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Manuel Mira Candel nació en Orihuela y estudió Derecho y Periodismo en Valencia y Madrid. A lo largo de su carrera ha sido corresponsal en el extranjero, director de distintos medios y redactor de La Verdad, Información, ABC, Las Provincias y El Mundo. Ha obtenido los premios periodísticos “Emilio Castelar” y “Fundación Ficia”, y fue también presidente de la Asociación de la Prensa de Alicante. A partir de 2003 se dedicó a su gran pasión, la literatura, y desde entonces ha publicado la novela El Secreto de Orcelis, Ella era Islandia, Madre Tierra y El apeadero. 

Su última novela El olivo que no ardió en Salónica es la historia de una saga de serfardíes españoles que sobrevivió a seis guerras y construyó el imperio Danone. Mira realizará la presentación de esta obra el próximo jueves, día 5 de noviembre en el Casino Eldense, a las 20 horas. Este conocido autor y periodista ha presentado su último libro en distintas ciudades pero ha querido también darlo a conocer en Elda por su estrecha vinculación con nuestra ciudad.

Ha publicado otras obras y libros de ensayo, pero esta novela está teniendo una mayor repercusión mediática, de hecho se ha presentado ya en otras ciudades y recientemente en Valladolid, Burgos y en El Corte Inglés de Pamplona, con una excelente acogida.

Así es. Me siento especialmente satisfecho de El Olivo que no ardió en Salónica. También es verdad que es una novela muy especial. En la reciente Feria del Libro de Frankfurt ha concitado mucho interés en agentes literarios internacionales, especialmente europeos. No es de extrañar puesto que el argumento de la novela aborda aspectos abiertos a la conciencia del mundo. Aspectos novedosos y desconocidos, por otra parte, que despiertan el interés en todos.

Ha querido que también se presente en Elda, ¿tal vez por su vinculación personal y profesional con nuestra ciudad?

Sin duda. A la novela mía que no se presenta en Elda le falta algo, y es sin duda por los motivos que apuntas. Elda es para mí mucho más que un referente profesional. Elda es parte consustancial de mi vida. En alguna ocasión dije que en Elda pasé los años más felices. En Elda me casé, nacieron mis hijos y tengo a mis mejores amigos. Y lo más importante: tengo la convicción de que esos vínculos afectivos se mantendrán siempre, esté donde esté, vivo o muerto. A mí no se me puede reconocer sin la huella de Elda, y creo que, especialmente en el aspecto periodístico, ese sentimiento es recíproco. 

¿Cómo surgió la idea de esta novela?

Hace tiempo que me interesa especialmente el mundo sefardí. En realidad, ya lo abordé en mi novela Madre Tierra, cuyo protagonista principal se llama Sefarad y pertenece a una rica familia sefardí instalada en Johannesburgo, Sudáfrica. En esta nueva novela insisto en el tema, pero centrándome en la singladura épica de la familia de Isaac Carasso. Un hombre excepcional que abandonó Salónica tras las terribles guerras balcánicas y, después de un largo periplo por Europa, se instaló en Barcelona para fundar el imperio Danone, y luego se refugió en Francia huyendo de la Guerra Civil española. 


Se trata de una novela muy bien documentada, ¿cómo ha sido el proceso de recopilación documental?

Ha requerido un esfuerzo singular. En alguna ocasión dije que he sentido por primera vez que me dejaba jirones de vida al escribir un libro. Sufrí mucho trabajando en él, tanto como disfruté. La escasísima documentación sobre la historia de la saga familiar y su entorno en la Salónica turca me obligó a viajar a Grecia, Turquía y Francia.  Me he entrevistado con decenas de personas de toda condición, desde catedráticos a sencillos empleados… Conocí a entrañables familiares… Recuperé mi condición de periodista para investigar a fondo. No creo recordar en mi vida profesional un trabajo de campo como el que dediqué a este libro. Llegué a descubrir la tumba de Isaac Carasso en el cementerio judío de Bayona… Su certificado de defunción… Naturalmente, tuve que leer mucho y repasé hemerotecas de periódicos españoles y extranjeros, entre ellos alguno de Wisconsin. Ha sido una labor apasionante de la que me siento muy satisfecho y en la que, insisto, me he sentido muy periodista. 

