domingo, 19 de julio de 2026

Las crónicas de la solidaridad tras la DANA (y II)

En esta segunda parte se ha contado con Policía Local, Cruz Roja, Bomberos y demás voluntariado que acudió al lugar
Carlos G. Ortuño
15 noviembre 2025
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Las crónicas de la solidaridad tras la DANA (y II)
Un grupo de voluntarios eldenses acudieron a ayudar al municipio de Paiporta | Imagen cedida.

Recientemente publicamos la primera parte de un reportaje en el que mostrar la solidaridad desplegada hacia las poblaciones valencianas afectadas por la DANA justo hace un año. Lo publicado en valledeelda.com durante esas fechas ha servido como hemeroteca para construir un relato cronológico de toda esa solidaridad sin límites.

Y si la semana pasada se buscó la opinión de los representantes políticos, esta nos acercamos a los profesionales y voluntarios que pusieron su grano de arena para que echar un mano a quienes más lo necesitaban. Ahora, un año después, escuchamos sus reflexiones y recuerdos de unos días en los que el dolor y la rabia se mezclaron con una marea de solidaridad extraordinaria.

Protección Civil, y bomberos

Uno de los cuerpos que pronto se movilizó es de los voluntarios de Protección Civil de Elda. La voluntaria Ana Rosa Gómez Bernal, cuenta esos momentos tan especiales todavía con emoción: “No hay palabras para describir lo que vivimos aquellos días, con personas que lo habían perdido todo y aun así estaban al pie del cañón, quitando barro, escombros y recuperando lo poco que quedaba entre los destrozos. Fueron días muy duros para los voluntarios de Protección Civil de Elda, presenciando escenas que nadie querría haber visto”, señala.

Las escenas de dolor eran conmovedoras, pero en este contexto fueron testigos de la entereza de quienes habían perdido todo: “no se rendían, intentaban rescatar algún recuerdo que el agua no hubiera destruido, aferrándose a la esperanza”. Por ello, Ana Rosa dice sentirse “profundamente orgullosa de pertenecer a Protección Civil de Elda, de poder ayudar y de haber comprobado que, ante una tragedia así, no existen razas ni diferencias. Todos nos unimos para sacar lo mejor de nosotros mismos y tender la mano a los demás”.

También desde el cuerpo de bomberos se actuó de manera inmediata. Un bombero forestal de Elda, que prefiere mantenerse en el anonimato, explica las vivencias de esos días señalando que, pese a haber pasado ya un año “lo recuerdo como si fuese ayer”. Este bombero reconoce que “va a ser difícil de olvidar todas aquellas imágenes vividas de esas casas derruidas y esa gente que tanto había perdido. Fue una experiencia emocional muy dura, con jornadas de muchas horas y poco descanso. Lo peor fueron los primeros días, donde todo era mucho más caótico y el barro te llegaba hasta más de las rodillas”.

Uno de los recuerdos que más grabado tiene es el de ver a todos los vecinos “ayudándose por arreglar esa situación para poder volver a su vida normal”, señalando que, “de todo esto ya ha pasado un año y, aunque todo esté mejor, todavía queda mucho trabajo para poder reconstruir todo aquello. Aunque algunas pérdidas no se puedan recuperar jamás y quede todo eso grabado en nuestra memoria”.

La Policía Local de Elda patrullando por Sedaví | Imagen cedida.

Policías locales

Cuando la DANA arrasó la zona, el agente Luis Miguel Viso, de la Policía Local de Elda, no dudó en movilizarse. "Cuando vimos la catástrofe, enseguida creamos un grupo para intentar colaborar", recuerda. En pocos minutos, cerca de cincuenta agentes se apuntaron voluntariamente para desplazarse a las zonas más afectadas. "Estuvimos esperando un par de días la autorización de Conselleria, y mientras tanto preparábamos material. Salimos en la primera expedición, éramos unos ocho, y trabajamos durante veinticuatro horas seguidas para ver el alcance de lo ocurrido".

Con 25 años de servicio, Viso asegura que nunca había presenciado algo semejante. "He visto de todo, pero esto llamaba mucho la atención: por la autovía ya se veían colchones, sofás… era impresionante. Cuando llegamos, no había alumbrado, todo estaba cubierto de lodo; nos quedamos todos impactados". El grupo de agentes se incorporó de inmediato a las tareas de apoyo: limpieza, rescate y seguridad: "Ayudábamos en lo que hiciera falta: retirar coches, asegurar zonas donde se habían caído muros, y garantizar que a la gente no la atropellaran".

