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Esta bota hecha en bronce es un monumento al peregrino que se encuentra en Cabo Finisterre, en las estribaciones de esa bellísima zona del "fin del mundo".

Tradicionalmente los peregrinos llegados a este punto abandonaban el calzado que habían usado en una de las etapas del Camino de Santiago.

En su origen se trataba de un par de botas fundidas en bronce, pero con el paso del tiempo una de ellas fue robada.

La tradición todavía llega a más, los peregrinos en ese extremo de la ruta, no solo abandonan los calzados sino que queman las ropas que también han usado en el camino. Esa costumbre, en determinadas épocas del año, dan a este paraje una aspecto de basurero y se pretende colocar contenedores y crematorios para que el medio ambiente de la zona no se vea alterado. Algunos autores dicen sobre esta tradicional quema de ropas y calzado:  "Por medio de este rito, el peregrino se deshace de todo lo material y con el fuego intenta quemar todo aquello de lo que se quiere deshacer y que no le beneficiará para comenzar una nueva vida".