Imprimir
Visto: 2921
Compartir en FacebookCompartir en TwitterCompartir en Google PlusCompartir en WhatsApp

Parece que estos días que celebramos el nacimiento de Cristo, invitan a reflexionar sobre cuestiones que se salen un poco de la materialidad del día a día. 

Del calzado se habla y mucho en los textos Sagrados de las Antiguas Escrituras. Basten algunas citas de las muchas que encontramos:

"No te llegues acá: quita tus zapatos de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es" (Éxodo, III,5).

"Y estando Josué cerca de Jericó, alzó sus ojos, y vio un varón que estaba delante de él, el cual tenía una espada desnuda en su mano. Y Josué yéndose hacia él, le dijo: ¿Eres de los nuestros, o de nuestros enemigos? Y él respondió: No, más Príncipe del ejército de Jehová, ahora he venido. Entonces Josué postrándose sobre su rostro en tierra le adoró; y díjole: ¿Qué dice mi Señor a su siervo? Y el Príncipe del ejército de Jehová respondió a Josué: Quita tus zapatos de tus pies; porque el lugar donde estás es santo. Y Josué lo hizo así" (Josué, 5:13-15).

"En el año en que vino el jefe de los ejércitos a Asdod, cuando lo envió Sargón, rey de Asiria, y peleó contra Asdod y la tomó, en aquel tiempo hablo Jehová por medio de Isaías hijo de Amoz, diciendo: Ve, quita la ropa áspera de tus caderas y descalza tus sandalias de tus pies. Y lo hizo así, andando desnudo y descalzo. Y dijo Jehová: de la manera que anduvo mi siervo Isaías desnudo y descalzo tres años, como señal y pronóstico sobre Egipto y sobre Etiopía, así llevará el rey de Asiria a los cautivos de Egipto y a  los deportados de Etiopía; a jóvenes y ancianos, desnudos, descalzos y descubiertas las nalgas para vergüenza de Egipto. Y se turbarán y avergonzarán de Etiopía, su esperanza, y de Egipto, su gloria" (Isaías, 20:1-5).

“Pero si el hombre no quiere tomarla por mujer, irá entonces su cuñada a la puerta donde están los ancianos, y dirá: Mi cuñado no quiere perpetuar el nombre de su hermano en Israel, no quiere emparentar conmigo. Entonces los ancianos de aquella ciudad lo harán venir, y hablarán con él. Y si él se levanta y dice: No quiero tomarla, se acercará entonces su cuñada a él delante de los ancianos, le quitará el calzado del  pie, le escupirá en el rostro y dirá estas palabras: así se hace con el hombre que no quiere edificar la casa de su hermano. Y se le dará a su casa este nombre en Israel: la casa del descalzado" (Deuteronomio, 25:7-10).

"Hijo de hombre, he aquí que yo te quito de golpe la delicia de tus ojos; no hagas lamentación ni llores ni corran tus lágrimas. Reprime el suspirar, no hagas luto por los muertos, cíñete el turbante, ponte los zapatos en los pies y no te cubras con rebozo ni comas pan de enlutados" (Ezequiel, 24:16-17).

"Se calzó las sandalias, se puso collares, brazaletes, anillos, pendientes y todas sus joyas, y realzó su hermosura cuanto pudo, con ánimo de seducir los ojos de todos los hombres que la viesen" (Judith, 10:4).

"La sandalia de ella le robó los ojos, su belleza cautivole el alma ¡y la cimitarra atravesó su cuello" (Judith, 16:9).

"Porque toda bota que taconea con ruido, y el manto rebozado en sangre serán para la quema, pasto del fuego" (Isaías, 9:5).