¿Qué está pasando con el calzado?
El ministro de Industria, Jordi Hereu, visitó Elda hace unos días y anunció un plan de acción con el sector del calzado para afrontar los principales retos de la industria. Es innegable que la fabricación de calzado en Elda y Petrer ya no es lo que era, que sufre una crisis profunda, generando un fuerte impacto socioeconómico en la zona. Es cierto que el sector ha pasado por numerosas crisis a lo largo de su historia, pero lo que está ocurriendo en las últimas décadas es que estas se suceden una tras otra.
Ante esto, Hereu aseguró en Elda que el Ministerio ya trabaja en el diagnóstico y que la intención es desarrollar una estrategia transversal en la que participen diferentes áreas del Gobierno. Entre los asuntos planteados durante los encuentros que mantuvo con empresarios de la zona figuran la política comercial europea, la formación y atracción de talento, los costes energéticos, la promoción internacional y el apoyo a nuevas inversiones que permitan modernizar los procesos productivos. Ahora se inicia una etapa que durará varios meses -eso espera el sector- para “concretar las medidas y establecer una hoja de ruta compartida entre el Ministerio y los representantes del sector”.
Tanto la visita del ministro como el anuncio de los trabajos para poner en marcha este plan, ha llevado a Valle de Elda a preguntar a las voces del sector qué está pasando con el calzado y buscar, en las respuestas de algunos de sus protagonistas, respuestas y posibles soluciones a un contexto que, por un lado, preocupa a muchos vecinos de Elda y Petrer, y que, a la vez, produce indiferencia entre las generaciones más jóvenes.
AVECAL: “Identificar los que nos hace únicos”
Desde la Asociación Valenciana de Empresarios del Calzado (AVECAL), su presidente, Vicente Pastor —también presidente de FICE—, cree que lo que mejor define el momento que vivimos es la complejidad. “Son multitud de factores los que interfieren en nuestra actividad. A los factores propios de nuestro sector nos acompañan los sucesos internacionales que hoy en día se propagan y afectan de forma más inmediata a todos”.
“Los principales desafíos pasan por tomar conciencia de nuestra situación actual y cómo podemos ser competitivos, en qué mercados y productos”, apunta Pastor, recordando que “las empresas que se esforzaron en crear valor alrededor de una marca ya tomaron una decisión acertada y se concentran en aportar mayor valor a través de ella a sus clientes”.
Para el líder de AVECAL, el futuro del calzado de Elda y Petrer exige adaptar las empresas a un mercado en constante evolución. Ante la pérdida de competitividad, reclama una mayor atención a la gestión a medio y largo plazo y advierte de que “la calidad no es suficiente”, porque también se consigue en otros países con menores costes de producción.

Pastor destaca otras fortalezas del sector: la flexibilidad, la cercanía al mercado, el conocimiento técnico de sus profesionales y, especialmente, “el ecosistema de industrias auxiliares”, que permite responder con agilidad. Para aprovechar estas ventajas, propone invertir en eficiencia y que las empresas ganen tamaño, mediante su propio crecimiento o “intensificando la cooperación entre empresas para poder realizar inversiones”. Pese a los retos, Pastor considera que el sector cuenta con “capacidad industrial y elementos que potenciar para poder seguir siendo un referente en la producción de calzado”.
La fabricación en masa “nunca va a volver”
El presidente del Círculo de Empresarios del Medio Vinalopó, Daniel Zahonero, destaca que si algo tienen claro es que “la fabricación en masa nunca va a volver. Apunta que el calzado que se hace en Elda y comarca se distingue del que se hace en Asia en que, “por el foco en el volumen, allí es más complicado replicar el proceso artesano y la calidad que se consigue aquí. La moda lleva a trabajar continuamente con muchos materiales, y esa adaptación que mantiene la excelencia es el sello de lo que se hace aquí”.
“Las empresas han tenido que reinventarse y olvidarse del paradigma de los años 70 y 80. Ahora son más resilientes, ya no se debe hacer el calzado de la forma en la que se hacía. Deben olvidarse de los grandes volúmenes que pedían las empresas americanas, se han ido y no van a volver, ahora hay que buscar ofrecer valor agregado en la velocidad, el control y el servicio, tiradas cortas que interesa producirlas aquí”, explica Zahonero.

