Una ciudad de verano entre pinos: el Camping del Centro Excursionista Eldense
Hay veranos inolvidables. Para muchas familias de Elda, algunas de Petrer, e incluso de Madrid, esos veranos tenían un nombre, el camping de La Mata (o de Guardamar). Durante casi tres décadas, entre 1971 y 1998, el Centro Excursionista Eldense impulsó en una pinada situada entre Guardamar y Torrevieja un campamento de verano. Allí, a apenas unos pasos del mar, centenares de eldenses compartieron días de playa, noches bajo las estrellas -y los pinos- y una sana convivencia. Hace un mes, un buen número de antiguos "campistas" se reunieron en una comida para recordar viejos tiempos tras varios meses organizándose a través de un grupo de whatsapp.
En ese campamento había de todo. Desde un pozo central se distribuía el agua (al principio salada) mediante mangueras que recorrían todo el campamento hasta la última tienda. Cada cual tenía su responsabilidad: unos se encargaban del mantenimiento, otros limpiaban los aseos, otros hacían rondas nocturnas para que todo transcurriera con tranquilidad. Las calles se realizaban con moquetas, algunos años rojas y azules que alguien conseguía en la Feria del Calzado, y que se extendían por los pasillos de arena hasta llegar casi a la misma playa.
La vida cotidiana estaba llena de pequeñas historias que hoy forman parte de la memoria colectiva. Hubo momentos de tensión, como aquel conato de incendio en la pinada que se logró apagar gracias a una cadena humana, o la vez que se perdió una niña y todo el campamento se movilizó para encontrarla.
Pero sobre todo estaban las noches. Las del cine de verano, con hamacas y bajo las estrellas. Los fuegos de campamento -sin fuego-, con canciones, humor, concursos de baile y disfraces. Los jóvenes se reunían en «los cuatro pinos» o en la playa, mientras sonaban canciones de moda en radiocasetes a pilas.
El campamento tenía incluso sus propios rituales: los avisos al grito de "¡Atención campamento!" cuando llegaba el hielo o la cuba del agua potable; la gran caracola que se hacía sonar cuando llegaba algún vendedor ambulante; los juegos de cartas, el dominó, los bingos, las charlas interminables y los campeonatos de petanca – el deporte rey durante todo el verano para niños y mayores-.

Los primeros veranos
El origen de esta iniciativa se remonta a 1971. El 18 de mayo el Centro Excursionista Eldense decidió crear la sección de "Camping en la playa", nombrando como responsable a Gonzalo Talaya, auxiliado por Domingo Falcó. La idea era organizar un campamento estable durante el verano que permitiera a las familias disfrutar del mar y de la convivencia en plena naturaleza.
Aquel primer ensayo se desarrolló del 16 al 31 de julio de 1971. El resultado superó las expectativas. Se levantaron 42 tiendas de campaña que acogieron a 210 acampadores. En el verano de 1972 ya se instalaron 51 tiendas. Y en 1977 ya fueron 89 tiendas con casi 400 personas durante treinta días de actividad. Ese mismo año se formalizó una nueva directiva de la sección, presidida por Gonzalo Talaya, pasando otros presidentes como Ramón Rico, Vicente Pujalte y José Verdú.
Precisamente, José Verdú, último de los presidentes del campamento, recuerda que "en los años que estuvo en funcionamiento, hubo veranos que se alcanzaron las 130 familias, con sus consiguientes parcelas y tiendas de campaña, con más 500 personas acampadas".
Verdú destaca que "era una pequeña ciudad que se levantaba en verano, éramos una familia formada por más de cien familias, en el que todos los niños se conocían". También señala que "no había lujos" incluso al principio comenzó de manera muy precaria: "pero poco a poco mejoró, además estaba todo muy organizado, nos repartíamos las tareas. Era un sitio donde el trabajo era constante y también la diversión. Por eso, para muchos de los que allí estuvimos fueron los mejores veranos de nuestra vida".
Finalmente, la llegada de diferentes leyes hizo inviable la continuidad de este campamento. Una de ellas fue la Ley de Costas, que impedía actividades a menos de 350 metros del mar, así como modificar cualquier elemento, como las dunas, cuyo constante movimiento impedía la conexión del campamento a la propia playa.
Aquella iniciativa nacida con modestia hace 55 años se llegó a transformar en un verdadero pequeño pueblo de verano levantado entre los pinos y la brisa del mar. Un lugar que, durante casi tres décadas, marcaría la memoria de cientos de familias eldenses.

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