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Calzado

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Nadie puede dudar de mi apuesta personal por el calzado, especialmente el de mujer de gamas media-alta, tampoco de los esfuerzos para que alguien reaccione ante los retos del presente y especialmente del futuro.  Por ello me creo en la obligación como eldense y como amante de nuestra industria del calzado, de alzar la voz para exigir una contundente política que diversifique nuestro tejido industrial y nos cree expectativas de futuro, riqueza, crecimiento y naturalmente empleo.

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Bartolomé y Damián Crespi se desplazan desde Mallorca a Elda, para montar una fábrica de calzados de caballero con compañeros de trabajo de la antigua y prestigiosa fábrica de "los Bellods", era a principio de los años 50. Esa fábrica estaba estructurada en varios talleres separados: en diferentes lugares de la ciudad: en la calle Cura Navarro, ubican el cortado y aparado; en la calle Maria Guerrero nº 15 a los zapateros y en la misma calle pero en el nº 9 al almacén, facturación y oficinas. Parte de la producción se exportaba a Islandia, además de atender el mercado de España y con el nombre de "Shoes Mallorquins". Los hermanos se separaron en 1959, Damián monta un taller de picados y grabados y Bartolomé se marcha a Madrid, para hacerse cargo de las tiendas de su suegro Teófilo Gil Navarro. En la capital conoció a otros comerciantes, Luís Gutiérrez RamírezJuan José Redondo Lomas, juntos deciden montar una fábrica en Elda, con la incorporación como diseñador de Valentín Hilario Fernández, se crea un neologismo (a partir de las iniciales de varias palabras se forma una nueva) y nace Valfer con las dos letras del nombre y apellido del modelista.

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Zapateros realizando zapatos especiales para pies con deformaciones en el Museo del Calzado.

Desde que el Museo del Calzado comenzó a tener actividad museística, nació también el compromiso de cubrir huecos en la enseñanza profesional.

En la década de los año 90 y ante la carencia de zapateros "a medida" y el retroceso que estaba experimentando la confección del calzado manual, se diseñó un programa tendente a complementar la formación de los zapateros, con conocimientos teóricos y prácticos en la elaboración manual de zapatos para pies con deformaciones y malformaciones. Solamente las personas que sufren estos problemas saben lo necesario que son esos profesionales para ayudar a calzarlos.

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En un pequeño pueblo llamado San Juan de la Rambla y situado en el norte de la isla de Tenerife, en el Archipiélago Canario. Esta Villa fue reconocida en toda la Isla por la calidad del calzado que fabricaban los más de 20 profesionales que se concentraban en un municipio que no superaba los mil habitantes, prescriptores de una labor que creó escuela y sirvió de sustento a la mayor parte de los habitantes de la época. Tal era el reconocimiento de los zapateros, que el poeta Pedro García Cabrera en su obra “Vuelta a la Isla”, usó esta profesión como eje central del poema dedicado al municipio.

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Grupo de trabajadoras de Proa. Año 1950.

Calzados Proa se creó en el año 1940 como una sociedad formada por Antonio y José Sirera Esteve, este último con amplia experiencia en fabricación ya que tenía a su nombre otra empresa en Elda, y José María Gran Díez, persona que había dedicado su juventud al diseño y patronaje de calzados y con extraordinarias dotes para generar negocio, muy conocedor del oficio y capaz de asumir riesgos.

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Esta bota hecha en bronce es un monumento al peregrino que se encuentra en Cabo Finisterre, en las estribaciones de esa bellísima zona del "fin del mundo".

Tradicionalmente los peregrinos llegados a este punto abandonaban el calzado que habían usado en una de las etapas del Camino de Santiago.

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Pedro Lozano en su taller realizando una de sus obras artísticas.

Acabamos de recibir la triste noticia del fallecimiento de Pedro Lozano, un zapatero de Palencia que ha regentado hasta el último momento un taller artesano para hacer zapatos a medida y para pies con deformaciones, últimamente también con la colaboración de su hijo.

Hay que recordar quién fue Pedro Lozano para comprender su figura profesional y humana y la generosidad que tuvo con el Museo del Calzado, al donar parte de su obra maestra, que figura en una de nuestras salas.

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Tarjeta de la fábrica de Romero Utrilles (Museo Calzado)

Rafael Romero Utrilles, apodado "El Salao", fue quizás el industrial más notable de los que han existido en Elda: además de la extraordinaria industria que construyó en los terrenos que hoy ocupan la calle Dahellos, recibió importantes premios en 1902, que probablemente dieron lugar al dicho "Elda, París y Londres". La edificación ocupaba 1.160 m2 y estaba rodeada de un jardín con una verja sobre una valla que la limitaba. Su fachada daba a la actual calle Jardines, la puerta principal al jardín estaba rematada con dos adornos simulando antorchas sobre dos pilares de obra que sustentaban una puerta de forja, y el resto lo cerraba una simple valla de madera y cañas.

La industria se creó en el año 1876 y fabricaba calzados de todas las clases, desde el zapato corriente hasta el de más puro estilo y diseño para mujer. La empresa alcanzaba los 800 pares diarios con una producción anual de 297.600 pares, que eran realizados por una plantilla que superaba los 450 trabajadores; era una de las fábricas más grandes de aquellos años en los que en Elda se estaba consolidando como un referente en la industria de fabricación de calzados.

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Anuncio en Alborada de la fábrica de Hijos de José Jerónimo Guill y parte de la plantilla de trabajadores en 1939

José Jerónimo Guill en 1915, inició su taller de calzado en la calle 17 de Abril, nº 31, con algunos amigos y familiares, en total 6 trabajadores para fabricar calzados tipo "Luís XV", ese zapato que ha sido y es el orgullo de los zapateros eldenses. El primer taller tenía 150 m2 que con los años irían ampliando para llegar a 600 m2. El pequeño taller se transformó en una gran empresa que producía un tipo de calzados de bottier, en línea con los más prestigiosos fabricados en Elda, entre ellos Marcial Sarrió, que sería propietario de una gran industria.

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La actividad zapatera en Almansa data de mediados del siglo XIX, ya que hasta ese momento solamente había en la población alguna tenería y zapateros a medida o remendones. Al igual que sucedió en Elda y otras ciudades, se fueron desarrollando talleres familiares y artesanales para autoconsumo local o para la venta en mercadillos de poblaciones próximas. De ahí se pasaría a la creación de grandes y medianas fábricas que daban acogida a los trabajadores que iban abandonando el campo para incorporarse a esa recién creada industria. Como paso en otras poblaciones, la línea férrea entre Madrid, Valencia y Alicante, desarrolló el comercio y disparó las ventas de calzado creando más fábricas hasta convertirse en una importante ciudad zapatera. 

Acerca del autor

Autor: José María Amat

José María Amat Amer, es un apasionado del calzado. Como ingeniero técnico, el destino lo encaminó hacia la industria de su ciudad. Como profesor de Tecnología del Calzado, llego a conocer investigando, la industria del calzado. Publicando algunos libros sobre tecnología, artesanía y desarrollo social; siempre con el calzado como única premisa. El Museo del Calzado fue una de las realizaciones que le llevó a pasar de técnico a un apasionado del zapato. Con la mejor de las intenciones, y siempre con la pretensión de prestigiar la industria y el calzado de la ciudad de Elda, colabora en este blog para crear más amigos con inquietudes similares.

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