Añade que “la industria ha tenido que competir muchas veces con una mano atada a la espalda. Falta suelo industrial, sobran rigideces regulatorias y laborales y ha faltado una estrategia clara frente a la competencia de Asia. No es una cuestión local, sino también autonómica, nacional y europea. Por eso no se puede culpar a las empresas que han deslocalizado parte de su producción buscando condiciones más competitivas”.
Del mismo modo, Antonio Egido, presidente de Jovempa Vinalopó, considera que “nos ha faltado sentirnos orgullosos de lo que hemos hecho, no hemos sabido transmitir el valor de lo que hacemos. Aquí se hace un producto artesano, cuando la gente visita el Museo del Calzado alucinan, y aquí no se siente igual”. Además, echa en falta la figura de “aprendiz”, él mismo lo fue, de esa forma, aunque se cobra menos, el trabajador o trabajadora consigue aprender diferentes puestos “pero ahora es una figura que vale un dineral, lo que hace que las empresas contraten directamente a personas con experiencia, ya que conlleva el mismo coste”.
El dirigente de Jovempa Vinalopó observa otro de los problemas a los que se enfrenta el calzado, como es el aumento constante del coste de la materia prima pero también de la energía. “Todo con lo que se trabaja tiene relación con los derivados de petróleo y el precio no para de subir, lo mismo pasa con los costes de transformación térmica o la propia luz que se necesita para trabajar. Como todo sube también lo tiene que hacer el precio final y eso hace que se vendan menos unidades”.

Suelo industrial y formación: la administración local
Como alcalde de la ciudad del calzado, Rubén Alfaro asegura que “este sector atraviesa un proceso de profunda transformación y resiliencia, ha superado años muy complejos marcados por la inestabilidad internacional, la inflación y el encarecimiento de costes, pero demuestra una enorme capacidad de adaptación”. La apuesta de la ciudad por la Formación Profesional para el calzado hace al Ayuntamiento “percibir un cambio de tendencia y que los jóvenes empiezan a ver que la industria está altamente tecnificada y digitalizada, el objetivo es seguir rompiendo prejuicios históricos sobre la FP industrial”.
Tanto Elda como Petrer han anunciado la ampliación del suelo industrial. Por un lado, Elda trabaja para crear más suelo en Finca Lacy, lo que para Alfaro “permite que las empresas actuales del calzado puedan ampliar, actualizar y modernizar sus instalaciones” y, por otro lado, “ofrecer suelo industrial necesario para atraer nuevas actividades que favorezcan la diversificación económica”.

Petrer lleva años trabajando en un nuevo espacio, La Cantera, suelo que sería clave para la “diversificación de la actividad. Aunque la mayoría es calzado y marroquinería, esta es la senda de la diversificación, porque ahora el éxito económico de una población no puede centrarse en un único sector, pues si entra en crisis es un desastre para la población”, apunta la alcaldesa de Petrer, Irene Navarro.
Petrer cuenta con importantes empresas de calzado, pero también de marroquinería, señala la alcaldesa de la localidad, quien admite que “el calzado no pasa por su mejor momento, lo que no es una situación nueva, pero ha puesto la mesa en la mayoría de los hogares de la localidad y lo continuará haciendo”.
Navarro destaca el valor añadido de empresas como Hispanitas, que “no solo tiene proyección internacional, sino que tiene una gran concienciación medioambiental, pues creará la primera zona de juegos infantiles fabricados con residuos de calzado, lo que revierte en la calidad de vida de los vecinos”.

Las empresas: la prioridad es la calidad y el diseño
Precisamente, el director adjunto de Hispanitas, Carlos Chico de Guzmán, admite que “el 80% de la producción se hace aquí, en Petrer. Nuestro ADN es el Made in Spain, y es algo por lo que luchamos mucho. Nuestra apuesta y lo que nos diferencia es la mano de obra, de mucha calidad, lo que nos hace tener una tarjeta de visita muy apetecible para el cliente. Pero la deslocalización es un tema complicado, porque siempre dependemos de lo que se hace fuera, los componentes”. La principal desventaja frente a la competencia asiática o marroquí es el precio, pues “allí se produce en masa, lo que abarata el coste, aunque pierda calidad”.
Analiza el cambio del mercado: “Mientras que hace 25 años el 80% de nuestra producción se quedaba en el mercado nacional, ahora solo lo hace un 30%”. Por ello las ferias internacionales son la clave, y ya no tanto las más grandes como la de Milán, que también, sino que “las más locales se han vuelto importantísimas”. Aprovecha para admitir que “echa de menos la feria nacional” y lamenta la disminución constante del comercio tradicional: “Había ciudades en las que antes teníamos cuatro o cinco clientes, ahora nos queda uno o ninguno. Proliferan las tiendas de menor calidad”.
Pero sin duda, lo que más siente es “que por desgracia quedan muy pocas fábricas en la zona, es algo que aquí dominamos. Soy de los que piensa que la competencia es sana, la legal, esa que no va a copiarte, sino que va a intentar hacerlo lo mejor posible. Cada vez hay menos y es una pena”.

