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23 OCT 2020 Fundado en 1956
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Juan Cruces, cámara en mano, realizando un reportaje.

Hay personas que les facilitan la vida a quienes están a su alrededor, que hacen todo lo posible por hacerles a los demás su existencia un poco más amable y feliz. Juan Cruces (Ceuta 1938-Elda 2020) era una de ellas.

Excelente fotógrafo, buena persona, siempre dispuesto a ayudar, divertido y familiar son las características que mejor definen a este gran reportero gráfico que nos dejó el pasado mes de agosto.

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Nació en Ceuta, donde se interesó por la fotografía a los 15 años de edad, ya que un tío suyo tenía una caseta donde sacaba instantáneas de los viandantes, llamada Foto Guerrero, que estaba ubicada en una plaza importante de la ciudad. Allí dio sus primeros pasos. Posteriormente aprendió el oficio con el fotógrafo Arbona, pero ganaba muy poco dinero. En su juventud se despertó su espíritu emprendedor y pensó que sería un buen negocio tomar fotos y venderlas luego a los numerosos soldados de la península que estaban destinados en Ceuta. Ganó mucho dinero con esta actividad  y llegó a multiplicar por ocho el salario de sus padres, José Cruces que era peluquero y Mercedes González, costurera de profesión.

Finalmente su padre también optó por hacerse fotógrafo. Con él ideó un concurso itinerante para vender sus instantáneas a los particulares, y así recorrieron numerosas provincias andaluzas, así como Albacete y Alicante. Su progenitor continuó con el negocio durante los dos años que duró el servicio militar de Juan y al pasar por Elda le gustó la ciudad, por lo que más adelante decidió establecerse aquí con su mujer y su otra hija.


Juan junto a su esposa Mari Carmen cuando todavía eran novios.

Entre tanto, Juan Cruces había acabado la mili y decidió casarse con su novia Mari Carmen Lago, una mujer de quien siempre estuvo muy enamorado. Pero sus padres no aceptaban que ella perteneciera a un barrio humilde, así que no asistieron a la boda. La joven pareja contrajo matrimonio y se marchó a Francia, donde vivieron dos años y nació su hija mayor, Merche.

Para Juan Cruces, Mari Carmen Lago fue la mujer de su vida y su casa continúa estando repleta de fotos de ella con diferentes edades, “era su musa” -afirma su hija María José-, y siempre tenía su nombre en la boca, “mi Mariquilla”, como la llamaba.

El tiempo lo cura todo y, ante los requerimientos de su padre, Juan Cruces decidió trasladarse a Elda en el año 1965 con su mujer y su hija. Con los ahorros se compró su casa y abrió varias tiendas de fotografía, la primera de ellas con su progenitor en la calle Jaime Balmes, pero finalmente se independizó en lo que sería Foto Estudio Ernes, en el pasaje del edificio del mismo nombre en la calle Juan Carlos I. Como anécdota curiosa, en este estudio se encontró con varias personas que llevaron su fotografía vestidos de militar en Ceuta para reproducirla o arreglarla y detrás llevaba la firma de Cruces.


Miguel Díaz fue el fotógrafo al que sustituyó Juan Cruces en el Información.

Fotógrafo de prensa

En los años 70, los fotógrafos de la prensa escrita en Elda eran Carlson, que trabajaba para La Verdad y Juan Cruces para el diario Información de Alicante. Juan empezó haciendo colaboraciones en este medio en el año 1977, pero como tenía que atender su tienda, le ayudaba Miguel Díaz Hernández. Sin embargo, el fallecimiento repentino de este hizo que Juan Cruces aceptara ser el reportero gráfico del periódico en la delegación en Elda, que cubría toda la comarca. Era el año 1984 y durante más de tres décadas fue el fotógrafo del Información en nuestra zona, donde era muy conocido. También colaboró durante muchos años con el semanario Valle de Elda.

Juan Cruces no tenía experiencia en la fotografía de prensa, pues solo había hecho algún trabajo puntual como reportero gráfico en El Faro de Ceuta, sobre todo partidos de fútbol los fines de semana.

Empezaba así la etapa más brillante de su vida profesional. Numerosos periodistas dieron sus primeros pasos en el oficio junto a él en la delegación de Elda. Al principio eran jóvenes e inexpertos y Juan Cruces les dio la seguridad que aportan los años, pero también aprendieron con él valores como el compañerismo o la perseverancia hasta conseguir el trabajo bien hecho, rápido y de calidad. Juan ejerció de Cicerone para todos ellos y su  carácter abierto y generoso les allanó el camino del periodismo local día a día, buscando temas o facilitando contactos.

