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12 JUL 2020 Fundado en 1956
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María Salud Sánchez trata con sus alumnos redes sociales.

María Salud Sánchez es profesora de secundaria del Colegio Santa María del Carmen de Elda. Su testimonio representa el de muchos profesores que siguen teletrabajando desde sus casas con sus alumnos. Una labor invisible a la que se han tenido que adaptar con urgencia, incorporando en su día a día nuevos formatos muy diferentes de las aulas y las libretas para impartir clases, poner trabajo y corregir tareas.

 "Aún recuerdo aquel viernes 13 de marzo, el último día de clases antes de empezar la cuarentena en la que estamos inmersos. Si cierro los ojos y puedo ver las aulas vacías recuerdo la mirada de inseguridad e incertidumbre con la que algunos de mis alumnos me preguntaban si recogían todo el material, si volveríamos pronto, recuerdo el silencio en los pasillos, un silencio anómalo en un colegio, pero necesario y responsable en este momento que nos ha tocado vivir, y a partir de ahí, una nueva realidad a la que adaptarse.

¿Cómo seguiríamos con las clases en medio de este caos? Siempre he sabido que los profesores son referentes para sus alumnos, y ese día además lo sentí intensamente, sabía que mis alumnos necesitaban respuestas. Sabía que lo primero que tenía que hacer esa misma tarde era mandarles un mensaje explicándoles la situación excepcional que nos había tocado vivir, transmitiendoles seguridad, explicándoles cómo íbamos a dar clase a partir de ahora, cómo seguiríamos con nuestras rutinas, diciéndoles que estábamos juntos en esto, como dice la frase que adorna nuestra clase desde septiembre “ somos una piña”.

Y ese fue el principio para empezar a replantearme un montón de cosas: primero las programaciones, tengo claro que no podemos funcionar a la misma velocidad que en clase, y eso que en nuestro centro somos unos afortunados y estábamos preparados digitalmente, pero cada alumno en casa tiene una realidad, que debemos comprender. Segundo, la metodología para impartir las clases: he aprendido a una velocidad de vértigo nuevos programas informáticos para poder dar clase online, para grabarme y abrir un canal de mates en youtube, para usar el portátil como una pizarra, he montado en casa una auténtica torre de control, y ha valido la pena, porque gracias a eso, pese a la distancia, puedo enseñar y acompañar a mis alumnos en mitad de esta crisis. Y así empezamos a funcionar, y no nos va tan mal.

Anécdotas tengo muchas, unas graciosas, como el alumno que te pide permiso para ir al baño estando en casa, o que en un ataque de sinceridad, otro alumno me confiese cómo copió una pregunta en una prueba. Hay otras emotivas, como que me manden recuerdos de alumnos a los que no les doy clases, que te digan cada vez que nos conectamos lo que te echan de menos, y los infinitos mensajes de cariño que me dan día tras día.

Comparto con vosotros mi experiencia, pero me consta que es similar a la de muchos compañeros, de mi centro y de otros centros.

Hace años que estoy escuchando en cursos que he realizado impartidos por distintos “gurús de la educación”, así como a muchos representantes políticos educativos, la afirmación de que los profesores debían reinventarse o podrían extinguirse, que el mundo estaba cambiando, que los alumnos podían llegar al conocimiento a través de un click, o visionando un tutorial…, pues hoy puedo responderles (y no dudaré en hacerlo si alguno me lo vuelve a decir) que NO. En estas semanas dando clase a distancia puedo asegurar que los alumnos necesitan al profesor tanto como nosotros los necesitamos a ellos, y es que el buen profesor transmite conocimientos, pero al mirar las caras de sus alumnos sabe si no han entendido la explicación y hay que repetirla, sabe si están saturados y es necesario parar y reírse, o si están dispersos y toca regañar. Necesitamos el contacto visual, interaccionar, porque es ahí cuando se realiza el aprendizaje. Cada clase, incluso cada sesión es diferente, por los integrantes que la forman y por el estado de ánimo en el que están.

Mi familia siempre ha entendido mi trabajo, sabe que mi horario no se limita a estar en el colegio. Como muchos compañeros, ahora he aumentado las horas de trabajo. Si antes trabajabamos, ahora aún más, aunque no todo el mundo lo perciba así, ni antes ni ahora. Yo personalmente me siento valorada como profesora, ya que los que han sido y son mis alumnos así me lo transmiten, sé que tengo el respeto de muchos compañeros y por supuesto de mi familia y amigos. Yo creo en la importancia de mi profesión y estoy orgullosa de ser lo que soy, y creo que esa pasión la sienten y la valoran mis alumnos.

Esta situación desde luego me ha hecho reflexionar, he aprendido que las crisis sacan los extremos de las personas, ahora entiendo que no todos actuamos igual ante el miedo. No sé cuántas veces he oído que vamos a aprender de esta situación, y ojalá  sea así, aunque tengo mis dudas.

Ojalá valoremos más algunas cosas cuando todo se pase (que pasará) y que no nos dejemos absorber por nuestra rutina. Cuando sufrimos situaciones excepcionales (la muerte de un ser querido, una enfermedad, y ahora una pandemia…) es cuando valoramos más el tiempo compartido con personas queridas. Por desgracia, es precisamente el paso del tiempo y nuestras rutinas diarias las que nos hacen olvidarnos de esas cosas tan importantes.

Y puestos a desear, espero que cuando todo pase, no se nos olviden ciertas cosas: que nos unen más cosas que las que nos separan, me encantaría que de esta crisis salieran pactos globales de educación, sanidad e investigación duraderos en el tiempo, en los que tengan voz los profesionales  que ejercen en primera línea, y no los que están en un despacho aislados de la realidad. Es cierto que aparecerán profesiones nuevas, pero deseo que no olvidemos que SIEMPRE vamos a necesitar profesores, sanitarios, basureros, cajeros de supermercado, panaderos, investigadores, matemáticos, empresarios, policías, y un montón más de profesiones “tradicionales”. Todas esas profesiones que homenajeamos con aplausos todos los días.

Saco muchísimas cosas positivas de esta situación, me las he apuntado, porque quiero evitar que la vuelta a la normalidad me haga olvidarlas. Como profesora estoy aún más motivada que antes a potenciar la curiosidad en los jóvenes (para los que pensaban que ya estaba todo inventado o descubierto… menudo palo nos ha dado la vida), a promover la capacidad de ser críticos, de argumentar, y a fomentar el respeto y la cooperación. Odio la competitividad en las aulas y fuera de ellas. Creo en la cooperación y solidaridad.

Deseo que esta crisis pase pronto, que podamos volver a nuestra vida normal, a los abrazos, a estar con la gente, a la alegría, a compartir momentos.

Como profesora, deseo  volver al cole, a las aulas llenas, al ruido en los pasillos, a compartir risas y regañinas con mis compañeros y alumnos.

Los profesores no solo enseñamos, también aprendemos, y espero y deseo haber aprendido de esta lección que la vida nos está dando".

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