¿A qué se debe que decidiera centrarse precisamente en la familia Carasso, tal vez por el imperio empresarial que fundaron?

No solo por esa circunstancia, extraordinaria, desde luego. Me propuse, eso sí, reivindicar la españolidad de una empresa, Danone, que cambió los hábitos alimenticios del planeta. La mayoría de la gente atribuye a los franceses el origen de la empresa. Danone nació en Barcelona, fundada por sefardíes españoles. Pronto comprendí, por otra parte, que la historia de la saga familiar de los Carasso era el elemento conductor de la historia de Europa desde principios del pasado siglo hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. Soy un apasionado de la historia y aproveché la vida de Isaac Carasso y de los suyos para repasar esos cuarenta años de barbarie y de nacionalismos exacerbados. De esta manera, las seis guerras (la italo-turca, las dos balcánicas, las dos mundiales y la Guerra Civil española, más el Holocausto) a las que sobrevivieron Isaac Carasso y los suyos constituyen el escalofriante escenario de las casi 750 páginas de la narración.

¿Ha querido tal vez que se  "haga justicia" con los más de dos millones de españoles sin patria, como usted mismo ha dicho en algún momento?

Más que hacer justicia, lo que la novela denuncia es el enorme error histórico que supuso la expulsión de los judíos españoles. Y junto a ello, la revelación de que, a pesar de la humillación, de los cinco siglos transcurridos, siguen amando a su tierra, Sefarad, y hablando su lengua materna. La ciudad de Salónica es el escenario de esa revelación. En una ciudad de 170.000 habitantes, a principios del pasado siglo, la mitad eran judíos. En los primeros veinte años de ese siglo se editaron en Salónica hasta veinte periódicos en judeoespañol, esto es, en ladino. La ciudad albergaba veinte sinagogas sefardíes. El Olivo… es una defensa a ultranza del sefardismo.  

¿Tiene también algo que ver con el hecho de que el pasado mes de junio se aprobase el Proyecto de Ley para conceder la nacionalidad española a los sefardíes originarios de España?

Curiosamente, el decreto se aprobó unos días después de que apareciese la novela… No puede haber relación causa-efecto. Pero sí puedo decirle que hay sefardíes dispuestos a utilizar la aparición de la novela como prueba testimonial de su origen para conseguir la nacionalidad española. Y así me lo han hecho saber.

¿Cree que con su novela contribuirá a esclarecer o, al menos, rememorar, algunos hechos históricos descritos en la misma?

Sin duda. Y así se está reconociendo. La “cuestión sefardí” forma parte de nuestra memoria histórica colectiva y aún está pendiente de resolver, como tantas otras. Se trata de un hecho incuestionablemente ligado a nuestro legado cultural indestructible, como lo demuestran los propios sefardíes después de quinientos años, que debe de enorgullecer a los españoles. 

¿Fue el drama de la familia Carasso un ejemplo más de otros muchos ocurridos con otras familias de origen judío en nuestro país?

Es un ejemplo paradigmático. Hay miles de casos como los Carasso. En El olivo que no ardió en Salónica se recrean hechos relacionados con la llegada masiva de sefardíes a España, procedentes de toda Europa, a principios del pasado siglo, y la creación de las primeras comunidades en Barcelona y Madrid. Familias muy importantes que contribuyeron decisivamente en la realización de obras de infraestructuras, especialmente ferroviarias, a principios del siglo XX. 

¿Espera cautivar a los lectores con esta nueva publicación?, de hecho se ha dicho de ella que es una narración épica, apasionada y honesta. 

Simplemente, confío en seguir manteniendo por mucho tiempo el interés por una novela que, como se ha dicho en alguna ocasión, era necesaria. También se ha dicho que puede ser imprescindible para entender el fenómeno sefardí. Eso lo confirmará el tiempo. De momento, ha servido para demostrar el origen español de Danone, que ya se conocía, por supuesto, pero no en la medida en que se merecía como ejemplo de emprendeduría, talento y coraje. La historia de Isaac Carasso y los suyos es única y sorprendente. Como sorprendentes son las vicisitudes que tuvieron que superar para sobrevivir en medio de la barbarie.

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