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Boda al pie del altar principal de la capilla de la Virgen de la Salud. Década de los años 20 del siglo XX.

Al disputar el alba, la noticia corrió como la pólvora. La Elda fiel a las tradiciones seculares se levantó conmocionada, al albor del martes 20 de septiembre de 1932, cuando se conoció la noticia del robo cometido en la iglesia parroquial de Santa Ana.

Aprovechando la oscuridad de las altas horas nocturnas, se perpetró un robo que muchos tildaron de sacrilegio, pues afectó a la imagen más querida y respetada por todos los eldenses durante los últimos siglos: la Virgen de la Salud.

Hacía escasos días que la novena de las Fiestas Mayores de ese año de 1932 había terminado. La talla de la Virgen había sido devuelta al altar que presidía la capilla de la Virgen, situada en el lado del Evangelio de aquel templo parroquial inaugurado solemnemente un 25 de diciembre de 1799 y ricamente decorado por los desvelos de cura párroco Gonzalo Sempere durante las décadas centrales del siglo XIX.

Desde que en 1648 la talla de la “Mare de Deu”, que se custodiaba desde 1604 en la iglesia parroquial, fuera intitulada “de la Salud” había ido recibiendo donaciones y ofrendas de diversas pequeñas joyas por parte de fieles, conformando un pequeño ajuar con las que se adornaba a la imagen durante las procesiones y en su altar para el culto por sus devotos.

Todo sucedió antes del hora prima (6 horas), cuando se celebraba la primera de las misas del día. El sacerdote que ejercía en ese momento su ministerio como cura párroco de Santa Ana era don Luis Abad Navarro, que desempeñó tal cargo entre 1929 y 1936, cuando fue asesinado en los primeros meses de la Guerra Civil.

A juzgar por las noticias conservadas, en la madrugada del 20 de septiembre unos ladrones entraron a la iglesia y aprovechando la oscuridad y soledad del templo procedieron a despojar a la imagen de la Virgen de la Salud de todas sus joyas y alhajas que en ese momento llevaba puestas.

Poco más se sabe de aquel suceso. Nada sabemos del resultado de las pesquisas de las fuerzas del orden por localizar a los ladrones y las alhajas robadas. Y a falta de inventarios conocidos, ignoramos el botín robado.

Será años más tarde, cuando un 8 de octubre de 1942, Luis Bernabé Reig, joven labrador de Petrer (y todavía vivo), al ir a recoger piedra a un pedregal para arreglar el camino de acceso a la pedanía de Santa Bárbara, erosionado por las intensas lluvias del día anterior, y al grito "¡He trobat un tresor... he trobat un tresor! ” encontró una cadena de oro de la que pendía un Sagrado Corazón de Jesús de gran tamaño y un pulsera de media caña.

Tratándose de joyas religiosas, el padre de Luis, José María Bernabé, decidió entregarlas al cura párroco de San Bartolomé, don Vicente Hernández, por si aparecía el propietario. Pero transcurrieron los meses, e incluso varios años, sin que apareciese nadie que las reclamase. Hasta que fortuitamente, y durante el relevo de párrocos en 1946, estando reunidos don Vicente con don Jesús Zaragoza Giner, párroco entrante, junto con Teresa y Mercedes Soria, conocidas en Petrer, como “les Senyoretes”, una de ellas, al cogerla con sus manos, tocó casualmente un diminuto mecanismo y el Sagrado Corazón se abrió. En su interior encontraron un pequeño papelito con varios nombres. Uno de ellos fue reconocido por una de las hermanas. Se trataba de Eufemia Juan Amat, esposa del médico don Antonio Payá Martínez. Eufemia era de Elda y por los apellidos de las otras personas que figuraban en la inscripción, también eran eldenses. Casi de inmediato se acercaron a ver a la mujer del médico, quien reconoció la cadena y les dijo que la joya había sido donada por un grupo de feligresas de la parroquia de Santa Ana a la Virgen de la Salud y que poco tiempo después había sido robada del camarín de la patrona de la ciudad. Con bastante júbilo le fue comunicado el hallazgo a don José María Amat, cura párroco de la iglesia de Santa Ana, de Elda, quien en el transcurso de la homilía de la Misa Mayor con motivo de la celebración de la Virgen de la Salud, agradeció públicamente el gesto de honradez de la familia de Petrer.

El párroco eldense transmitió a la familia de José Mª Bernabé si tenía alguna petición que hacer. El padre de familia contestó que le gustaría que la “Mare de Deu del Remei” luciera en alguna ocasión las joyas encontradas de la Virgen de la Salud. Y así, en la procesión de la Virgen celebrada en octubre de 1947, la patrona de Petrer posesionó por las calles de Petrer con aquellas alhajas.

Talla de la Virgen de la Salud, quemada en 1936.

Acerca del autor

Autor: Gabriel Segura Herrero

De formación historiador y de profesión arqueólogo, el papel de cronista oficial de la ciudad de Elda plantea retos importantes, tanto con respecto a la memoria de mi predecesor Alberto Navarro Pastor; como al respecto del futuro, para dotar de contenido y utilidad a la figura del cronista oficial en el siglo XXI; a la par que un compromiso con la ciudadanía eldense. Las nuevas tecnologías y las redes sociales deben ser aliadas del conocimiento y de la divulgación histórica, sin faltar al rigor, pero acercando la información histórica al ciudadano. El guión de la historia de Elda está conformado y los titulares en mayúscula ya están todos escritos, pero es necesario escribir la letra pequeña, la historia de las gentes y de los pequeños acontecimientos. Es necesario poner voz a la ingente cantidad de fotografías antiguas que hasta ahora son testigos mudos de nuestro pasado. Trabajo en el que es necesario la colaboración de todos. Con el permiso de usted lector, ¡Vamos a intentarlo!.

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