Imprimir
Visto: 2036
Compartir en FacebookCompartir en TwitterCompartir en Google PlusCompartir en WhatsApp
El cangrejo de Chuang Tzu.

“Entre sus muchas virtudes, Chuang Tzu tenía la de ser diestro en el dibujo. El rey le pidió que dibujara un cangrejo. Chuang Tzu respondió que necesitaba cinco años y una casa con doce servidores. Pasaron cinco años y el dibujo aún no estaba empezado. “Necesito otros cinco años”, dijo Chuang Tzu. El rey se los concedió. Transcurridos los diez años, Chuang Tzu tomó el pincel y, en un instante, con un solo gesto, dibujó un cangrejo, el cangrejo más perfecto que jamás se hubiera visto”.

Con este breve pero jugoso relato cierra Italo Calvino la segunda conferencia, de sus Seis propuestas para el próximo milenio, dedicada a la Rapidez. Y me parece bastante elocuente de lo que nos quiere transmitir. Nada que ver con la velocidad física y las prisas del día a día. “Rapidez de estilo y de pensamiento quiere decir sobre todo agilidad, movilidad, desenvoltura, cualidades todas que se avienen con una escritura dispuesta a las divagaciones, a saltar de un argumento a otro, a perder el hilo cien veces  y a encontrarlo al cabo de cien vericuetos”. Festina lente, es decir, aventurándose sin prisas, divagando, solazándose pero de un modo desenvuelto y ágil.

Me parecen muy valiosas sus referencias a la leyenda de Carlomagno, Galileo o Mercurio y Vulcano, pero lo extraído del Zibaldone de Leopardi deviene profético. Para el poeta romántico, recordemos que lo escribió hacia 1830, “la rapidez y la concisión del estilo agradan porque presentan al espíritu una multitud de ideas simultáneas, en sucesión tan rápida que parecen simultáneas, y hacen flotar el espíritu en tal abundancia de pensamientos o de imágenes y sensaciones espirituales (…) La fuerza del estilo poético, que en gran parte es una con la rapidez, no es placentera sino por estos efectos”.

Emblema que representa Festina Lente.

La pintura gestual de Pollock y los expresionistas abstractos ilustra bien esa idea de agilidad y rapidez mental y física para ejecutar la obra. Como en Chuanzg Tzu. Pero incluso en la demora, como esos jugadores de ajedrez que se sumergen a calcular variantes ante una posición concreta, hay que ser ágil, rápido calculando, yendo y viniendo mentalmente de una a otra casilla con las piezas para elegir siempre el camino más corto y más certero. Una buena sinapsis para valorar, aligerar, relacionar y elegir la senda adecuada ante el tablero o ante la página en blanco. Sin esa chispa, inteligentemente emotiva, ¿qué escritura merece la pena?

En esta época de la comunicación velocísima y de largo alcance, de uniformización y homogeneidad, “la función de la literatura es la de establecer una comunicación entre lo que es diferente en tanto es diferente, sin atenuar la diferencia sino exaltándola”, subraya Calvino.  Y, a propósito de la concisión y la rapidez, nos deja en esta conferencia un cumplido vaticinio: “En los tiempos cada vez más congestionados que nos aguardan, la necesidad de literatura deberá apuntar a la máxima concentración de la poesía y el pensamiento”.

Niños ante un gran lienzo gestual de Jackson Pollock.

¿Qué opina el lector de esa posible concentración de poesía y pensamiento?