Durante dos semanas, acudieron diariamente —de forma voluntaria y sin percibir remuneración—, especialmente por las noches. "La gente nos agradecía muchísimo la presencia. No había luz, y cuando veían pasar el coche patrulla nos daban las gracias, nos ofrecían agua o comida. Fuimos a servir ayuda y ellos nos la daban". Incluso en medio del caos, la labor policial no se detuvo. "La vida sigue, hicimos de todo, hasta detenciones. El primer día, por ejemplo, detuvimos a un varón por violencia de género". Conmovidos por la situación de sus compañeros de Sedaví, también afectados por la riada, los agentes les ofrecieron todo su apoyo. "Les dijimos que estábamos para lo que necesitaran y que queríamos volver cuando todo estuviera mejor para ver cómo había quedado el municipio. Lo tenemos pendiente".

Empresas que se unieron

También las empresas, algunas de maquinaria pesada, se unieron para echar una mano. Sebastián Ibáñez, de Promoinsa, recuerda esos días como “unos de los de mayor plenitud de mi vida, a pesar de la catástrofe y, aunque parezca contradictorio, en el ambiente se respiraba esperanza. Había una comunión sincera entre cientos de personas que querían ayudar: desde quien solo disponía de sus propias manos hasta los que, como nosotros, llevábamos medios y maquinaria pesada”.

“Cuando llegamos a Paiporta por primera vez, tres días después de las inundaciones, la imagen era desoladora, no dábamos crédito: en la llamada “zona cero” estábamos nosotros —un grupo de amigos con una excavadora— y un chico de Guadalajara que había alquilado otra máquina para ayudar. Nada más. Allí hacían falta decenas de máquinas y, sin embargo, tres días después del desastre, solo estábamos nosotros”, explica.

No obstante, reconoce que la organización fue complicada: “Movilizar decenas de camiones, excavadoras y dumpers no fue sencillo, dedicamos muchísimas horas para planificarlo y las trabas burocráticas no ayudaban”. Recuerda perfectamente cómo, al llegar de nuevo a Paiporta con más de 50 vehículos, no les dejaron pasar porque “no teníamos autorización”.Uno de los momentos más emocionantes fue cuando consiguieron, gracias a los voluntarios y maquinaria de Elda y Petrer, que una octogenaria saliese de su casa, atrapada desde hacía 11 días. “La señora, que iba en silla de ruedas, había estado gran parte de este tiempo sin luz ni agua atendida por voluntarios que escalaban entre el fango hasta su balcón”, recuerda.

Como reflexión, Ibáñez expresa que “un año después, tengo claro que somos un pueblo profundamente solidario, aunque constantemente se empeñen en dividirnos. Allí todos éramos una piña. Nadie preguntaba de dónde venías ni a quién votabas: solo importaba ayudar. Quedó en evidencia la incapacidad de las estructuras del Estado para reaccionar a tiempo —ni antes, ni durante, ni después—, el pueblo demostró estar muy por encima de nuestros gobernantes”.

Cruz Roja, Grupo Abril y voluntarios

La madrugada del 29 al 30 de octubre de 2024, cuando la DANA arrasó buena parte de la Comunitat Valenciana, la Cruz Roja de Elda fue una de las primeras en movilizarse. "Esa misma noche salimos llevando agua y todo lo que teníamos en nuestros almacenes", recuerda Ismael José Estevan González, presidente de la asamblea local. Desde entonces, añade, "no hubo un solo día que nuestros voluntarios dejaran de ir a los diferentes pueblos afectados".

Un año después, la organización ha materializado el 54% de las donaciones y atendido a más de 143.000 personas. "Desde el primer momento activamos un ambicioso Plan de Respuesta a tres años, con un objetivo claro: no dejar a nadie atrás y acompañar a las personas en la reconstrucción de sus vidas", explica Estevan. Ese plan, dotado con 115 millones de euros en donaciones, ha permitido movilizar a 7.000 personas entre voluntariado y personal laboral, ejecutar 61,5 millones de euros y realizar cerca de 490.000 asistencias. "La colaboración con entidades locales, empresas y donantes ha sido clave para transformar la ayuda en oportunidades reales de recuperación", subraya.

Las actuaciones de Cruz Roja han abarcado desde la entrega de más de 22.000 tarjetas monedero y 14.500 electrodomésticos, hasta 7.500 intervenciones psicosociales y miles de ayudas económicas a pequeños negocios.

la Asociación Grupo Abril, ONG sin ánimo de lucro que trabaja para promover y garantizar el desarrollo de los derechos sociales y civiles de los colectivos más vulnerables y desprotegidos desde el año 2010, se puso también en marcha desde el primer día. Raquel Sánchez, como representante de la asociación, explica que “ya el día 30 de octubre, habíamos contactado con las instituciones locales, otras asociaciones, empresas, comercios y nuestro voluntariado para coordinar toda la ayuda que se iba a enviar desde Elda”.