Todos y cada uno de los compañeros que trabajaron con él en la delegación de Información en Elda lo recuerdan con cariño. Carmen Lizán, actual jefa de la sección de Monográficos de este diario en Alicante, recuerda: “Empecé a trabajar con Juan Cruces a finales de los años 80, cuando llegué a la delegación del periódico en Elda como colaboradora; llevaba la corresponsalía de Petrer, además de hacer reportajes por todo el Alto y Medio Vinalopó y suplementos especiales. Juan Cruces era un periodista gráfico con un talento natural. Siempre sabía la foto que había que hacer. Era un lujo tenerle como compañero, veía dónde estaba la noticia y cómo mirar a través de su cámara para conseguir que sus fotos hablaran por sí solas”.


Carmen Lizán junto a Juan Cruces.

Del cariño que le han profesado los periodistas destinados en Elda a Juan Cruces habla el hecho de que a todos los que hemos pedido su colaboración para este artículo no hayan dudado ni un momento en hacerlo: “Lo llevo en el corazón, ha sido un maestro en el periodismo y casi un padre para todos nosotros, nos llevaba de la mano”, asegura la periodista eldense Lola Francés, quien trabajó durante más de 20 años con él.

La periodista eldense Isabel Vicente, actualmente jefa de Provincia del diario Información, recuerda que sus primeros pasos como redactora los dio junto a Juan Cruces: “Muchos de nosotros empezamos muy jóvenes en la delegación de Elda y él nos sacaba de apuros. Éramos unos pipiolos y cuando teníamos problemas para encontrar temas, nos los buscaba o hablaba con las fuentes para convencerlas. Nos ayudó mucho siempre”.

Como fotógrafo artístico y de estudio consiguió importantes premios, pero cuando dijo que sí al periódico Información, posiblemente desconocía que se abría un mundo ante él que iba a despertar su pasión por el periodismo, “en seguida le encantó”, recuerda Isabel Vicente. Su carácter temperamental y apasionado sumó enteros para que se convirtiera en el extraordinario reportero gráfico que fue: “Era un placer trabajar con él, aunque a veces discutíamos, pero porque le gustaba luchar por su trabajo” añade la periodista.

Su forma de ser alegre y extrovertida le ayudó mucho en su trabajo: “Era buena persona y alegre, muy alegre, siempre riendo, con chistes continuos”, afirma Vicente. Todavía recuerda esta periodista un reportaje del barrio El Sapo. Juan Cruces se encargó de convencer al patriarca gitano para salir en la noticia y en la foto, “cuando llegamos nos estaba esperando, Juan conocía a todo el mundo”, asegura.

Lola Francés asegura, además, que Juan era una fuente de noticias porque estaba en contacto permanente con la calle y muchas personas iban a expresarle sus quejas en torno a la ciudad: “La gente no venía a la redacción a contarnos sus problemas, sino a la tienda de Juan y él hacía de filtro porque tenía un gran olfato periodístico; veía los temas antes que nadie y sabía distinguir el trigo de la paja. Luego tú tirabas del hilo”, afirma.


Comida con sus compañeros de la prensa en los años 80.

Otro de los rasgos de la personalidad de Juan Cruces era su vocación familiar, “siempre estaba con el nombre de su mujer y de sus hijos en la boca, era entrañable y nos hizo partícipes de muchas de sus vivencias”, comenta Isabel Vicente. Carmen Lizán añade que “esta era una de sus virtudes, ser feliz con los suyos. Disfrutaba con sus seres queridos”, de hecho, “era un padrazo absoluto, su preocupación nunca era él mismo, sino sus hijos, siempre sus hijos”, en palabras de Lola Francés.

Tres de sus cuatro hijos han heredado su pasión por la fotografía, María José y Pedro por la artística y Jesús por la periodística, “de pequeño me llevaba a todas partes, menos a los sucesos, claro. Yo he visto muchos partidos de fútbol en Elda desde el córner con él”, recuerda Jesús, el más pequeño, quien continúa desarrollando su trabajo con la misma profesionalidad y entrega que su padre en el periódico Valle de Elda, tanto en su formato impreso como digital. Por su parte, María José dejó la fotografía profesional en 2012 al cerrar su establecimiento, aunque ha hecho numerosos trabajos de colaboración en revistas, como la de Moros y Cristianos de Valle de Elda. Por su parte, Pedro ha tenido siempre tienda, como su padre, y lleva más de 25 años haciendo fotos artísticas en su conocido estudio de la calle Dahellos. La saga que inició el abuelo continúa muy viva en la tercera generación con su nieto Ismael Cruces, que está a punto de iniciar sus estudios de Fotografía.


Juan Cruces junto a sus hijos celebrando su 44 cumpleaños.

