sábado, 4 de febrero de 2023

Los profesores echan de menos la cercanía con sus alumnos por encima del miedo al contagio

Los colegios e institutos están funcionando con normalidad desde el primer día de clase del curso aplicando estrictas medidas de seguridad para evitar los contagios, generando una de las situaciones más paradójicas de esta pandemia en la que están prohibidas las reuniones de más de seis personas y, sin embargo, en las aulas se concentran grupos que van desde los 20 niños en Infantil y Primaria, hasta los 35 adolescentes en el caso de la ESO, Bachillerato y Ciclos Formativos.
Clara de Haro
1 noviembre 2020
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Los profesores echan de menos la cercanía con sus alumnos por encima del miedo al contagio
Los menores acuden a clase cada día.

Los colegios e institutos de Elda y Petrer funcionan con normalidad desde el primer día de clase del curso aplicando estrictas medidas de seguridad para evitar los contagios. En educación se genera una de las situaciones más paradójicas de esta pandemia en la que están prohibidas las reuniones de más de seis personas y, sin embargo, en las aulas se concentran grupos que van desde los 20 niños en Infantil y Primaria, hasta los 35 adolescentes en el caso de la ESO, Bachillerato y Ciclos Formativos. Los centros están gestionando bien los casos de alumnos y profesores contagiados por COVID-19 para que el curso presencial pueda seguir en marcha. Llama la atención que el aspecto más difícil que los profesores destacan de esta situación sea la falta de cercanía con los alumnos, frente al miedo al contagio.

Los profesores se han convertido en una profesión de alto riesgo por la gran cantidad de horas que pasan en clase con grupos muy numerosos de alumnos. Aunque las medidas de seguridad las aplican en los colegios con rigor, es difícil mantener las distancias en una profesión como la enseñanza, donde se trabaja con niños y jóvenes, además de que las clases tienen un tamaño fijo al que hay que adaptarse.

La tarea docente se complica mucho al tener que dar las clases con la mascarilla puesta, además de  la pantalla en el caso de los grupos burbuja, lo que obliga a los profesores a forzar más la voz. Por su parte, los alumnos a partir de 5º de Primaria, también se enfrentan a la incomodidad de llevar puesta la mascarilla durante muchas horas, lo que imposibilita una buena comunicación con sus profesores. Tu también este esfuerzo extra está haciendo que los docentes acusen un cansancio mayor, y cuando llega el viernes están agotados.

Por otra parte, la pandemia ha obligado a cambiar la metodología docente en muchas clases, suprimiendo los trabajos en grupo como cooperativos o proyectos, a la vez que los profesores deben recoger menos trabajos en papel para evitar riesgos de contagio en las clases.

Este cambio metodológico obliga a los grupos, excepto a los burbuja, a volver a las clases tradicionales, lo que unido a las fuertes medidas de distancia física entre todos, está haciendo que no se respire la misma alegría que siempre ha sido consustancial a los centros educativos, a pesar de la proverbial energía de niños y jóvenes.

El periódico Valle de Elda ha querido saber cómo viven esta situación los docentes de Elda y Petrer. La mayoría de los profesores consultados ha coincidido en que lo más difícil para ellos está siendo mantener la distancia física con los alumnos porque la cercanía es fundamental en su trabajo, por encima de inconvenientes como llevar mascarilla, forzar la voz o el riesgo al contagio.

Los colegios están aplicando los estrictos protocolos de seguridad que llegan desde la Conselleria de Educación, como mantener la distancia entre los pupitres, impedir que los alumnos mayores se levanten entre horas, que se crucen por los pasillos, la aplicación constante de gel hidroalcohólico o vigilar que cuando almuercen guarden las distancias durante los recreos, donde además tienen espacios acotados. Una situación que están sobrellevando tanto alumnos como profesores con una gran serenidad, a pesar de que muchos docentes son grupo de riesgo por su edad.