Raquel Sánchez recuerda que gracias a la colaboración de todo el mundo “conseguimos llegar al corazón de las poblaciones más afectadas para repartir toda la ayuda humanitaria que pudimos trasladar en convoyes que salían de nuestro municipio cada semana. Camiones, furgones, coches particulares en los que cargábamos agua, lotes preparados de alimentación y productos de higiene para cada familia, karchers, colchones, herramientas de limpieza para quitar lodo, estufas de gas… En definitiva, todo lo que nos pedían a través de familiares de las personas afectadas, de las redes sociales o el del WhatsApp”, recuerda con emoción.

“Un año después aún seguimos en contacto con muchas de esas familias valencianas —reconoce— y aunque poco a poco van volviendo a la normalidad, la catástrofe que vivieron será difícil de superar. Pero el pueblo valenciano sabe que puede contar con el Grupo Abril siempre que nos necesite”.

Uno de los pilares fundamentales fue la creación espontánea de grupos de ayuda. Valle de Elda recogió en su momento la historia de uno de estos grupos, organizado por Iván Aguado y más de 40 amigos, quienes colaboraron en Algemesí y describieron la situación como “apocalíptica”. Según relatan, el momento más relevante fue la limpieza del centro polivalente: mientras algunos trabajaban allí, otros coordinaban la organización a través de WhatsApp y se comunicaban con los alcaldes para saber dónde hacía más falta su ayuda.

El objetivo principal era atender las necesidades más urgentes: apartaron coches, llevaron comida a personas que estaban aisladas en sus casas por los vehículos y el barro, y colaboraron en el centro de salud. Recuerdan que los voluntarios procedían de Elda, Petrer, Sax… Fue una ayuda excepcional, organizada en apenas dos días. Posteriormente, regresaron cuando los ayuntamientos de Elda y Petrer facilitaron el transporte para continuar colaborando.

En Elda se donaron numerosos productos de primera necesidad | Ayuntamiento de Elda.

Aldaia agradece la solidaridad de Elda

La ciudad de Elda movilizó con rapidez un contingente de solidaridad, especialmente hacia el pueblo de Aldaia tras la DANA de octubre de 2024: envió toneladas de alimentos, agua, material de limpieza e higiene; fletó dos autobuses con más de 100 voluntarios especializados en urgencias y emergencias; y organizó el reparto de cerca de 2.000 raciones de comida a afectados y personal de apoyo.

Y un año después de la trágica DANA que golpeó con fuerza a Aldaia el 29 de octubre de 2024, el alcalde del municipio, Guillermo Luján Valero, dirigió una emotiva carta al alcalde de Elda, Rubén Alfaro, para expresar su gratitud por la ayuda y solidaridad mostradas por la ciudad durante los días más duros del desastre.

En la misiva, fechada el 21 de octubre de 2025, Luján recuerda con emoción los estragos que dejó la riada —“calles anegadas, fachadas con heridas abiertas, coches arrastrados y viviendas devastadas”— y cómo, en medio del caos, “emergió lo mejor de la sociedad: la solidaridad inmensa y sincera de personas como tú, de instituciones como la tuya”.

El alcalde de Aldaia subraya en la carta que el apoyo de Elda fue esencial cuando “parecía que no quedaban fuerzas” y que la ayuda de sus vecinos permitió iniciar un proceso de reconstrucción que todavía continúa. “Nos disteis ánimo, nos ayudasteis a levantarnos y nos impulsasteis a seguir adelante”, expresa en su mensaje, en el que también agradece los lazos humanos y de hermandad que se forjaron entre ambos municipios.

El escrito concluye con un gesto de reconocimiento hacia el pueblo de Elda: “No olvidaremos nunca la ayuda; tienes las puertas del pueblo que presido abiertas, de por vida”.Estos son solo ejemplos, hubo más, muchos más, que por una cuestión de espacio no se pueden incluir en este reportaje. En la primera parte del reportaje, en el número anterior, ya hablamos de algunos otros.

Esta movilización de la sociedad ya fuera desde los cuerpos y fuerzas de seguridad, ongs, empresas o voluntariado, fue algo que no solo dotó de esperanza a quienes se habían quedado sin nada: también significó una inyección de optimismo para unos pueblos que sintieron que no estaban solos. Mucha gente en muy poco tiempo se movilizó y se organizó para ofrecer lo que tenía. También lo hicieron los ayuntamientos, enviando material y organizando voluntarios, como se vio en el número anterior, y policías, sanitarios, supermercados… se actuó como comunidad con un fin maravillo, altruista. Una lección de vida extraordinaria.

Un agente salvó a un perro y solo pudo sujetarlo con un cordón policial | Imagen cedida.

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