Incursión en la política

Juan Cruces tuvo una gran vocación de servicio que le llevó a ser concejal en el Ayuntamiento de Elda por la antigua Alianza Popular. Como muchas otras personas que no son profesionales en la materia, terminó esta incursión en la vida pública sin ganas de hablar de ella, pero se quedó con los numerosos amigos que hizo y con la satisfacción de haber intentado hacer algo para mejorar su pueblo de adopción.

Jose Cremades introdujo a Juan en la política. Aun recuerda la gran alegría que le produjo saber que iba ir en las listas a las elecciones municipales de Elda en el año 1983, “su reacción fue muy expresiva, aún sabiendo que iba de número 8 y no saldría, pero él decía que había que dar la cara y lo demás importaba menos”. Finalmente entró a formar parte de la Corporación -en la oposición y con mayoría absoluta del PSOE- casi desde el principio de la legislatura porque su amigo Jose Cremades resultó elegido senador en Madrid y tuvo que dejar su concejalía, al igual que otro compañero: “Tenía muchísimas ganas de trabajar desde lo público y el Ayuntamiento le atraía enormemente”, recuerda.

Para su amigo Jose Cremades, “Juan era un todo, por expresarlo de alguna manera, una unidad de alma y cuerpo sin división. Una buenísima persona, buen profesional y muy familiar”.

Juan Cruces fue una persona de gran carácter, pero a la vez le gustaba el consenso y puso su simpatía al servicio de que existiera una buena convivencia donde él estuviera. Aunque no era una muy religioso, asistió a la invitación que le hizo Jose Cremades a un encuentro de los Cursillos Cristiandad de la Diócesis de Orihuela-Alicante: “Los ponentes daban sus charlas, pero Juan era el que allanaba los caminos, unía a todos los asistentes, casi cuarenta, con su simpatía, sus bromas y chistes, su sinceridad y la facilidad que tenía para llegar a la gente”, recuerda Cremades.


Compañeros de la política entregando una distinción a Alberto Navarro.

Un reportero gráfico extraordinario

Juan trabajaba cada día en su tienda Foto Cruces-Ernes, donde realizaba fotos de estudio. Su hija Merche se quedaba de dependienta cuando él debía salir a hacer sus trabajos para el diario Información. Isabel Vicente recuerda que “por la mañana yo le llamaba  y siempre salíamos juntos a cubrir las noticias, ¡No hemos hecho kilómetros en su moto!”. Después de comer, Juan revelaba en su estudio las fotos en blanco y negro a toda prisa. Luego se subía corriendo a la redacción y elegía las mejores con la periodista. Era un trabajo a contrarreloj porque en esa época no existían los móviles, ni los ordenadores, ni internet. Antes de las 5 de la tarde debía dejar sus fotos metidas en un sobre en el autobús de línea que iba a Alicante. Allí un taxi recogía el sobre y lo dejaba en el periódico: “Siempre llevaba las fotos corriendo hasta la Estación de Autobuses de Elda. Corriendo, siempre corriendo”, comenta Vicente.

Por su parte, ella escribía la noticia a máquina y la enviaba por fax hasta Alicante. Entonces había que contar el número de palabras exactas para que en la redacción no cortaran el texto. Eran otros tiempos.

Juan llevó su forma de ser simpática y entrañable a su trabajo. Lola Francés le guarda un gran cariño: “Nos ha hecho la vida tan fácil tantas veces… recuerdo una ocasión en yo acababa de ser madre por segunda vez y tenía que cubrir un suceso con menores y estaba descompuesta. Juan iba por delante, abriéndome el camino y hablando con las familias, evitándome problemas, hasta me ayudó a escribir la noticia”.

Juan Cruces continuó trabajando en el periódico Información hasta rebasar con creces la edad de jubilación. Su hijo Jesús Cruces heredó su pasión por el periodismo, así que finalmente lo relevó, mientras que él continuaba encargándose de las fotos de los fines de semana con la ayuda de su nieto Abel Cruces. Así se mantuvo en activo hasta que el cuerpo le respondió porque su trabajo era su vida, su ilusión y le permitía estar en contacto con la gente, que era lo que más le gustaba.