El frío

La ventilación es esencial para evitar los contagios, por lo que las ventanas de las clases se mantienen abiertas durante todo el día, cosa que esperan seguir haciendo cuando llegue el frío, ya que en un aula con tantas personas el ambiente se satura en tan solo siete minutos. “Este año se verán imágenes nunca vistas en clase, estudiantes con bufanda, anoraks y ropa de abrigo, a pesar de que esté la calefacción, pero será necesario”, señala la directora  del IES La Melva, Isabel Coves. 

La mayoría de los profesores preguntados por Valle de Elda sobre cómo ha cambiado su tarea docente con la pandemia, destacan que lo más complicado está siendo la “distancia social” tanto la que deben establecer con los alumnos, como la que se impone también entre los escolares “porque un colegio es también compartir momentos y lo que más me cuesta es psicológicamente no poder tener una cercanía con los alumnos, o ver que ellos no pueden hacer sus actividades normales como jugar al fútbol en el patio”, asegura Isabel Fernández, profesora de Inglés de ESO y Bachiller en el colegio Santa María del Carmen de Elda.

Juan Pablo Maciá es profesor de Física y Química de ESO y Bachillerato en el IES Azorín y coincide en que “la dificultad, aparte de dar clase con mascarilla, es perder el contacto con los alumnos, que no se pueden acercar a ti para preguntarte dudas, ni buscarte en el departamento, para ellos esto también está siendo difícil”, asegura.

En Primaria la situación es parecida, Igor Pinteño, director del colegio público Pintor Sorolla, afirma que “la implementación del Plan de Contingencia y Continuidad de la actividad educativa que la Conselleria ha obligado a llevar en todos los centros educativos implica mucha atención y tensión por parte del profesorado para que se respeten todas las normas y medidas sanitarias”. La propia Conselleria insiste en que las medidas sanitarias deben estar este año por encima de completar el curriculum académico, “aun así se hace difícil la impartición de algunas áreas específicas como Inglés o Música, ya que la  norma indica que preferentemente se den al aire libre, pero muchas de estas clases se tienen que dar en el aula con todas las medidas como distancia, mascarilla y ventilación continua”, afirma.

Este docente coincide con sus compañeros en que “en el ámbito afectivo es muy importante la contención que debe hacer el profesorado de la cercanía física, de la calidez de poder tocar al alumnado; es difícil mantener la idea de que existe en todo momento una barrera invisible”, asegura.

Los profesores que imparten clase en Bachillerato consideran una dificultad añadida la modificación de la ley educativa por la COVID-19 en este nivel en el que los alumnos se preparan para ir a la Universidad, ya que es posible obtener el título con varias asignaturas suspensas, "¿para qué van a estudiar si van a aprobar igual?" se preguntan.

Tristeza

Los profesores valoran seguir dando clase de manera presencial, porque online el esfuerzo que deben hacer por transmitir los conocimientos es mayor, ya que la pantalla de un ordenador no es suficiente para establecer contacto con los escolares. “Los alumnos necesitaban estar en clase y relacionarse con sus compañeros y profesores, ojalá podamos llegar hasta final de curso y, sobre todo, mejore la situación y podamos recuperar nuestras dinámicas de trabajos cooperativos, excursiones, o actividades navideñas que se salgan de curriculum académico, ya que todo esto se ha suspendido y se respira cierto aire de tristeza, pero hay que ser optimistas e ir día a día para no agobiarse”, asegura María Salud Sánchez, docente de Biología en Secundaria y Bachillerato del colegio de las Carmelitas.

Dar clase desde las 8 de la mañana hasta las 2 o 3 de la tarde requiere una energía extra también porque con las mascarillas es muy difícil para el docente comprobar que la comunicación se está dando con los alumnos: “Me tengo que conformar con verles solo los ojos, me encantaría verles la sonrisa o la cara de no estoy entendiendo nada; gracias que tenemos aún esa pequeña ventana que son los ojos”, añade esta profesora.

