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Comenzaré mi entrada de esta semana mostrando algunos datos que sirvan de contexto a su contenido.

El informe La Sociedad en Red, de 2013 confirma que la penetración de la telefonía móvil en los hogares españoles había llegado al 96 %.

De acuerdo con Observatorio Red.es, en junio de 2013 el número de líneas de telefonía móvil para comunicación personal en España era de 51.927.748, sí, más que habitantes.

El estudio Menores de Edad y Conectividad Móvil en España: Tablets y Smartphones referido a enero del año pasado, señala que el 30 % de los niños/as españoles de 10 años de edad tiene un teléfono móvil. A los 12 años, casi el 70 % dispone ya de este tipo de tecnología, y a los 14 nada menos que el 83 %. Además, esta investigación hace referencia a la cada vez menor edad de inicio en el uso de móviles, por ejemplo, en el manejo de juegos diversos, de aplicaciones de pintar y colorear o de otras relacionadas con canales de televisión, series infantiles o vídeos diversos.

Es indudable, el móvil, y en especial el teléfono móvil inteligente con acceso a Internet, ocupan un espacio y un tiempo mayor en nuestras vidas. Cada vez más están ligados a nosotros y nosotras, a lo que hacemos y cómo lo hacemos. Esto incluye nuestra manera de aprender, de decidir qué merece la pena aprender o no cuando puedes recurrir al dato a golpe de teclado, y de conocer nuestro entorno y a quienes nos rodean.

Cuando surge la pregunta de móvil sí o no en nuestra escuela tengo la impresión de no haberla entendido bien. ¿Me repite la pregunta? 

¿Por qué ese recelo ante los teléfonos móviles de las mismas autoridades educativas que promocionan el uso de dispositivos, también móviles, como tablets en el aula o que premian proyectos que involucran el uso de tecnologías de la información y la comunicación (TIC) o de las redes sociales (por cierto, inhabilitadas en muchos centros)?

Creo que no podemos obviar la cuestión de que la telefonía móvil que permite el acceso a la red existe. Nos guste más o menos, estemos más o menos acostumbrados, más más que menos con el paso del tiempo, es una verdad incuestionable y habremos de tenerla en cuenta más allá de con una prohibición que ni siquiera podemos asegurarnos de cumplir. 

Según el último de los estudios citados, un 27 % de los menores de 11 a 14 años reconoce no apagar nunca su teléfono móvil y lo mismo, en su clase, el 60 % que acude al colegio con su smartphone.

Son datos para pensar. ¿Móvil sí o no? La pregunta no es esa sino ¿móvil cómo? o ¿móvil cuándo? o ¿móvil para qué? Y lo cierto es que nos cuesta más afrontar este tipo de cuestiones porque afectan a criterios educativos más complejos que un simple veto. Porque tal vez nos exigen una formación complementaria sobre las posibilidades de enriquecimiento de nuestras prácticas y experiencias o una organización diferente o un cambio de hábitos fuera de nuestra centenaria zona de confort.

El móvil aporta muchas ventajas en el aula. Algunas tienen que ver con la personalización del aprendizaje, con la inmediatez, con las posibilidades de colaboración o de resolución de tareas cotidianas. También plantea conflictos: el equilibrio en su uso, la distracción, la seguridad, la creación de brechas en función de las distintas posibilidades económicas de las familias, del género... Me parece que son aspectos que demandan a voces tratamiento educativo que no percibo en la escuela. ¿No merecería la pena abordarlos? ¿Vamos a perder la oportunidad?

 

 

 

Para saber más:

 

Blog de Antonio Omatos. (Categoría Redes sociales).

Menores de Edad y Conectividad Móvil en España: Tablets y Smartphones.

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Acerca del autor

Autor: Jesús María "Pitxu" García

Jesús María "Pitxu" García Sáenz (Vitoria-Gasteiz, 1970) es doctor en Filosofía y Letras (sección Filología Hispánica) por la Universidad de Deusto. Como profesor de Secundaria ha trabajado en el IES Azorín de Petrer y en el CEFIRE de Elda, en la asesoría de plurilingüismo y en las de referencia sobre programas europeos y coeducación.

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