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Ana María Ganga en el Hospital.

Ana María Ganga Valero trabaja en la limpieza del Hospital General Universitario de Elda desde hace 30 años. Cuando la planta de Traumatología, donde está destinada en la actualidad, pasó a ser una planta de COVID-19, sus protocolos de actuación cambiaron de manera radical.

“Cuando surgió esta situación, todo era un poco caótico, algo nuevo para todos e íbamos un poco perdidos.  Los primeros días escaseaban las mascarillas y llegamos a reutilizarlas en varias ocasiones, por otra parte, trabajar con los EPI (Equipos de Protección Individual) es bastante incomodo, al principio me angustiaba a la hora de retirarlos, pues tienes que seguir un orden concreto y ciertas precauciones, ahora ya es algo mecánico.

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En el Hospital la desinfección es máxima, el olor a lejía impregna toda la planta y llega a cargar la cabeza y tengo las manos resecas de tanto lavarlas, supongo que nos pasa a todos. Pero cuando entras a una habitación, te das cuenta de que lo peor es lo que viven los enfermos, ya que están solos sin poder ver a sus familiares. Por eso, aunque te dicen que no tienes que acercarte a menos de dos metros de ellos, es inevitable ayudarles, por ejemplo, cuando te piden agua, o como una señora mayor a quien no le funcionaba el móvil, y lo que pasaba es que se le había apagado el teléfono y no sabía encenderlo.

El miedo que tenía al principio a contagiarme o contagiar a mi familia parece que va desapareciendo un poco, pero la rutina al llegar a casa ha cambiado por completo, dejar los zapatos en la entrada, desinfectar llaves, móvil, bolso, todo, e ir directamente a la ducha.

Entre las compañeras hemos comentado alguna vez que no creemos que nuestra profesión sea de bajo riesgo, ya que la distancia de seguridad no es posible respetarla a la hora de limpiar las habitaciones, y también pensamos que deberían hacer test a todos los trabajadores del hospital para comprobar que realmente no somos portadores del virus.

Pienso que ahora somos más visibles ya que la limpieza es muy importante para erradicar el virus, en realidad siempre lo ha sido, sin limpieza no hay salud.

Al final te quedas con la alegría de las personas a las que les dan el alta, agradecidas con todo el personal del hospital, aunque algunas incluso hayan perdido a alguien en el camino.

Espero que nos demos cuenta de que este virus golpea a todos por igual, sin mirar clases sociales, y que una vez pasado esto seamos más humanos, que cuidemos nuestro planeta, que se está recuperando ahora que nosotros estamos en casa, creo que esto debería servirnos de lección”.

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