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Los niños y padres del colegio les recibieron con cierto recelo pero pronto se ganaron su confianza.

Los seis componentes del Grupo Abril, Teresa Ruiz, Lola Romero, Cristina Poveda, Carmelo López, Isabel Soto y el niño Iago Tariku Sánchez, regresaron el pasado 22 de septiembre de su viaje a Etiopia, donde estuvieron veinte días para colaborar en los trabajos de mejora de unas aulas en el colegio Mana Baruumsa Waldoo Qal’aa, situado a 30 kilómetros de Wolisso.

Una de las voluntarias eldenses, Cristina Poveda, ha explicado que ha sido una experiencia increíble: "Los primeros dos días estuvimos en la capital Addis Abeba y después nos trasladamos a un colegio que estaba en plena selva, donde había una serie de casas. Desde allí íbamos cada día en un todoterreno con el que tardábamos más de una hora en hacer el trayecto. Nos acompañaba un amigo de Teresa Ruiz del Grupo Abril, un ethiope-cubano, Zurihun Getahun, quien vive en Etiopía y trabaja en una compañía que hace carreteras". 

Esta persona organizó el viaje y les habló de la necesidad de reparar este colegio: "Él nos ayudaba en todo y hacía de traductor puesto que la gente no habla inglés, con la dificultad añadida de que necesitábamos a su vez un traductor del oromo al amarico, por lo que a veces nos entendíamos por señales".

Añadió que ellos llevaron dinero con el que compraron materiales para pintar las aulas de adobe y poner cemento en el suelo. También compraron el material para hacer 22 pupitres: "Lo que ocurre es que los etíopes son muy lentos para trabajar y para hacer un suelo tardaban cinco días. Nosotros les ayudábamos a bajar las piedras pero, pese a todo tardaban mucho". 

La estancia del Grupo Abril coincidió con la Navidad etíope, motivo por el que los niños no iban a clase. Concretamente, en este colegio acuden unos 330 niños de distintos poblados. Son niños que no tienen nada, sólo la ropa que llevan puesta hasta que se rompe, pero no pasan hambre puesto que el 93 por ciento de la población vive de la agricultura y la ganadería, de hecho "si los niños están delgados es porque comen muy sano", dice Poveda. 

Los niños y padres del colegio les acogieron con los brazos abiertos.

Continúa relatando que "el día que llegamos se pusieron sus mejores galas, y las niñas sus mejores vestidos. El problema, aseguran, es que "su gobierno no deja entrar cosas al país, pero conseguimos pasar por el aeropuerto bolígrafos, ropa, zapatos, pinturas y chuches". 

Durante su estancia en Etiopía intentaron hacer un safari, pero la Embajada, con la que estaban en contacto, se lo desaconsejó debido a las revueltas políticas, "ya que la gente está muy cansada de que el gobierno no les ayude en nada. Además, es curioso, pero ellos no se consideran africanos, sino etíopes, y están orgullosos de que nunca hayan sido colonizados".

A Cristina Poveda, enfermera en el Hospital de Elda, lo que más le gustó fue la gente y, sobre todo, los niños, porque "te lo dan todo sin tener nada. Dormíamos en una casa de una familia de siete hijos y nos dejaron la habitación más grande para nosotros y también colchones. Por las mañanas nos daban una patata para desayunar y se ofendían si no la comíamos. También comimos cabra cruda, aunque generalmente ellos comen tortas, frutas y verduras. Los animales los utilizan para la carga y cuando no les sirven los dejan sueltos por las carreteras". 

Agrega que "a los extranjeros nos miraban al principio con recelo, pero cuando les dábamos cosas nos besaban las manos y nos abrazaban, y se reían mucho de Iago, el niño adoptivo que fue para conocer a su madre etíope, en un encuentro muy emotivo. Curiosamente, los niños etíopes se sorprendían de que Iago Taruki Sánchez, siendo negro como ellos, no pudiese hablar su idioma, además se reían porque está rellenito". 

Además, resultó curioso comprobar cómo en este país son las niñas las que tienen que ir a por agua cargadas mientras que los chicos no hacen nada. Es su cultura, son las mujeres las que llevan el peso del trabajo. En el poblado había una niña con la mano quemada por lo que "para ellos no vale para nada", y en la casa el trabajo doméstico también lo hacen las niñas. 

Lo más difícil para los seis miembros del Grupo Abril fue soportar las condiciones de vida tercermundistas, pues el hotel no tenía agua para ducharse, las comidas son excesivamente picantes y las variaciones climáticas difíciles de llevar, ya que al estar en la estación de las lluvias, en el mismo día pasaban de tener 14 grados a granizar y luego a quemarse por las altas temperaturas, pero pese a todo esperan regresar porque ha sido una experiencia sumamente gratificante.

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