Juan Carlos Pérez Gil es el último periodista que trabajó con él en la delegación del periódico Información en Elda: “Para mi Juanito fue un maestro del fotoperiodismo auténtico y trabajar con él me dio desde el primer día muchísima seguridad. Cuando estábamos cubriendo una noticia juntos me sentía respaldado. Su implicación, complicidad y el apoyo que siempre daba al periodista era absoluto. Cuando Juanito recibía el encargo de hacer una fotografía tenía que conseguirla sí o sí. No le importaba el tiempo que tuviera que dedicarle, las autoridades a las que tuviera que convencer ni la dificultad que entrañara el encargo recibido. Su determinación era inquebrantable y al final llegaba a la delegación del periódico con la foto”. En este sentido, Lola Francés añade que era un trabajador incansable y muy profesional: “Cuando lo llamabas para trabajar, no le importaba la hora, el pueblo al que tuviera que ir, ni dónde estuviera él” además, Juan era garantía de trabajo bien hecho porque “el periodismo escrito se sustenta en la imagen y sus fotos eran impagables”, concluye.

La variedad de situaciones, personas y temas que implica el trabajo periodístico, así como su intensidad, y a veces el riesgo, llevan a Juan Carlos Pérez Gil a decir que “podría escribir un minilibro con anécdotas, risas y llantos, episodios esperpénticos, batallitas y momentos graciosos vividos con Juanito como protagonista. Juntos también hemos pasado alguna que otra situación de riesgo. Recuerdo que muchos años atrás se produjo un gran incendio en la zona de almacenes de la finca Los Frutales de Villena. Para tratar de ofrecer a los lectores la mejor información nos acercamos al máximo al fuego. Conseguimos nuestro propósito, pero al día siguiente supimos que estuvimos muy cerca de la muerte. Las llamas se quedaron a dos metros de alcanzar los depósitos de las cámaras frigoríficas que estaban llenos con miles de litros de amoniaco. Hubiera supuesto nuestro fin tal y como nos advirtieron los bomberos cuando el incendio fue sofocado. Pero Juanito todavía tenía muchas “guerras” que cubrir”.

Juan Cruces recibió varios homenajes en vida. En diciembre del año 2009, la alcaldesa Adela Pedrosa en el encuentro anual que el Ayuntamiento de Elda dedicaba a la prensa, le entregó una placa de reconocimiento por sus 40 años de profesión periodística. En ese mismo mes y año, la Asociación de Comerciantes del Mercado de Abastos de Aspe también puso  en valor su trabajo entregándole una placa. Juan hizo amigos en todas las poblaciones de la comarca por su forma de ser a raíz de su trabajo como reportero. Concretamente en Aspe, la escuadra cristiana Viejas glorias continuó invitándole a sus encuentros periódicos durante muchos años hasta que Juan ya no pudo caminar”.


Juan Cruces recibiendo un premio de la mano de Genaro Vera.

Su generosidad le llevó a donar en el año 2012 su archivo fotográfico a la ciudad de Elda, que se guarda en la Biblioteca Municipal Alberto Navarro. Carmen Lizán recuerda que sus fotografías y negativos “ocupaban toda una habitación de la delegación del periódico Información y contenían la historia gráfica de Elda y comarca de las décadas de los 80 y 90 del siglo pasado y principios del siglo XXI”, lo que supondrá un gran legado para la ciudad cuando esté clasificado.

Cruces-Ernes fue muy valorado también como fotógrafo artístico, lo que le valió numerosos premios y la admiración de muchos aficionados. Sus hijos todavía recuerdan verlo llegar a casa cargado con siete y ocho copas de los premios de fotografía anuales que entregaba la Junta Central de Moros y Cristianos. Como anécdota, una de sus fotos presentadas a este concurso apareció sin avisarle y para su sorpresa en uno de los carteles de la Feria Internacional de Calzado.

Juan Cruces nos dejó el pasado día 1 de agosto, a los 81 años de edad, después de una larga etapa enfermo en la que estuvo arropado por el cariño de su mujer, sus cuatro hijos y sus seis nietos. En el último año tuvo dos momentos muy felices cuando lo hicieron bisabuelo por partida doble.

Todo el mundo conocía y quería a Juanito Cruces. Un fotógrafo autodidacta que trabajó durante más de media vida en su estudio Cruces-Ernes -como firmaba también sus fotos en el periódico-, y que brilló de una manera especial como reportero gráfico, profesión a la que llegó con 39 años. Sus imágenes están llenas de contenido humano, social y cultural: “Fue tan periodista como el que más y su obra constituye una radiografía del devenir histórico y socioeconómico de Elda y comarca”, afirma Isabel Vicente. Para sus compañeros de profesión fue una fortuna contar con él, “ha sido una grandísima suerte haberlo tenido al lado”, en palabras de Lola Francés. Un hombre que ha dejado una huella personal fue tan profunda, que se iguala a la profesional: “De Juanito me quedo con su enorme humanidad. Siempre dispuesto a ayudar en lo laboral y en lo personal. Un hombre bueno en el buen sentido de la palabra”, concluye Juan Carlos Pérez Gil.

 


Basilio entregando a Cruces un galardón de los fotógrafos de Elda.

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