Esta pandemia ha puesto todavía más en valor la profesión docente, donde la calidez de la comunicación entre alumno y profesor, así como entre alumnos es esencial. Esta cercanía es también necesaria con los adultos. Esther Belda, vicedirectora de la Escuela Oficial de Idiomas de Elda, declara que “personalmente lo que encuentro más frustrante es la dificultad de seguir planteando actividades colaborativas y cooperativas para la interacción entre los alumnos ya que las limitaciones de distancia física en el aula también imponen limitaciones mentales y afectivas. Para mí es muy importante llegar al alumnado y que ellos se abran al profesorado y a otros compañeros. Esa distancia afectiva es lo que peor llevo yo”.

La situación ha obligado a los docentes a poner a trabajar a toda máquina su creatividad y su vocación porque “es importantísimo mantener la motivación del alumnado y que el aprendizaje no sea frío, sino lo más cercano y divertido posible, porque tanto el clima general como la situación particular del aula no invitan a mantener actitudes positivas y abiertas, sino todo lo contrario, por ello se impone la creatividad y la imaginación, así como el uso de las TICS para compensar”, añade Belda.

De momento parece que las medidas de confinamiento no impiden que la formación avance, “los estudiantes están siendo responsables, en cuanto hay sospecha de que están enfermos dejan de acudir y eso ayuda mucho, solo dejan de ir unos pocos de la clase, por lo que se puede seguir avanzando en la materia”, señala el director del Centro Integrado Público de Formación Profesional Valle de Elda, Cristóbal Melgarejo.

En el día a día, los profesores se encuentran con otras limitaciones, como la falta de pantallas en las clases, en el caso de los alumnos del IES Azorín, ya ubicados en modernas aulas prefabricadas, pero carentes de esta dotación tan necesaria en estas circunstancias como apoyo educativo ante la imposibilidad de aplicar las nuevas metodologías de trabajo cooperativo.

Otro escalón más en la complejidad docente este año en varios institutos, en los niveles altos de ESO y en Bachillerato es que las clases se han dividido en dos grupos y los alumnos acuden en días alternos, por lo que es fácil que estos pierdan el hilo y que se tenga que reducir el currículo, mientras que el profesor debe utilizar el aula virtual y la presencial a la vez.

1º de ESO

Por otra parte, este año la Conselleria de Educación ha introducido de manera obligatoria el aprendizaje por ámbitos en 1º de ESO, es decir, la agrupación de varias asignaturas en un mismo proyecto común, lo que ha obligado a los docentes a coordinarse y realizar las programaciones didácticas desde cero. Se trata de una metodología muy novedosa que se aplica por primera vez en todos los niveles de primero de ESO de la Comunidad Valenciana. A pesar del esfuerzo, esta experiencia en muchos casos está siendo muy enriquecedora para el profesorado que comparte áreas, como comenta Pitxu García, docente de Lengua Castellana que imparte el ámbito junto con Valenciano y Geografía e Historia en el IES Azorín. Precisamente es en los alumnos de 1º de ESO donde este profesor ha detectado que “muchos chavales han venido de estar muchos meses sin trabajar en clase, a algunos los veo muy despistados, sin hábitos de trabajo y con un nivel bajo”, añade.

De nada sirve todo el esfuerzo que realiza el profesorado y los propios estudiantes para evitar el contagio si luego no se mantienen las medidas. La directora del colegio Santo Negro, María José Guardiola, afirma sentir impotencia pues señala que “a veces siento que vivimos en dos mundos paralelos, de puertas para adentro se cumplen con las medidas, a rajatabla, pero de puertas para afuera no se aplican tanto, ni en el ambiente social, ni el familiar ni en el deportivo, es algo que nos repercute. Los contagios se producen fuera y afectan dentro, las familias tienen que concienciarse y cumplirlas”. Recalca que en las últimas semanas ve más saturada a Salud Pública: “Antes nos contestaban muy rápido y ahora tardan más, no pueden con tanto”. Para ella, como para muchos profesores, “no tiene sentido lo que ocurre con los clubes deportivos, ¿para qué sirven los grupos burbuja?”. Por ello varias veces al mes envía información en positivo a las familias para recordarles que deben cumplir con las medidas para que la educación no se pare y que los escolares puedan continuar todo el año acudiendo a clase.

Las medidas sanitarias se aplican con rigor en los centros educativos

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