domingo, 25 de octubre de 2026

Defendamos lo que sabemos hacer

José María Amat Amer
Ayer
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Defendamos lo que sabemos hacer

Cada 25 de octubre, festividad de San Crispín y San Crispiniano, patronos de los zapateros, quienes hemos vivido cerca del calzado tenemos una razón para detenernos unos minutos y recordar de dónde venimos.

Pero quizá este año no sea suficiente con recordar.

La industria europea del calzado atraviesa uno de esos momentos en los que mirar hacia atrás puede producir orgullo, pero también cierta inquietud. La globalización, la competencia internacional, la presión sobre los precios, los nuevos hábitos de consumo, la pérdida progresiva de determinados oficios y la dificultad para incorporar nuevas generaciones están poniendo a prueba un modelo industrial que durante décadas pareció indestructible.

En Elda sabemos bien lo que significa el zapato

No fue solamente una industria. Fue una manera de vivir. Transformó una ciudad, creó riqueza, abrió mercados internacionales y consiguió que el nombre de Elda viajara por escaparates de medio mundo.

Pero aquel éxito tuvo miles de protagonistas.

Empresarios que arriesgaron, diseñadores y modelistas que crearon, cortadores, almacenistas, montadores, comerciales y trabajadores de todos los oficios que hicieron posible fabricar lo que, en calzado, es la cúspide de la profesión, por belleza, elegancia y diseño: el zapato de alta gama para señora. Y entre todos ellos merece hoy una consideración muy especial un colectivo que durante demasiado tiempo permaneció en segundo plano: las aparadoras.

Miles de mujeres cosieron durante décadas una parte esencial de nuestra prosperidad.

Muchas lo hicieron desde sus casas, compatibilizando jornadas interminables de trabajo con el cuidado de sus familias. Sus manos dieron forma a algunos de los zapatos más prestigiosos fabricados en España, aunque pocas veces su nombre figurara en ninguna parte.

Trabajaron mucho y fueron reconocidas poco

Por eso, en el día de los patronos del oficio, sería injusto hablar de la grandeza de nuestra industria sin recordar a aquellas mujeres que, puntada a puntada, contribuyeron silenciosamente a construirla.

Pero el homenaje no puede quedarse únicamente en la memoria. Porque hoy tenemos otro problema delante de nosotros: ¿quién coserá los zapatos de mañana?

El relevo generacional se ha convertido en uno de los mayores desafíos de la industria. Oficios que necesitan años de experiencia comienzan a escasear. Y entre ellos, precisamente el aparado, una de las operaciones más delicadas, bellas y determinantes en la calidad final de un buen zapato.

Una industria puede comprar máquinas, construir fábricas o incorporar tecnología. Pero lo que no puede improvisar es el conocimiento.

Ese conocimiento acumulado durante generaciones que constituye probablemente uno de los mayores patrimonios industriales que todavía conserva nuestra comarca.

Y perderlo sería mucho más fácil que recuperarlo y, sin duda, una tragedia para nuestro sector comarcal.

Por eso quizá haya llegado el momento de dejar de preguntarnos únicamente, que es lo que le ocurre al calzado y empezar a preguntarnos qué estamos dispuestos a hacer para conservarlo.

Porque competir exclusivamente en precio con determinadas zonas del mundo sería una batalla difícilmente ganable. Nuestro futuro tendrá que construirse sobre aquello que otros no pueden copiar con facilidad: calidad, diseño, especialización, innovación, servicio, rapidez, marca y conocimiento industrial.

Y, sobre todo, algo que durante generaciones supimos hacer extraordinariamente bien: fabricar buenos zapatos.

Existen jóvenes empresarios, diseñadores, técnicos y trabajadores que todavía creen en esta industria. Personas que siguen abriendo talleres, creando marcas, buscando mercados y defendiendo que, desde Elda, Petrer, Elche, Villena y todo el Vinalopó todavía pueden salir algunos de los mejores zapatos del mundo.

Ellos merecen también nuestro reconocimiento. Porque continuar cuando todo resulta fácil tiene poco mérito. Continuar cuando aparecen dificultades requiere convicción.

El calzado ha atravesado muchas crisis a lo largo de su historia. Cambiaron los materiales, las máquinas, los mercados, las modas y hasta la geografía mundial de la producción. Y, sin embargo, nuestra industria consiguió reinventarse una y otra vez.

Tal vez vuelva a ser necesario hacerlo.

San Crispín y San Crispiniano no deberían ser únicamente una fecha para recordar lo que fuimos. Deberían servirnos para preguntarnos qué queremos seguir siendo.

Y quizá el mejor homenaje que podamos ofrecer a todas aquellas personas que hicieron grande esta industria, y muy especialmente a aquellas aparadoras cuyo trabajo permaneció tantas veces oculto, sea impedir que todo ese conocimiento termine convertido solamente en fotografías, recuerdos y vitrinas de museo.

La historia del calzado de Elda ya está escrita.

Esa historia la escribieron nuestros padres y nuestros abuelos.

Ahora tenemos delante una responsabilidad mucho más difícil: conseguir que todavía quede alguien dispuesto a escribir las próximas páginas.

José María Amat Amer
José María Amat Amer
Acerca del autor

José María Amat Amer, es un apasionado del calzado. Como ingeniero técnico, el destino lo encaminó hacia la industria de su ciudad. Como profesor de Tecnología del Calzado, llego a conocer investigando, la industria del calzado. Publicando algunos libros sobre tecnología, artesanía y desarrollo social; siempre con el calzado como única premisa. El Museo del Calzado fue una de las realizaciones que le llevó a pasar de técnico a un apasionado del zapato. Con la mejor de las intenciones, y siempre con la pretensión de prestigiar la industria y el calzado de la ciudad de Elda, colabora en este blog para crear más amigos con inquietudes similares.

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