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Alfredo Ferre Martínez tiene solo 20 años y es uno de los mejores violonchelistas del mundo. Desde hace cuatro años estudia en la Escuela Reina Sofía de Madrid, un centro de alto rendimiento para músicos de todas las nacionalidades, en la que entró tras un riguroso examen con 16 años de edad. El eldense ha conseguido destacar allí también, pues la propia Reina Sofía le entregó el premio al alumno más brillante de la Cátedra de Violonchelo de esta selecta escuela. El próximo sábado, día 5 de septiembre, Televisión Española retransmitirá su actuación como solista en el Auditorio Nacional de Música de Madrid el pasado 12 de junio, con el Concierto nº 2 para violonchelo y orquesta de J. Haydn, con la orquesta Freixenet de la Escuela Superior de Música Reina Sofía, dirigida por Günter Pichler, será a las 8 de la mañana en los Conciertos de La 2 de Televisión Española.

El eldense Alfredo Ferre es un joven sencillo, con los pies en el suelo. Lleva cuatro años viviendo en Madrid dedicado al estudio y perfeccionamiento del violonchelo en la Escuela Reina Sofía y participa en decenas de conciertos. La vida en un centro de alto rendimiento es muy sacrificada, pues cada día recibe varias horas de clases individualizadas, estudia durante unas seis horas en cabinas insonorizadas o ensaya con su grupo de cámara de la escuela, en la cual entra a las 9 de la mañana y sale a las 10 de la noche.

Estudiar en la Escuela Reina Sofía es un sueño porque las clases están focalizadas en el instrumento, son individuales y con docentes del máximo nivel. La profesora Titular de violonchelo, Natalia Shakhovskaya, que le ha dado clase hasta los 80 años de edad, e Ivan Moniguetti que le sucedió el pasado curso, fueron alumnos de Rostropovich. Unos profesores excelentes de la exigente Escuela Rusa, en la que la interpretación "nunca está bien del todo, siempre hay que estudiar más y más, hasta que te dicen ‘bastante bien’ y te crees el rey del mundo", afirma el joven músico.

En Madrid, además, está realizando el último año del grado superior de Violonchelo, una carrera que se compone de 14 cursos y que Alfredo Ferre inició con ocho años en el Conservatorio Ana María Sánchez de Elda, donde concluyó con el Premio Extraordinario de Fin de Grado Profesional.

La 2 de TVE emitirá un concierto con Alfredo Ferre como solista el próximo sábado a las 8 de la mañana | Jesús Cruces

Su inclinación por la música le viene desde pequeño, pues su madre, la pianista y profesora Cristina Martínez, la escuchaba e interpretaba en casa y tenía un grupo de cámara que ensayaba allí. Su padre también es un gran aficionado a la música.

Sus grandes dotes como violonchelista le valieron ganar la prestigiosa beca de la Kronberg Academy de Alemania, donde los mejores profesores del mundo de varios instrumentos dan clase a un reducido grupo de alumnos cada uno, por lo que se puede decir que allí se congregan los 150 músicos con más proyección internacional. Además, cada docente escoge un alumno para participar en el festival de conciertos de la ciudad, y Alfredo fue el seleccionado por su profesor, por lo que del 25 de septiembre al 3 de octubre viajará a Alemania.

Sensibilidad y temperamento

Sus profesores consideran que tiene una sensibilidad especial y mucho temperamento: "Dicen que consigo atraer la atención del público y que sientan conmigo; eso es muy importante porque cuando uno va a un concierto espera que le mueva algo por dentro, que le haga olvidar sus problemas".

El sacrificio es un concepto que Alfredo que tiene muy claro: "No se vive del talento y es necesario un esfuerzo y una dedicación tremenda, aunque cuando descanso una semana en verano, al quinto día estoy que me subo por las paredes porque quiero coger el instrumento", comenta.

A pesar de que se siente muy feliz como músico, echa de menos dos cosas: poder tener una mejor preparación física para que el cuerpo no se lesione con tantas horas de estudio, y también psíquica para afrontar la presión de los conciertos como solista ya que tiene que estar al máximo nivel: "Me gustaría practicar el deporte, yo hacía natación, pero no tengo tiempo y estoy empezando con el yoga; respecto a la presión, la llevo como puedo porque es mayor que cuando tocas en una orquesta, pues a nosotros nos preparan para ser solistas". Una vida muy sacrificada: "Es una carrera de fondo, necesito tener la espalda a los 50 años como la tenía con 20 porque vivo de esto". Además, frente a un escritor o un pintor, el músico une arte y deporte: "Tienes que entrenar como un deportista, y crear como un artista".

Como intérprete se considera "más pasional que mental, lo cual es una virtud, pero también un problema porque a veces te hace perder el control en el escenario". Uno de los peores momentos que recuerda fue en los días previos a su actuación en el concierto que veremos el sábado en Televisión Española, "es el auditorio más importante de España, estaba ante una orquesta de 60 músicos, compañeros y amigos que te escuchan, y además se graba para televisión, por lo que la semana anterior tuve un nudo en el estómago. Pero cuando salí al escenario me vine arriba y conseguí disfrutar", indica. Después del concierto, el director de la orquesta le presentó a la Reina Sofía: "Me preguntó mi edad y se interesó por mi trabajo".

Amigos y rivales

Alfredo Ferre escogió el cello como instrumento "porque me gustó su timbre, dicen que se parece a la voz humana, y es más dulce que el violín, que me parece muy agudo. Mi madre me dijo que no eligiera el piano porque nos pelearíamos, y se lo agradezco porque así tocamos juntos; me gusta tocar con ella porque conoce mis gustos y nos compenetramos". Hace dos años pudimos escucharlos a ambos en la Serenata a los Patronos en el templo de Santa Ana y el año pasado actuó como solista con la Orquesta Teatro Castelar, dos momentos en los que disfrutó: "Tocar en casa me gusta mucho, conoces a casi todo el mundo, es un apoyo extra", afirma.

La relación con otros músicos, ya sea en la Escuela o en Kronberg, es buena: "La convivencia es genial: los músicos somos de otra pasta y estamos un poco locos, será porque estudiamos bastante y hay gente que no puede entenderlo, pero entre nosotros sabemos que estamos metidos en lo mismo. Compartimos muchas horas de ensayos, es como la convivencia de un piso, a veces terminas tirándote de los pelos, pero también une". A la vez existe rivalidad: "Sí que existe mucha competitividad, los compañeros en general buscan quedar por encima de ti cuando interpretan. Yo intento salir de eso porque, si no, acabas solo en la vida", afirma con sentido común. Por ello, comenta que "es importante ser sensible a la música y a la vida en general, un músico expresa sentimientos, y si no has vivido, no puedes comprenderlos".

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