“Las empresas tratan de priorizar la eficiencia productiva y la innovación en el diseño para poder mantener su competitividad en los mercados internacionales”, explica el diseñador y generador de estructuras de colecciones, David Guerrero. El problema para él es que “desde hace años se debería haber empezado a trabajar bajo un plan de renovación industrial, desarrollado en conjunto por la patronal, los trabajadores y las instituciones gubernamentales, así como una colaboración público-privada”.
Guerrero añade que “por eso estamos viviendo una reestructuración forzada, pues la infraestructura previa estaba diseñada para grandes volúmenes de producción y la industria auxiliar se ve sobredimensionada ante la falta de producto. Este ajuste, aunque doloroso por la pérdida de empleo y cierre de empresas, es necesario”.

José María Amat: “No podemos perder la brújula de lo que somos”
Una de las voces más reivindicativas sobre la ausencia de respuesta ante la decadencia del calzado es José María Amat Amer, fundador del Museo del Calzado e impulsor de grandes proyectos para visibilizar el sector como el Premio a la Mujer Mejor Calzada. “La industria ya no se enfrenta únicamente a la crisis cíclica del mercado sino a una competencia internacional permanente marcada por los cambios de aranceles, los costes crecientes y las modificaciones rápidas de los hábitos de consumo. Por ello la respuesta no es competir en precio, esa batalla ya la ha ganado Asia, sino basarse en la calidad, el estilo, el diseño y el prestigio”.
Para Amat, Elda no debe cambiar su industria: “Nos diferencia la calidad, ese es el objetivo y no otro, no podemos hacer zapatos deportivos, de niños o de trabajo, sino potenciar las series pequeñas. No podemos perder la brújula de lo que somos”.
La clave para la supervivencia del calzado la tiene clara: “El relevo generacional, la creación de marcas propias, la innovación tecnológica, la diversificación de los mercados y la capacidad para competir mediante calidad y diseño”. El peligro real, para Amat, es que “en una de las crisis se paralizase la fabricación del calzado en Elda, ya que recuperar una generación de aparadoras, modelistas o montadores… sería complicado”.

Pese a que pone en valor la formación reglada, de la que él ha formado parte, Amat tiene claro que “ahora se debe apostar por la enseñanza rápida, que en tres o seis meses haya jóvenes preparados para poder diseñar, modelar, montar o aparar”.
Lo que ha hecho que se pierda el trabajo ha sido “que en Elda nos hemos dedicado a las grandes comercializadoras, nos aburrieron, no hacíamos nuestras propias marcas, y cuando se fueron, nos dejaron sin nuestros mercados tradicionales”.
La experiencia “Elda Prestigio”
En pleno auge del calzado, Elda contaba con más 600 fábricas. A principios de los 90, y replicado a mediados de la década de los 2000, un buen número de empresarios se unió en una iniciativa prometedora que no terminó de arraigar, pese a los dos intentos. Bajo la marca “Elda Prestigio”, con importante apoyo del Ayuntamiento de Elda, acudían juntos a las principales ferias.
Amancio Catalán, quien lideró la segunda etapa del proyecto “Elda Prestigio” -entre 2005 y 2007- admite que ya en esa época se veía venir la situación actual: “Pero hubo quien no lo quiso ver, se pudo hacer algo, pero no se hizo y ahora la industria del calzado está muy difícil”. Él mismo hace más de una década, tras jubilarse, pidió ayuda a centros educativos y al Ayuntamiento de Elda para crear un taller en el que enseñar a nuevas generaciones de aparadoras, pero al ver que nadie respondía, decidió dejarlo estar.

En este sentido, las experiencias de “unión” forman, para los representantes del Círculo de Empresarios y de Jovempa, Zahonero y Egido, parte de la solución. A este respecto, desde el Círculo de Empresarios están trabajando desde hace unos meses en concretar una propuesta común con las empresas de los municipios del Medio Vinalopó “porque ahora no competimos entre nosotros sino con otras regiones del planeta. Debemos unirnos porque tenemos los mismos intereses, juntos llegaremos más lejos”, afirma Zahonero.
Joaquín Planelles, responsable de la dirección creativa y comercial de Textilin, es otro de los grandes defensores de la unión de los empresarios: “Tanto fabricantes de calzado como de la industria auxiliar deben tener una marca colectiva fuerte, un certificado de calidad, y una estrategia de comunicación común tanto a nivel nacional como internacional”. Asimismo, defiende “el papel de la industria auxiliar porque es la realmente desconocida en el sector”.

