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Hace unos días aparecía en prensa un artículo que cuantificaba en 101 manadas, 350 hombres, los que estaban siendo juzgados por delitos de agresión sexual en grupo.

La pregunta obligada que habría que hacer es: ¿qué les está ocurriendo a nuestros jóvenes/adolescentes?

Hace bastantes años la iniciación afectiva/sexual se producía con el primer beso. Con la descarga hormonal de la edad, todas/os queríamos saber más sobre sexualidad, mundo censurado y prohibido.

Si querías ver un cuerpo desnudo o casi..., tenías que comprar alguna revista como Interviú que era la copia castrada del Playboy americano.

Si querías más, tenías que hacerte con alguna publicación porno, alquilar una película o ir a un cine dedicado a estos temas. Era como un choque de trenes, entre la educación sexual recibida, o sea ninguna y la explosión biológica hormonal. Por supuesto solo podías acceder a este material si tenías más de 18 años.

Pero con la llegada de Internet, todo ha cambiado:

Ahora la pregunta reina en cualquier conferencia sobre tecnología e hijos, es: ¿a partir de qué edad es recomendable que mi hijo tenga móvil?

Es como si la edad instruyera a nuestros niños en las normas y límites de las tecnologías, ósea en que contenidos son adecuados para ellos y cuales no.

Si nadie los acompaña y enseña, otros con intereses comerciales y turbios lo harán, y aquí es donde entra la pornografía.

Si ningún padre en su sano juicio, dejaría ver a su niño pequeño una película de terror, porque no es adecuada a su edad, tampoco sería adecuado que viera una porno. Pero si tiene acceso a un móvil, tenemos que instruirle en lo que se va a encontrar.

Supongo que como padres, no seremos tan lelos de pensar que cuando a nuestros hijos les aparece un banner (anuncio) con la imagen de una chica/o semidesnudos y el mensaje “si no tienes 18 años no aprietes el botón”, ellos no lo apretarán; pero en la intimidad de su habitación, cuando nadie los ve, con una sonrisa picarona lo pulsarán y tendrán acceso al mundo prohibido.

El problema no queda aquí, sino que nuestros adolescentes, están reproduciendo estereotipos de estas películas en la vida real:

  • Cuerpos totalmente depilados.
  • Relaciones donde el objetivo es el final masculino, donde ellas son solo un receptáculo sin posibilidad de disfrutar.
  • Relaciones sin preservativo. Aumentando de forma alarmante, tanto el riesgo de embarazos no deseados como de enfermedades de transmisión sexual.
  • Ha crecido la demanda de la pastilla del día después como método anticonceptivo.
  • El pensar que cualquier mujer está dispuesta y disponible para ser “empotrada”, y aquí es donde aparecen las manadas.

Cuando se proyectó por primera vez Superman, todos los profesores, madres y padres, nos apresuramos a explicar a nuestros hijos que por llevar una capa roja nadie podía volar, que era solo una fantasía

¿Por qué no podemos hacer lo mismo, aunque los protagonistas no lleven capa? más bien no llevan nada.

Este artículo también lo podéis encontrar en el blog http://www.adiccionesadolescentes.es

Mi próximo artículo se titulará:

“Las 3 cosas que activan el cerebro”

Thanks to the translation done by Sara Cremades González (teacher and philologist), you can read this article in English:

Herd’s effect

Some days ago, I saw an article in the newspaper quantifying 350 men into 101 herds, who were being judged by sexual aggression in group.

The main question we may ask is: what is happening to our teenagers?

A long time ago the affective/sexual initiation started with the first kiss. With the age’s hormonal shock, all of us wanted to know a little more about sexuality, a complete censured and forbidden world.

If you wanted to see a naked body, you had to buy some magazine such as ‘Interviú’, the castrated copy of American’s playboy.

If you wanted more, you had to rent a porn movie or go to a cinema dedicated to these topics. It was like a crash between the non-existing sexual education and the biological explosion. Needless to say that you could only access to this material if you were over 18.

But with the arrival of the Internet, everything has changed: nowadays the main question in any conference about technologies and kids is: at what age should I buy a mobile phone to my child?

It seems like the age could teach our children the rules and limits about technologies, or about which contents are suitable for them and which ones not.

If nobody teaches them, other people with commercial interests will, and here is where pornography plays its role.

Not a single parent in his right mind would let his little son watch a terror movie, because it is not adequate for his age, in the same way that it would not be suitable for him to watch a porn movie. But if he has access to a mobile phone, we have to instruct him about what he or she is going to discover.

I suppose that, as parents, we cannot be so simple to think that when our kids see a banner with the image of a girl or a boy naked and the message says ‘if you are underage do not click the button’, they are not going to press; but in their intimacy, when nobody can see them, they will surely press it and will have access to the forbidden world.

The problem does not stop here. Our teenagers are reproducing stereotypes of those movies in their real lives:

  • Shaved bodies
  • Relationships where the main aim is the male’s end, and where the woman is just a receptacle, with no possibilities of enjoying.
  • Relationships without condom. These ones are increasing alarmingly, and with them the risk of unwanted pregnancy and sexually transmitted diseases.
  • There is a higher demand of the morning-after pill as a contraceptive method.
  • The idea that any woman is available of being ‘fucked’, and here is where herds appear.

When Superman was projected for the first time, everyone (parents, teachers) tried to explain our children that you are not able to fly even if you wear a red cape, that this is just a fantasy.

Why can’t we do the same thing, even if the protagonists do not wear a cape? Rather, they wear nothing.

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Acerca del autor

Autor: José José Gil

Me llamo José José Gil (J.J.) y soy Enfermero de la Unidad de Conductas Adictivas de Elda. Reconozco que soy un apasionado de mi trabajo y como profesional y padre llevo muchos años investigando las ADICCIONES ADOLESCENTES.

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