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Retention, or making low achieving students repeat a year, is one of the few areas where it is difficult to find a single study with a positive effect.

John Hattie

La repetición o no de curso suscita uno de los debates más vivos que afectan a cualquier medida del sistema educativo. Los argumentos a favor y en contra se suceden en un entorno en el que la investigación parece tropezar a la hora de contrastar y evaluar situaciones y circunstancias en busca de evidencias incontestables. Un entorno, así mismo, condicionado por incercias ante una práctica ampliamente extendida en países a nuestro alrededor.

Si bien países con buena valoración de sus sistemas educativos (algunos escandinavos, Japón, Corea...) no contemplan la repetición de curso, estos no son los casos más comunes. Además, donde se da, varían las condiciones en las que tiene lugar esa repetición, bien en función de la edad o la etapa, de su número, etcétera, y las medidas complementarias que se aplican junto a ella.

Esta postura mayoritaria se funda en diversos argumentos como la previsión de futuro fracaso en el siguiente curso, el valor disuasorio contra la falta de aplicación, el castigo, la intención de evidenciar el problema y no barrerlo bajo la alfombra de una promoción automática... Algunos de estos argumentos apuntan incluso a la carga que podría suponer este alumnado para el profesorado del siguiente curso o la menor posibilidad de atención desde allí.

No obstante casos muy determinados que se entenderían como excepciones, encuentro muchos problemas a esta práctica. José Blas García Pérez, maestro y profesor asociado en la Facultad de Educación de la Universidad de Murcia, señala que la repetición se convierte en el "placebo humanitario del sistema", un placebo envenenado en forma de segunda oportunidad, que exime de responsabilidad al sistema. Es curioso pero muchas entendemos la repetición como esto, como una concesión, un favor ¿lo es? Su planteamiento nos lleva a pensar en si con ella no acabamos de convertir al alumno o la alumna repetidora en el chivo expiatorio de un fracaso que en realidad nos corresponde, al menos parcialmente, a todos y todas.

Me parece interesante añadir a la discusión no solo la posibilidad de repetir sino además la incidencia de esta decisión. A pesar de que dos países permitan la repetición de curso pueden existir diferencias muy importantes en el porcentaje de alumnado al que se aplica. Las diversidad es abrumadora. El porcentaje medio de repetidores en los países de la OCDE (alumnado de 15 años) era del 13 %, varios países no alcanzaban ni un 5 %, sin embargo España se situaba a la cabeza de aquellos en los que más se repetía, con un 35 %.  Unas cifras considerables, más si se tiene en cuenta el conjunto de aspectos comprometidos por un uso tan recurrente.

En el aspecto emocional y de convivencia, la repetición conlleva un estigma que para parte del alumnado supone una nueva dificultad. El repetidor o la repetidora es el extraño,  el nuevo en un grupo configurado y con relaciones establecidas, aquel alumno que genera inmediatamente unas expectativas negativas, hechos que poco ayudan a fomentar una autoestima con la que afrontar la meta de superar el curso en una segunda oportunidad. 

Si nos vamos al plano económico y administrativo, hemos de considerar también costes adicionales de un abuso de la repetición en el sistema educativo, costes en la inversión y, en ocasiones, también dificultades generadas en cuanto a la disponibilidad de plazas, la gestión, la creación de otro frente de acción ante el absentismo y el abandono temprano al que pueda abocarse, etcétera.

Por fin, desde el punto de vista pedagógico habríamos de preguntarnos qué conseguimos exactamente con la repetición. Si entendemos por repetición hacer lo mismo en las mismas o en peores condiciones emocionales y sociales, erraremos con ella. Se puede entender que un alumno no promocione si se le van a ofrecer otras condiciones u otras medidas, otros enfoques a través de los cuales abordar nuestro apoyo. En realidad, ahí no cabría hablar de repetición en un sentido estricto. 

La simple permanencia, volver a cursar las mismas materias, aquellas en las que ha habido un rendimiento evaluado como insuficiente y aquellas otras, en principio, superadas, ¿puede verse como una respuesta conducente al éxito o no revela más que la impotencia del sistema, de todos y todas, no solo del alumno o la alumna penalizados, al no poderse o no saberse aplicar alternativas mediante los recursos necesarios?

¿En qué otro orden, actividad, organización humana el fracaso se supera volviendo a hacer lo mismo?

Para saber más:

Eurydice La repetición de curso en los centros escolares de Europa: grandes diferencias entre países 

PISA in Focus 43 (en inglés)

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Acerca del autor

Autor: Jesús María "Pitxu" García

Jesús María "Pitxu" García Sáenz (Vitoria-Gasteiz, 1970) es doctor en Filosofía y Letras (sección Filología Hispánica) por la Universidad de Deusto. Como profesor de Secundaria ha trabajado en el IES Azorín de Petrer y en el CEFIRE de Elda, en la asesoría de plurilingüismo y en las de referencia sobre programas europeos y coeducación.

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