La empresa auxiliar en la encrucijada
“El goteo de cierres de fábricas de calzado provoca la falta de pedidos en las empresas auxiliares y, por tanto, su cierre, algo que creo que es definitivo”, asegura Joaquín Planelles. El cambio de la cultura y del consumo hace que “Elda y Petrer hayan perdido el pulso frente a las zapatillas deportivas”, afirma, “la comodidad está por encima de la elegancia, se prioriza la versatilidad y el uso diario y ahora el zapato de vestir está relegado a ocasiones especiales”.
Desde la empresa de curtidos José Pérez Hernández, su gerente, José María Pérez, explica que “el decrecimiento de la producción de calzado es directamente proporcional al descenso de ventas del sector de componentes” a lo que une los cambios drásticos en los hábitos de consumo de la gente, que prioriza otro tipo de artículos, el aumento de costes generalizado, y “toda la situación geopolítica en general tampoco ayudan al sector”.
Así, señala que para el sector de curtidos el futuro es muy complicado a corto y medios plazo “por el descenso tan acusado de las ventas, la falta de ayudas de la administración, la falta de financiación bancaria y en muchos casos la falta de relevo generacional”. Concluye señalando que “el futuro de las auxiliares se presenta muy complicado, llevamos muchos años intentando adaptarnos a numerosas crisis, pero la sensación es que en estos momentos el sector del calzado y el de complementos ha tocado fondo”.

La innovación abre nuevas vías para el calzado
Eduardo Calabuig, director general de INESCOP, considera que la innovación, la diferenciación y la capacidad de adaptación son determinantes para afrontar los vaivenes del mercado internacional. Desde el centro tecnológico destaca una fortaleza de Elda, Petrer y su comarca: “La comarca conserva un ecosistema industrial y un conocimiento difícil de replicar. Por lo tanto, es una de las fortalezas en las que se tiene que apoyar para seguir avanzando frente a todos estos cambios y retos que se presentan”.
Ese potencial va más allá de los fabricantes de calzado y comprende toda su cadena de valor: empresas de componentes, materiales, maquinaria y diseño, junto con la formación y la tecnología. Para Calabuig, el desafío inmediato consiste en aprovechar ese conjunto de capacidades: “El reto no es únicamente producir mejor o más barato, sino conseguir generar más valor y una diferenciación clave en el mercado”.

Para que Elda y Petrer mantengan su posición como referentes del calzado considera que la ventaja competitiva de la comarca no puede basarse exclusivamente en los costes. “Esta ventaja se tiene que construir desde aquello que es más difícil de copiar: el conocimiento, diseño, calidad, tecnología, especialización y capacidad industrial”. Calabuig resume así el valor que debe preservar y potenciar el sector: “Nuestro principal activo no es solo fabricar zapatos. Es todo el conocimiento que existe alrededor de cómo diseñarlos, desarrollarlos y fabricarlos”.
Pero la innovación también está en el desarrollo del calzado. La prueba es la empresa Callnak, que nació de la unión del diseñador Pablo Jaspers y el especialista en 3D Ignacio Español, dos eldenses que han crecido rodeados de zapatos y que apostaron por “innovar en el sector. Esta es la clave, pues cada día las nuevas tecnologías dejan a las anteriores obsoletas”, explica Español. Su mayor impulso fue ver la situación del calzado: “Porque no queremos que se pierda. Si bien pensamos que la unión con la administración pública haría que sobreviviera el sector”.

