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Ababol

“¡Mira que eres ababol!”

Continuando con nuestra inmersión en el habla eldense, esta semana vamos a recordar una palabra que, por desgracia, está cayendo en desuso: ababol (amapola).  Probablemente las generaciones más jóvenes no la hayan oído y los de más edad puede que la hayamos escuchado a personas mayores.

Su origen etimológico nos conduce hasta el latín peninsular  “papāver” y a su vez este se vio influenciado por la palabra árabe “habb”, que significa semilla, formando de esta manera el nuevo vocablo árabe hispano “happapáwr(a)”. La RAE considera la voz  ababol del español oriental. 

Ababol llega a nosotros, a través del romance navarro-aragonés medieval, ya que durante la Edad Media esta palabra va extendiéndose desde Aragón hacia el sur, pudiendo encontrarla en zonas de Albacete, Murcia, Comunidad Valenciana, e incluso llega a expandirse hasta tierras catalanas que comparten frontera con Aragón, aunque en catalán general utilicen rosella para denominar a la amapola.

Podemos considerar pues, la palabra ababol como propia del habla tradicional eldense puesto que, por hechos históricos de conquistas y fronteras, nos llega directamente.

El significado de ababol, como hemos mencionado al principio, es el de ‘amapola’ (Papaver rhoeas), planta herbácea dotada de grandes flores rojas, semilla oscura y tallo firme, cuyos usos pueden ser variados. Debido a sus propiedades medicinales es utilizada para paliar afecciones como el insomnio, catarros, tos, etc.

Otra forma de utilizar el ababol nos traslada a los fogones, siendo sus semillas muy apreciadas para la realización de repostería y aliños culinarios.

Existe otra acepción  para ababol y es la de 'persona distraída, simple, abobada, con poco espíritu o escasa inteligencia e ingenio'.

Visto lo visto, ojico si os dicen alguna vez: "tienes cara de ababol".

 

Mardán

En una de las imágenes que ilustran este artículo, vemos un animal que en castellano general se conoce con el nombre de carnero, 'el macho de la oveja dejado como semental'. ¿Habéis escuchado alguna vez en Elda expresiones como las siguientes?:

“¿Ese es tu perro? ¡pues vaya mardán!”.

“Ese chiquillo ha crecido tanto que está hecho un mardán”.

“¿No piensas hacer nada? ¡Ahí “esclafao” todo el día pareces un mardán!”.

Como vemos, en Elda utilizamos la palabra mardán para referirnos a cualquier animal o persona grande o corpulenta y también, en sentido peyorativo, a alguien que gandulea constantemente.

Os preguntaréis ¿qué tiene que ver nuestra palabrica, y los significados que le damos, con el carnero como macho semental?.

En catalán, sobre todo occidental, existe la voz mardà y en aragonés mardano, aunque en ciertos valles del Pirineo de Aragón también se dice mardán. Todas estas palabras equivalen a la castellana carnero, y además de su uso recto para nombrar al animal en cuestión, también se emplean de manera figurada para referirse a cualquier animal o persona corpulenta, como en Elda.                                                                  Estos vocablos pirenaicos nos llegan a tierras del sur tras la conquista cristiana. El mardán cagaldero puede ser una adaptación del mardà valenciano o haber entrado por vía aragonesa, aunque cabe la posibilidad de que hayan concurrido ambos orígenes. Es de suponer que los antiguos pastores de Elda llamaran mardán al macho de las ovejas y esta palabra ha persistido lexicalizada hasta hoy con el sentido figurado que hemos mencionado.

En pueblos castellanohablantes de nuestro entorno como Sax y Villena, por ejemplo, también utilizan el termino mardán, y en Murcia la variante mardal.

En cuanto a etimología se refiere, su origen es discutido, aunque hay quién la hace derivar del latín maritalis 'marido' < mas, maris 'macho'.

Esperamos que con esta nueva inclusión en nuestra habla tradicional, hayamos contribuido a que conozcáis el origen tanto de ababol como de mardán.

 

 

 

Acerca del autor

Autores: Antonio Gisbert y María Dolores Marcos

Las casualidades existen, y así es como Antonio Gisbert Pérez y María Dolores Marcos Vila nos hemos conocido. El interés por Elda, sus gentes y costumbres es lo que ha propiciado que, por causalidad, ambos quisiéramos recuperar el habla popular de Elda, esas palabricas cagalderas que escuchábamos desde la cuna y que nos fueron transmitidas por generaciones anteriores de eldenses que amaban su pueblo.Esta huella dejada por nuestros antepasados, bien a través del lenguaje escrito y especialmente del lenguaje oral, transmitida de generación a generación, es una habla que sigue viva, que perdura a través del tiempo.

Sentimos que es nuestro deber y nuestra obligación dejar testimonio del habla de Elda a través de estas publicaciones y querer, sin pretensiones, que la forma de expresarnos en nuestro pueblo siga perdurando en el tiempo y conocida por las generaciones posteriores.Nuestro habla tradicional es una seña de identidad, nos caracteriza como miembros de un mismo colectivo y nos asegura su continuidad a lo largo de nuestra historia futura. Queda pues mucho trabajo, mucha tradición oral por estudiar y divulgar todavía y es nuestro deseo que os sintáis partícipes de este proyecto.

Estáis todos invitados. ¡HABLEMOS CAGALDERO!

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