Salva Ortega: "Una fotografía, salvo casos de flagrante manipulación, es una imagen fidedigna de la realidad"
Vuelven "Los Lunes de la Uned" el próximo 9 de noviembre, a las 19:30 horas, con la ponencia del investigado eldense, Salva Ortega, bajo el título "El tiempo revelado: un viaje por el pasado eldense a través del análisis fotográfico".
¿Qué tiene Elda de especial desde el punto de vista histórico y documental?
Creo que cada lugar es especial, cada pueblo tiene su singularidad. Más allá de haber tenido parte del protagonismo en los episodios finales de la Guerra Civil, o haber sido cuna de Castelar, por citar dos ejemplos, la importancia del conocimiento histórico no radica en haber presenciado las hazañas más heroicas ni en tener el palacio más rico, sino en que una identidad colectiva no se puede cimentar en la ignorancia y el desdén del propio pasado, sea el que sea. Es imposible amar lo que no se conoce.
En el caso de Elda, hemos tenido la paradoja de tener una visión chauvinista, grandilocuente y fanfarrona de nosotros mismos, uno de cuyos máximos exponentes es el famoso "Elda, París y Londres" (que no deja de ser un tic provinciano), a la vez que despreciábamos nuestro patrimonio y nuestra memoria, hasta el punto de convertir el castillo o El Monastil en motivo de chanza.
Aporta más a la identidad colectiva saber que fuimos valencianoparlantes, o que en 1609 se expulsó al 90% de eldenses "de pura cepa" solo por profesar una religión distinta de la cristiana, que creernos que somos mejores que el pueblo de al lado por no sé qué motivo.
¿Cuáles son las principales dificultades que ha encontrado a la hora de investigar y reconstruir episodios de la historia eldense?
Hay muchos aspectos donde la información disponible es prácticamente nula. No me refiero a que no existan trabajos de investigación previos, sino a las fuentes de donde se obtienen los datos. Un claro ejemplo son las Brigadas Internacionales y su paso por Elda. Hasta la aparición en 2019 de una fotografía en el jardín del chalet de Porta, perdida en los archivos de una biblioteca a las afueras de Manchester, lo que conocíamos de los brigadistas era próximo a cero.
¿Hasta qué punto se puede considerar una fotografía como un documento histórico fiable? ¿Qué precauciones se debe tener?
Una fotografía, salvo casos de flagrante manipulación, es una imagen fidedigna de la realidad. Investigar fotos tiene algo de trabajo arqueológico: un estrato sellado de época romana no te va a mentir, ni tampoco la foto de una manifestación sindical tomada por un fotógrafo de calle. La mayor precaución es saber leer lo que nos dice una imagen fotográfica, y sobre todo obtenerla de fuentes fiables como archivos públicos o colecciones privadas. Obviamente, si entramos en el terreno digital, cualquier precaución es poca, porque si ya desde hace un par de décadas las herramientas de edición podían manipular cualquier imagen, la irrupción de la IA desde hace unos 4 años hasta hoy hace que las imágenes ficticias estén a la orden del día. Alguien que pretenda hacer investigación fotográfica y no sepa distinguir, a día de hoy, una imagen real de una falseada o creada por IA, lo va a tener crudo.
¿Se ha encontrado alguna vez con una fotografía que después de analizarla haya descubierto algo desconocido?
Por suerte, varias veces. Es lo que me ha llevado desde hace unos siete años a publicar varios artículos que pivotan sobre el análisis de fotografías que o bien eran desconocidas, o bien a la luz de nuevos datos han podido ser reinterpretadas de una manera más afinada. Sobre ellas pivota mi conferencia y la exposición que la acompaña.
Si tuviera que elegir una fotografía para explicar la historia de Elda, ¿cuál sería?
Hay muchas y es imposible que una sola represente siglos de acontecimientos. Pero por elegir una con cierto simbolismo, sería una foto de 1932, en la que las hermanas Asunción y Nicomedes Segura posan junto a varias amigas en una gran roca desprendida, a las orillas del río. Detrás, la rafa del puente de la Estación como símbolo de un pasado agrícola que agonizaba, y en primer plano las chicas de punta en blanco como paradigma de familias humildes que habían progresado al abrigo de la expansión industrial y social. La publicamos en la Fototeca del Alborada de 2024 y tuvo muy buena acogida.
¿Qué piensa sobre qué pueden aprender las generaciones actuales de la Elda que aparece en esas fotografías?
En la exposición y en las fotos que mostraré en mi conferencia aparecen fotografías que ponen negro sobre blanco que en el primer tercio del siglo XX hubo un hecho disruptivo: ¿qué hizo que una población donde las mujeres podían vestir como les daba la gana en un determinado momento, pasara a ser un lugar gris donde lo más avanzado que se puede ver es a señoras enlutadas y con mantilla escuchando la arenga de un falangista? Quizá en la búsqueda de esa respuesta, los chavales más jóvenes entiendan que, como decía Almudena Grandes, el progreso no siempre ha seguido una línea ascendente. Si alguien sale de la conferencia con esa idea en la cabeza, por mi parte ya habrá valido la pena.
¿Hay alguna fotografía del pasado que le habría gustado localizar?
Como dicen los viejos rockeros, la mejor canción siempre está por hacer. Estoy seguro de que en el fondo de cajones, o en cajas de cartón entre bobinas de hilo y tenazas de zapatero del abuelo, hay todavía fotos que pueden suponer todo un hallazgo para el conocimiento de nuestra historia. Me da igual si tiene que ver con el Castillo, con el Convento o con la Guerra Civil, todo suma.
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