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Con bastante frecuencia, muchas más de las que yo quisiera, leo y escucho el vocablo caldo para referirse al vino. Personalmente lo considero un error y una falta total de respeto a lo que esta bebida representa, quedando las personas que lo catalogan de esa manera como alguien que desconoce totalmente el mundo del vino y que simplemente se encuentra realizando una entrevista o un artículo sin llegar a pensar lo mal que suele sentar esa palabra.

En una redacción, en una entrevista o en un artículo, todos sabemos que queda bastante mal repetir una y otra vez la misma palabra, se buscan sinónimos y todo arreglado. Como la palabra vino no cuenta con ninguno, se usa la palabra caldo, la cual reconozco que está autorizada por la Real Academia Española de la Lengua. Pues bien, se soluciona un problema pero se está creando otro peor para los que amamos el mundo del vino.

Posiblemente casi todos los lectores estén de acuerdo con mi apreciación, pero para esos pocos que aún no se encuentran convencidos y que posiblemente traten de rebatir mi opinión afirmando que la RAE muestra entre otras definiciones al vino como un” jugo vegetal extraído de los frutos y destinado a la alimentación”, quiero aclararles que cuentan con toda la razón, pero es de un mal gusto y una prueba de desconocimiento tan enorme hacia el sector vinícola que hará el ridículo cualquier persona que se atreva a dirigirse a un profesional con semejante palabra, basta con un ejemplo: cuando acudimos a un restaurante y pedimos una botella de cualquier Denominación de Origen ¿Cómo la pedimos?, como caldo o como vino.

Por muy feo que sea reiterar la misma palabra en una redacción, prefiero repetir una y cuantas veces sean necesarias la palabra vino antes que usar un término que no está acorde con el sector.

Es posible que solo exista una excepción. Aquellas personas que toman vino caliente para poder sudar y quitarse el resfriado o hacer sopas de pan con vino caliente. Posiblemente y en esa situación podríamos admitir esa definición, pero la verdad es que no conozco a nadie que tome el vino caliente y que lo moje con pan.

En resumen, cuando alguien quiera degustar un buen caldo, que se lo tome de pescado, por ejemplo, y siempre acompañado de un buen vino. Debemos de llamar a cada cosa como se merece y le corresponde, y al que no le guste o no quiera repetir la palabra vino todas la veces que sean necesarias, que le den dos tazas, pero de caldo bien calentito para que aprenda la diferencia entre uno y otro.

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Acerca del autor

Autor: José J. González

Bienvenidos a mi blog sobre enología y hostelería. Llevo 23 años desarrollando la profesión de hostelería y me gustaría que este blog fuese un punto de encuentro para los lectores del Valle de Elda y de cualquier persona que quiera seguirnos. Para cualquier sugerencia podéis escribir al correo electrónico de esta redacción.

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