Vocación, vértigo y valentía: mi camino como veterinaria emprendedora
Mi nombre es Mayte Carbonell y desde bien pequeñita, prácticamente desde que empecé a hablar, siempre decía que quería ser médica de animales. Mientras otros niños soñaban con ser astronautas o profesores, yo me pasaba el día jugando a que curaba a mi perro: le exploraba, le operaba, le recetaba medicamentos imaginarios... y, por supuesto, siempre le salvaba. Con el tiempo entendí que aquel juego era algo más que un pasatiempo infantil. Puedo decir que él fue mi primer paciente y, en cierto modo, el motivo por el que hoy soy veterinaria.
Cuando terminé la carrera, comencé a trabajar en distintas clínicas. Fueron años de aprendizaje intenso, de guardias, de nervios ante los primeros casos complicados y de enormes ganas de crecer profesionalmente. Sin embargo, dentro de mí siempre estuvo presente la inquietud de construir algo propio. Así fue como me aventuré a la vida de emprendedora.
Al principio trabajé como veterinaria ambulante, desplazándome a fincas y campos para atender a los animales que requerían mis servicios. Intenté reenfocarme en el sector equino, mientras colaboraba con clínicas y hospitales de la zona. Aquella etapa fue clave: me permitió darme a conocer, ganar experiencia y, sobre todo, empezar a formar mi propia cartera de clientes. No era fácil, pero cada visita sumaba confianza y aprendizaje.
Un día recibí la llamada de un conocido que me comentó que un amigo suyo traspasaba una clínica veterinaria y que yo era la candidata perfecta para dirigirla. Sentí tanto vértigo que ni siquiera se lo conté a mi marido; me parecía una auténtica locura asumir algo así con tan poca experiencia por mi cuenta. Sin embargo, esa misma tarde recibí otra llamada, esta vez de una prima, con exactamente la misma historia: se traspasaba una clínica y habían pensado en mí para quedármela.
Cuando dos oportunidades llaman a tu puerta el mismo día, quizá no sea casualidad. Entonces sí, respiré hondo y se lo conté a mi marido. Su respuesta fue clara: «Adelante, tú puedes». Ese apoyo fue el empujón que necesitaba para atreverme.

Tras varios meses de gestiones, papeleo y decisiones importantes, llegó el día en que la clínica pasó a ser mía. Han pasado casi dos años desde entonces y no puedo estar más agradecida. El equipo ya estaba formado por dos auxiliares y una veterinaria, todas mujeres jóvenes. Desde el primer momento, Alba, Cristina y Marina me arroparon y me ayudaron a crear un ambiente de trabajo en sintonía. Compartimos no solo la jornada laboral, sino también vivencias personales, porque al final pasamos muchas horas juntas y hemos aprendido a apoyarnos como equipo.
No voy a negar que emprender implica preocupación constante: sueldos, impuestos, proveedores, gastos imprevistos... La responsabilidad pesa. Pero si algo realmente nos quita el sueño son nuestros pacientes. Creo que cualquier persona que ejerza esta profesión se va a casa repasando mentalmente cada caso del día, preguntándose si habrá pasado algo por alto. Nuestros pacientes no hablan, y debemos interpretar cada gesto, cada mirada, cada pequeño signo clínico.
En el marco del Día de la Mujer, me gusta mirar atrás y pensar que emprender siendo mujer no significa hacerlo sola ni en contra de nadie, sino hacerlo con determinación, preparación y el respaldo de quienes creen en ti. Significa demostrar que la vocación, cuando va acompañada de trabajo y responsabilidad, puede convertirse en un proyecto sólido y sostenible. Las mujeres no buscamos privilegios, sino oportunidades; no queremos competir desde la confrontación, sino desde la capacidad.
Si mi historia puede servir para algo, me gustaría que fuera para recordar a otras niñas —y también a otros niños— que los sueños que nacen en la infancia pueden convertirse en realidad con esfuerzo, apoyo y valentía. Porque al final, más allá del género, lo que realmente impulsa el emprendimiento es la pasión por lo que hacemos y el compromiso con nuestra comunidad.

Más Noticias
Lo más leído del mes
Un albañil se cae desde un tercero en Elda
Tres jóvenes detenidos en Elda por una presunta violación grupal en Moros y Cristianos
La abogada eldense Celia Carbonell consigue una indemnización de 2'5 millones para Ahmed Tommouhi
Un perro arranca un trozo de oreja a una mujer y ataca a un niño de cuatro años en Elda
