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Cañadas no ha podido contener las lágrimas en su despedida | Jesús Cruces.

El de hoy es un día triste para el fútbol eldense, en concreto para el Deportivo y para su afición. El capitán del equipo azulgrana ha dicho adiós a un club al que quiere. Después de defender su camiseta durante tres temporadas se lleva 100 partidos, 30 goles y dos temporadas con el brazalete. A la afición la enamoró, pues ha conseguido cumplir parte de sus sueños como el ascenso a Segunda B y la permanencia durante dos temporadas. Pero Antonio Cañadas ha admitido que no podía más, y aunque su sueño era retirarse en este club que tanto le ha dado, lamenta que no ha conseguido "hacer que la gente crea que este club tiene un potencial muy grande para hacer cosas bonitas". Y es que se despide para irse al Lorca, un equipo que considera "un poquito suyo" con el permiso de toda una afición.

En su marcha no ha podido aguantar la emoción, con lágrimas en los ojos ha admitido que su despedida ha sido más dura de lo que creía, prueba de que lleva a esta ciudad y al escudo del Deportivo en el corazón. Pero ha avisado: lo suyo no es un adiós, es un hasta pronto, pues se ha comprometido a volver "algún día y hacer que este club por afición, por historia y por ciudad esté donde se merece, ya no a nivel deportivo, que es importante, sino también a nivel institucional. Hay mucho vínculo social, lo he vivido, he intentado por todos los medios mejorar al equipo y no lo he conseguido", que es lo que más le duele.

Ha agradecido al deportivismo su trato, altruismo, cariño, ilusión e incondicionalidad, pero les ha pedido un último favor: "Sois el mayor activo de este club, os tienen que cuidar, exigidlo".

Cañadas no se ha despedido solo, lo han arropado amigos y compañeros, como Juanjo o José Sánchez, también le han acompañado trabajadores, aficionados, y muestra del buen trato que ha tenido siempre con todos con los que ha tratado, también los medios le han dicho adiós entre aplausos. Aunque admite que ha echado de menos a gente de la antigua directiva.


Compañeros, trabajadores y afición han arropado a Cañadas en su adiós | Jesús Cruces.

En su adiós ha querido disculparse con su afición: "A todo aquel que se sienta dolido con mi marcha le pido perdón, pero estoy exhausto, me voy con la cabeza alta, orgulloso, me quedo con una anécdota que recordaré siempre. Fue en el ecuador de mi lesión, cuando yo entrenaba solo, llegó una excursión de un colegio al campo, se me acercó una niña y me dijo: 'Cañadas, dice mi padre que eres muy buena persona' y sinceramente es el mejor halago que me han hecho en toda mi carrera, precisamente eso quiero que la gente se lleve de mí". 

También ha tenido palabras para la organización del club: "Llevo tres años viendo cosas que no son normales y que no he visto ni veré en ningún club del mundo. Lo más difícil lo tenemos, que es el dinero, es triste que tengamos el salario del futbolista y que todo lo demás sea un desastre, por no tener, no tenemos ni teléfono. Mi lucha durante estos tres años ha sido hacerle ver a quien mandaba que así no se puede trabajar, que era pan para hoy y hambre para mañana, hay que hacer unos cimientos sólidos. ¿Por qué este club no tiene una base? Son cosas que no tienen sentido. El futbolista que llegue al Deportivo no se debería querer ir, no tiene que tomarlo como un trampolín, sino como un objetivo, era lo que quería conseguir", ha lamentado. 

Para el jugador lo más incomprensible en este club es "que no se escuche a la afición, que no se le deje participar, aquí lo tienen todo para triunfar, y no lo hacen porque no quieren, si hacen las cosas como un club profesional se puede llegar muy lejos". Por ello pide "que el club no continúe en el inmovilismo que le ha caracterizado estos años, hay que apelar a la excelencia, cuidar los detalles y comenzar a edificar desde abajo, tener una base que nos haga grande, pues tengo que pedir a la afición que me permita sentir que soy parte de este club".


Cañadas se marcha con la cabeza bien alta y llevándose el cariño de toda una ciudad | Jesús Cruces.

Ahora echa la vista atrás y afirma que "en Elda he sido feliz, aunque no he tenido ni una semana tranquila, me he dado cuenta que quiero tanto a este club que me he metido donde no me llamaban. Estoy cansado. No puedo seguir al lado de una junta nueva. Me han pedido que me quede, pero no puedo más. Aunque tienen ilusiones renovadas, yo estoy viciado porque creo que sería un engorro para ellos porque no les pasaría ni una, ya me he extralimitado en mis funciones en al menos cuatro ocasiones, creo que podría ser un obstáculo". Para sus últimos años como profesional, admite que necesita pensar solo en el fútbol: "No merezco acabar mi carrera con la cabeza siempre en otras cosas, llevo tres años pensando en todo menos en fútbol, podría haber rendido más si hubiese estado en un club normal".

En este club también ha vivido momentos difíciles, de hecho, lo que más le dolió tras demostrar su implicación con el club y con la ciudad fue "que algún directivo, que demostró no conocerme, dudase de mi profesionalidad. Yo siempre he hablado en el campo, no con un gintonic detrás de una cristalera", afirma con orgullo.

El fútbol todavía disfrutará con Cañadas, pues "aunque desde hace cinco años hay quien quiera retirarme, mi pasión me hace sentir que todavía puedo dar más de mí". El Deportivo Eldense deberá esperar a que cuelgue las botas para volver a tener cerca a Cañadas, pues lo suyo no ha sido un adiós, sino un hasta pronto. Y es que ha asegurado que espera volver al equipo para conseguir que crezca y tenga una estructura firme y sólida.


Todos los que han tratado con el jugador a diario le han mostrado su cariño | Jesús Cruces.

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