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Una novela que se puede leer eligiendo el camino que se quiera.

“¿Encontraría a la Maga?”. Con esta lacónica pero intrigante pregunta inicia Julio Cortázar Rayuela, su novela más celebrada. Al leerla, uno no puede evitar hacerse otra cascada de preguntas: ¿quién es esa Maga?; ¿qué habrá ocurrido para esta urgencia por encontrarla?; ¿y además, por qué hay que encontrarla?; ¿se tratará de una muchacha perdida entre la multitud tras un flechazo, de una asesina en serie, de una pitonisa que engañó a alguien, de la imagen seductora de un anuncio?... Con esa sola pregunta, el novelista nos desconcierta a la vez que nos intriga y tal vez nos esté anunciando que si ha escrito la novela es para relatarnos el camino seguido para encontrarla. De modo que una profunda inquietud, no exenta de suspense, y una presentida esperanza, como promesa de un feliz hallazgo, nos empujan irresistiblemente a seguir leyendo. A desvelar qué ocurrirá. Y también a saber qué ocurrió antes de este enigmático inicio.

Atraparnos desde la primera frase. Eso es lo que persigue una buena novela para que no cerremos el libro en la página uno: retenernos y poner en marcha cuantos mecanismos sean necesarios en nuestro interior para engancharnos a la historia. Sin duda, además de un comienzo memorable, la novela requiere de otros muchos ingredientes que nos hagan mantener y renovar, capítulo a capítulo, el interés. Pero sin ese comienzo único, que nos capte, difícilmente habrá espacio para el resto. Una película, una canción, un anuncio, un poema… no son distintos en esto. 

No creo que haya recetas que funcionen irrefutablemente. Más bien al contrario, tal vez se trate de encontrar el inicio más eficaz, por sorpresivo y diferente, para cada obra. Presumo que un buen novelista escribe esa frase inicial, ese primer párrafo, tras acabar de contarnos su historia y buscando depositar en él alguna o algunas de las claves, de las semillas que luego germinarán para culminar cerrando la novela, ese fruto redondo cuyos nutrientes nos dejan tan buen sabor de boca una vez leída. Si acudimos a algunos comienzos inolvidables, observaremos en todos ellos que, utilizando una u otra fórmula, su finalidad siempre es la misma: cautivarnos. Veamos algunos, entre cientos.

En los diez comienzos de novelas interesantes que propongo a continuación hay un poco de todo: elementos intrigantes, imaginarios, fatídicos o fascinantes que invocan nuestra curiosidad porque actúan como un augurio de lo que nos espera; personajes que se nos presentan sin rodeos; escenarios evocadores, poéticos, sugerentes; un momento de acción o suspense que no presagia nada bueno; llamadas de atención sobre el propio relato para diferenciarlo del resto o la afirmación de un principio comúnmente aceptado para ser inmediatamente cuestionado, entre otras muchas estrategias. Léanlos, desentráñenlos y, por encima de todo, disfruten de algunos de los mejores inicios de una novela:


J.L. Borges, Patricia Highsmith y Vladimir Nabokov.

“Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne”.

El túnel, Ernesto Sabato

 

“Al despertar Gregorio Samsa una mañana, tras un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto”.

La metamorfosis, Franz Kafka

 

“Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nací, cómo fue todo ese rollo de mi infancia, qué hacían mis padres antes de tenerme a mí y demás puñetas estilo David Copperfield, pero no me apetece contarles nada de eso”.

El guardián entre el centeno, J.D. Salinger

 

“El día que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo”.

Crónica de una muerte anunciada, Gabriel García Márquez

 

“Hay algo curioso sobre las madres y los padres. Incluso cuando su propia hija sea la pequeña ampolla más asquerosa que te puedas imaginar, todavía piensan que ella es maravillosa.” 

Matilda, Roald Dahl

 

“Tom echó una mirada por encima del hombro y vio que el individuo salía del Green Cage y se dirigía hacia donde él estaba. Tom apretó el paso. No había ninguna duda de que el hombre le estaba siguiendo.”

                                                                                        A pleno sol, Patricia Highsmith

 

“Todos los chicos crecen, excepto uno”

Peter Pan, J. M. Barrie

 

“Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo. Li. Ta”.

Lolita, Vladimir Nabokov

 

“Era un placer quemar. Era un placer especial ver cosas devoradas, ver cosas ennegrecidas y cambiadas. Empuñando la embocadura de bronce, esgrimiendo la gran pitón que escupía un queroseno venenoso sobre el mundo, sintió que la sangre le golpeaba las sienes, y que de las manos, como las de un sorprendente director que ejecuta las sinfonías del fuego y los incendios, revelaban los harapos y las ruinas carbonizadas de la historia.” 

Fahrenheit 451, Ray Bradbury

 

 “Le cruzaba la cara una cicatriz rencorosa: un arco ceniciento y casi perfecto que de un lado ajaba la sien y del otro el pómulo. Su nombre verdadero no importa; todos en Tacuarembó le decían el Inglés de La Colorada”. 

La forma de la espada, Jorge Luís Borges

Franz Kafka, Roald Dahl y Gabriel García Márquez.

Comentarios  

0 #1 Rafael Juan Ortega 15-05-2016 16:10
Hombre, Rafa. Me sabe mal que no cites, aunque sea archisabido, el principio del Quijote. Y, en otros ámbitos", el principio de Beltenebros, de Muñoz Molina, no está nada mal: "Vine a Madrid a matar a un hombre a quien no había visto nunca". Un abrazo, fiera.

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Acerca del autor

Autor: Rafael Carcelén

Además de disfrutar como maestro de escuela, me encanta escribir. Y leer. Y subir los montes alicantinos. Y jugar al ajedrez. Y… siempre me sigue apeteciendo aprender. Y segregar lo que aprendo -lo que vivo, lo que siento- en artículos, poemas y aforismos como éste: “¿Es imaginable la felicidad en un grano de pimienta?”

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