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Alguno de los asiduos lectores de este blog espera seguramente, con interés y con ferviente deseo, leer noticias agradables y esperanzadoras para el sector zapatero de nuestra ciudad. Pero por más que me esfuerzo en escribir y escribir, no consigo despertar el interés de quienes pueden poner remedio (yo diría que a estas alturas "parches") en esta industria local que lucha cada día por mantener su nivel de ocupación contra viento y marea.

En un par de años he propuesto varias acciones tendentes a minimizar el empuje avasallador de otras ciudades por acaparar el protagonismo en el calzado, incluso ese protagonismo que, hasta la fecha, siempre se identificaba con el trabajo de nuestra industria zapatera local, me refiero al calzado de mujer de gama alta.

He dicho por activa y por pasiva que la falta de liderazgo en nuestro sector local, obliga a que sea la acción política la que tire del empresariado, abriendo puertas y señalando caminos que contribuyan a que el deterioro se minimice o se frene.

He sido blanco de las críticas de aquellos que no ven lo que para mí es obvio o que no han entendido mi mensaje y mis propuestas.

No he podido transmitir o discutir, hasta la fecha, ninguna de mis propuestas; ni con los políticos que tienen capacidad de decisión, ni mucho menos con el empresariado que nos representa (y que naturalmente no están en Elda). Al final solo me ha quedado el refugio del blog que está a mi cargo en Valle de Elda, pero me temo que esa comprometida y agradecida audiencia no sea lo suficiente para que nuestras palabras se conviertan en un clamor popular. ¡Elda precisa un firme golpe de timón! Esta ciudad debe abanderar propuestas que otras ciudades ya ponen en práctica desde hace años.

Son muchas las ideas que se han quedado en buenas intenciones y plasmadas en una foto. No solo la marca “Zapatos de Elda” o la petición de Denominación de Origen y protección geográfica del Zapato Artesano de Elda, también pasó de largo sin aparentes muestras de interés práctico, la Cátedra de Calzado que parecía todos aplaudían tras la petición de la directora del Museo del Calzado, o la muestra de zapatos fabricados en nuestra zona y desde la ciudad de Elda, enlazándolo con la presentación de tendencias dos veces al año, incluso aquella otra de crear un portal desde Elda y en la red de internet, para que los pequeños fabricantes o los emprendedores pudieran ofrecer sus productos, es decir, potenciar desde casa nuestra bien ganada fama de calidad y prestigio. Nada de nada he conseguido.

Algunas veces he pensado abandonar la machacona insistencia, pero cuando pienso en nuestros ancestros, en aquellas personas que nos legaron nuestra industria, en aquellos sacrificios que antes que nosotros otros hicieron, con desprendimiento de sus propios patrimonios, arriesgando su bienestar, sacrificando su vida familiar, y muchas veces perdiéndolo todo. Me rebelo y esa misma rebeldía me empuja a seguir insistiendo porque no es posible que aquellos esfuerzos vayan a quedar baldíos, me resisto a tirar la toalla. Seguramente seguiré ganando enemigos (quizá también algún amigo), pero me queda el honor de hacerlo por una buena causa, por el pueblo que me vio nacer y al que debo todo, por Elda.