respeto. A ellos y al público".

En la actualidad son 71 comentarios los que acompañan al vídeo. En líneas generales se mantiene el rechazo mayoritario hacia la producción escénica, con algunas frases gruesas como, por ejemplo: “Asesinato en grado de tentativa con los agravantes de premeditación y alevosía”.

 

1*

La película sobre Doña Francisquita, de 1934, ha sido restaurada recientemente por la Filmoteca Nacional. Su presentación se produjo el 31 de octubre de 2019. Producida por Ibérica Films, una compañía creada por judíos alemanes huidos del nazismo, se ha podido recuperar gracias a haberse encontrado un negativo en París.

Su director, Hans Behrendt, murió en el campo de exterminio nazi de Auschwitz.

 

2*

No cita Fernández-Shaw en su comentario sobre la versión cinematográfica del año 1953, los nombres de los cantantes que aportaron sus voces en play-back o sonido pregrabado. Fueron la soprano Marimí del Pozo, el tenor Esteban Leoz y Dolores Pérez, la cantante que mayor número de zarzuelas registró en disco. Unas veces como soprano y otras como mezzo.

Respecto a la actriz que encarna a la protagonista la cita como Marta Legrand, cuando su nombre artístico es el de Myrtha Legrand, quien a sus 93 años estuvo presente en un programa de televisión en Argentina hasta el 15 de marzo último. Su reclusión domiciliaria por el COVID le ha impedido seguir trabajando con normalidad.

 

3*

El hecho de que fuera un empresario bonaerense, Francisco Delgado, el artífice principal de que Doña Francisquita fuese una realidad, habla por sí solo de su buena visión artística y comercial. Según Luis G. Iberni, “El éxito hizo que alcanzara una de las mayores cifras de difusión. En veinte años se representó 5.210 veces, de las cuales, 682 en Madrid, 896 en Barcelona y 982 en Buenos Aires...”

Cifras estas que pueden llamar la atención al ser Madrid la gran capital donde menos veces se representó. Ello puede resultar del todo lógico, si consideramos que esos veinte años que cita Iberni van de 1923 a 1943, y entre 1936 y 1939 Madrid fue una de las ciudades españolas más castigadas por la guerra.

 

4*

Cora Raga fue la mezzosoprano que estrenó el papel de Aurora La Beltrana. Precisamente adoptó este nombre artístico a instancias de Amadeo Vives. En realidad se llamaba María Cora Muñoz Raga. Nació en Vilamarxant-Valencia- el 9 de enero de 1893, falleciendo en Barcelona el 3 de diciembre de 1980.

 

Bibliografia.

Florentino Hernández Girbal.

Amadeo Vives El músico y el hombre. Pag. 281.

Ediciones Lira. Madrid 1971.

Juan Arnau

Doña Francisquita y su circunstancia histórica

Cuaderno que acompaña a la grabación discográfica en doble LP

Sello Alhambra. Madrid 1968.

Guillermo Fernández-Shaw Iturralde.

La aventura de la zarzuela (Memorias de un libretista). Págs. 65, 360 y 361.

Revisión de texto y notas de José Prieto Marugán y Alejandro Vales Pinilla.

Ediciones del Orto-Ediciones Clásicas, S.A. Madrid 2012.

Elías Bernabé Pérez.

La Francisquita de La Zarzuela sin carnaval y sin novios

valledeelda.com. 14 junio 2019.

Luis G. (Gracia) Iberni-.

Diccionario de la Zarzuela España e Hispanoamérica-Tomo I, página 671.

Instituto Complutense de Ciencias Musicales.Madrid 2002.

Todos los vídeos corresponden a la representación ofrecida por TVE desde el Gran Teatre del Liceu de Barcelona en 1988.

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Acerca del autor

Autor: Elías Bernabé Pérez

Mis recuerdos más remotos que me atrajeron a la zarzuela me trasladan a sesenta años atrás. Primero escuchando los fragmentos que sonaban con frecuencia en la radio. También gracias a las fantasías, preludios e intermedios que interpretaban las bandas de música en los conciertos de las fiestas de octubre de Petrer. El templete donde actuaban estaba justo ante la fachada de mi casa.

Lo que más me gustaba de la Semana Santa es que en la radio solo se emitía música clásica. El viernes y sábado santo las emisoras enmudecían.

Lo más intenso vino en la época dorada del tocadiscos. Lo compró mi abuelo materno en 1963. La primera zarzuela que entró en casa fue Doña Francisquita con Kraus y Olaria. Es una grabación incompleta, pero suficiente para que me la aprendiese de memoria. Mi abuelo estaba impedido y era yo quien la ponía todos los mediodías y noches durante dos semanas consecutivas. A los quince días compramos un segundo disco: La generala, de nuevo con Kraus y Olaria. Y ya fuimos alternando. Después vino Maruxa. Y yo con solo 13 años me entusiasmé con ella y también la aprendí. Sí, digo bien. ¡A mis 13 años ya me encantaba Maruxa!

Ahí comenzó todo y ya no he parado. Siempre como aficionado.

Como le dice un padre a su hijo al final del documental de TVE sobre zarzuela La romanza de Madrid, de 1988, “Te acompañarán toda tu vida, porque son inmortales”.

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