Trabajadores y el recuerdo de condiciones deficientes
No se puede generalizar: hubo empresas que ofrecieron y ofrecen condiciones laborales correctas. Y hoy en día son más las que apuestan por un empleo digno y regulado. Pero la historia del calzado también ha dejado el recuerdo del trabajo en negro, de las malas condiciones y de los contratos que nunca llegaban. Esa experiencia ha marcado a una generación que no quiso que sus hijos siguieran sus pasos y sigue pesando entre los jóvenes que rehúyen el sector, incluso cuando existen oportunidades laborales y una realidad distinta a la que vivieron sus familias.
Una de esas figuras es la de la aparadora. Las mujeres se veían obligadas a trabajar en casa para poder sacar adelante el día a día del hogar, cuidar a sus hijos y, además, aportar dinero en casa. Eso se traducía en la ausencia de contratos, de cotización, y en inestabilidad laboral. Muchas jóvenes han crecido viendo a sus madres aparando, dando “cemen”, doblando, haciendo trabajo de mano hasta altas horas, y ahora se niegan a seguir sus pasos.
“Llevo trabajando 40 años como aparadora, ¿y cuántos años tengo cotizados? Cinco. En su día tuve que tirar por problemas de salud de uno de mis hijos, quizá podría haber exigido un poco más, pero cuando lo hacía, la respuesta era: ‘Ahí tienes la puerta porque contrato no vas a tener’”, explica Isabel Arráez, aparadora apasionada por su trabajo. Admite que si volviera atrás elegiría la misma profesión, pero sí “exigiría más mis derechos, porque ahora que ya no quedamos, sí cumplen”.
Arráez lamenta que ahora “se apuesta en algunas fábricas por trabajar más rápido a pesar de que se pierde calidad, algunas encargadas son negreras y no saben hacer este trabajo, por eso he cambiado últimamente tanto de fábrica, ahora estoy en una más pequeña y estoy mucho más contenta”. Su temor es que en diez años el calzado desaparezca si continúa en la deriva actual.

El modelista Antonio Ortega también sufre por el futuro del sector: “Porque la gente está huyendo, por lo que oyen y por el problema de los contratos fijos discontinuos, buscan estabilidad”. Con un hijo de 18 años recién cumplidos no conoce a ningún joven de su entorno que quiera ser zapatero: “A mí me encantaría que mi hijo siguiera mis pasos, que fuera modelista, le enseñaría, lo tendría muy fácil, pero me dice: ‘No, papá, yo quiero otra cosa’”. Continúa: “La aparadora más joven de mi fábrica tiene unos 50 años, esto es un problema, y también una pena muy grande”.
Ortega fue uno de los afectados por el cierre de la fábrica principal de Stuart Weitzman, “éramos 200 y pico personas, familias, y todas fuimos a la calle, podría haber tenido continuidad, se podrían haber hecho mejor las cosas”. El cierre de esta empresa fue un mazazo para la ciudad, pues había sido un referente durante décadas, y fue un ejemplo más del declive del calzado.

Cristina Alzallú trabaja actualmente en la oficina de una fábrica, pero hasta hace un año dirigía una empresa familiar de calzado. Ese fue un proyecto que arrancaron “con toda la ilusión del mundo, queríamos tener nuestra marca propia, ver nuestros zapatos en la calle. Creíamos mucho en este proyecto, pero tuvimos que renunciar porque el desgaste personal era constante, había una gran inseguridad de hacer frente a pagos, no teníamos respaldo por parte de la administración, ver todo el trabajo que hacíamos y aun así no se llegaba a fin de mes nos hizo tomar la decisión”.
Admite que ahora se siente liberada, “ya no tengo esa gran carga de responsabilidades, mi vida ha mejorado mucho”, si bien ha sido un proceso “doloroso”. Tras estar en ambas partes, considera que existe un problema de comunicación entre trabajador y empresario: “El primero tiene una gran exigencia física, se está convirtiendo en algo temporal, y el segundo vive con dudas constantes sobre su economía, sobre su futuro. Por ello creo que hablar es la clave”.

El relevo generacional en peligro
Una de las variables que con frecuencia aparecen en los análisis, es la dificultad de asegurar un relevo generacional en el sector. Sobre este asunto, Pepe Cabanes, jefe del Departamento de Textil, Confección y Piel del IES La Torreta de Elda, confirma que cuesta atraer alumnado a la formación en calzado, pese a la demanda laboral. “Si comparas con otros ciclos del centro, es el que menos alumnado tiene. Pero también es verdad que las empresas demandan este tipo de alumnado”.
Relaciona esas reticencias con las experiencias familiares: “Los alumnos te lo dicen: ‘Yo no quiero trabajar en el calzado porque mi familia trabaja en el calzado y no han tenido las condiciones correctas’”. Sin embargo, considera que esa imagen no refleja la realidad de las empresas con las que mantiene contacto y que las condiciones están mejorando.
Cabanes destaca que la formación dual facilita la incorporación al trabajo: “De esta manera estudian y a la vez hacen prácticas en las empresas. Muchas de las empresas se quedan a los alumnos que han hecho prácticas con ellos”. El centro dispone de un taller donde se aprende todo el proceso, desde el diseño hasta el acabado, y esa preparación se completa en las fábricas.
La demanda es especialmente importante en producción, en tareas como aparado y montado. “Es gente muy veterana y se van jubilando y no hay gente detrás que los reemplace”, advierte. Son oficios que requieren formación: “Las máquinas de coser no las domina todo el mundo. Las máquinas de montar calzado son complicadas”. Por eso, concluye, “el ciclo es necesario”.
Sobre la falta de relevo generacional, Vicente Pastor, presidente de AVECAL, señala que es una preocupación compartida con otros sectores, especialmente los manufactureros y tradicionales: “Las nuevas generaciones no manifiestan interés por estos trabajos”. En el calzado, considera que existe “un desconocimiento de cómo son hoy en día la mayoría de las empresas de calzado con futuro” y destaca que las condiciones laborales han mejorado, con avances en horarios y conciliación que deben continuar.
Pastor subraya también que “la formación es un pilar vertebral de nuestra actividad”, con cursos que abarcan tanto oficios de producción —aparado, cortado o montado— como nuevas competencias en diseño 3D e inteligencia artificial aplicada a los procesos y la gestión.
Por otra parte, el responsable del Círculo de Empresarios, Daniel Zahonero, también sitúa la falta de relevo generacional como uno de los retos de las empresas: “La cultura del trabajo ha cambiado. Hoy estamos expuestos a muchos más estímulos y alternativas, y eso hace más difícil mantener la motivación y el compromiso en tareas muy repetitivas o que ofrecen poca autonomía. El reto para las empresas es rediseñar esos puestos para hacerlos más atractivos, incorporando variedad, formación, tecnología y nuevas formas de reconocimiento que ayuden a mejorar la experiencia del trabajador y, al mismo tiempo, la productividad”.
La mirada nostálgica
En Elda y la comarca, el calzado forma parte de la memoria de miles de familias. Por eso, al hablar de su futuro, aflora la nostalgia por aquellas décadas en las que las fábricas marcaban el pulso de la ciudad y los zapatos eran sinónimo de empleo y prosperidad. Pero hay voces que apuntan del peligro de estar mirando en exceso hacia atrás. Como así señala el presidente de AVECAL y FICE, Vicente Pastor, “con frecuencia vemos mensajes que surgen de una melancolía por tiempos pasados y esta no es una fuente inspiradora para enfrentarse a los actuales retos”.
Así, el alcalde de Elda señala que no hay que mirar atrás con nostalgia, “sino liderar el presente y el futuro adaptándonos con solvencia a las exigencias del mercado global”.
Otras voces, como la de Joaquín Planelles, de Textilin, son rotundas al respecto: “Sí, vivimos con exceso de nostalgia. En los años 80-90 tuve el privilegio de vivirlos en primera persona. Estaban establecidas en Elda varias compañías extranjeras, pero principalmente americanas, que fabricaban millones de pares en la comarca. Todo este movimiento económico se percibía en la ciudad. Había mucho dinero en circulación. Aquello de Elda, París y Londres se podía decir con razón”. Y termina con una conclusión: “Recordarlo está bien, pero esto no volverá”.
A modo de conclusión esperanzadora
El calzado de Elda y Petrer afronta una transformación que afecta tanto a las empresas como a las familias y, como apunta José María Amat, al conocimiento acumulado durante generaciones. Los testimonios de este reportaje muestran que conservar ese legado exige afrontar los problemas que amenazan su continuidad. La calidad sigue siendo una fortaleza, pero necesita acompañarse de diseño, innovación, marcas con identidad y capacidad para responder al mercado. Y atraer a los jóvenes requiere formación práctica, condiciones laborales dignas y perspectivas de estabilidad que hagan del oficio una opción de futuro.
Hay caminos posibles, aunque ninguno ofrece resultados inmediatos: cooperar desde la unión para compartir inversiones y abrir mercados, facilitar la modernización de las fábricas, proteger la cadena de proveedores y convertir los planes de la Administración en medidas concretas, con recursos y plazos. También escuchar a quienes trabajan cada día en el sector, porque ninguna renovación será duradera si deja atrás a las personas que la hacen posible. Elda y Petrer conservan una base industrial valiosa; el desafío es actuar antes de que desaparezcan capacidades y fortalezas que, una vez perdidas, serán muy difíciles de recuperar. Posiblemente, el futuro del calzado se decidirá en lo que seamos capaces de construir con todo lo que todavía sabemos hacer.
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