jueves, 9 de diciembre de 2021

Les Moretes

Mª Carmen Rico Navarro
19 octubre 2021
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Les Moretes
Los cinco hermanos, nietos del alcalde Gabriel Payá. De pie: Adela, Gabriel y Dolores. Sentadas: Remedios y Pepa.

A la gente de Petrer nos gustan y nos son muy familiares los apodos o motes. Uno de ellos muy popular y que siempre he escuchado en mi casa es el de les Moretas. Este apodo hacer referencia a cuatro hermanas Remedios, Dolores, Pepa y Adela Payá Payá, nietas de Gabriel Payá Payá (1831-1905) el popular tío Moro que fue alcalde de Petrer en varias ocasiones durante la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX. Eran hijas de Dolores Payá Payá (1860-¿?) y de Juan Bautista Payá Poveda. Dolores fue una de las hijas de Gabriel Payá Payá y de su primera esposa María Josefa Payá Beviá.

Del matrimonio entre Dolores Payá Payá y Juan Bautista Payá Poveda nacieron diez hijos. De estos sobrevivieron cinco y el resto falleció al poco de nacer. Estos últimos fueron: María Dolores Librada (n. 1883), Ildefonsa Elvira (n. 1885), Luis (n. 1886), Francisco Antonio (n. 1895) y otro Francisco Antonio Payá Payá (n. 1897). Sobrevivieron: Bernardo Gabriel (1887-1962), Dolores (1889-1967) fue la única que se casó y tuvo descendencia, Remedios (1891-1977), María Josefa Pepa (1893-1978) y Adela Payá Payá 1900-1982, Dolores Payá Payá hija de Dolores Payá Payá y nieta de Gabriel Payá Payá se casó con Enrique Payá Belda (1887-1967) y fueron padres de Enrique (n. 1917), Juan Bautista (n. 1919) y Dolores Lola Payá Payá (1924-2015). Esta última se casó con Hipólito LLorente Verdú.

Las Moretas están unidas a la historia del teatro Cervantes pues fue el alcalde Gabriel Payá Payá quien mandó construirlo y en la escritura por la cual su hija Dolores Payá Payá lo vendió al ingeniero noveldense José Sala Sala, por la cantidad de 13.000 ptas., fechada en Elda el 18 de diciembre de 1920, aparece un curioso gravamen por el que la propietaria y vendedora, Dolores Payá Payá, reclama la reserva del palco número 3 compuesto de seis asientos y mientras no exista el palco (cuya construcción está en proyecto) disfrutar de seis entradas con sus butacas, en la fila número tres, para ella y sus cinco hijos, algo que fue respetado siempre por quienes regentaron la sala hasta la desaparición de la última persona que recibió este legado. En la escritura aparecen, las primitivas medidas del Cervantes y curiosamente se cita como uno de los lindes la bodega propiedad de Josefa Payá Amat, segunda esposa de Gabriel Payá.

Pepa y Adela en el huerto de su casa de la calle José Perseguer.

En el año 1972 todavía vivían tres de las cuatro hermanas Remedios, Pepa y Adela. Habían sido cinco hermanos, pero Gabriel, el único varón, y Dolores habían muerto con anterioridad. Dolores fue la única de los cinco hermanos que se casó y, fruto de ese matrimonio, nació una hija, Lola Payá Payá que se casó con Hipólito Llorente, con el que tuvo dos hijos.

Las Moretas fueron unas mujeres entrañables. Remedios y Adela eran abiertas y acogedoras, Pepa era menos habladora, pero su gesto bondadoso y su eterna sonrisa hacía que todos la apreciasen. Los trabajos que desempeñaron estas jóvenes eran los propios de las mujeres en los años que les tocó vivir. Remedios y Adela trabajaron como aparadoras durante algunos años, mientras que Pepa se ocupaba de las tareas de la casa y de la cocina, pero las tres tenían una habilidad especial para las labores. Remedios cosía primorosamente y uno de sus trabajos más notables fue, sin duda alguna, el corpiño que cosió para la imagen de la Virgen del Remedio, además de otras labores que adornaron, en ocasiones muy especiales, el altar de la iglesia de San Bartolomé. Adela, por su parte, manejaba muy bien el ganchillo; tejía colchas, tapetes y delicadas puntillas que adornaban luego las prendas interiores, así como los juegos de cama, mantelerías, cenefas de cortinas y un largo etcétera. Sería Remedios, sin duda alguna, la que enseñaría a coser a Lola, su única sobrina. Y lo hizo muy bien, a juzgar por los resultados: Lola, la última de las Moretas, tenía unas manos maravillosas para la costura, tanto daba que fuesen labores aparentemente sencillas como otras más pesadas y engorrosas; nada se le resistía. Su punto fuerte eran las prendas de vestir. Tenía una especial habilidad para el corte y muy buen gusto para la confección. Las prendas que confección se caracterizaban por su esmero y pulcritud.

Arriba de la escalera Adela junto a sus hermanas Pepa y Remedios posando en el conocido como el huerto de las Moretas con unas amigas.

Pepa, por su parte, era la que manejaba los bolillos y de sus manos salieron preciosas labores de encajes y puntillas. Posiblemente algunos de los delicados bordados y pinturas sobre seda fueran también obra de Pepa, pero el caso es que entre las tres hermanas dejaron un legado de primorosas labores a las que habían dedicado miles de horas de sus vidas. Lola guardaba cuidadosamente parte de esos preciosos encajes de bolillos. Eran trabajos delicados que requerían de mucha paciencia y habilidad, y Pepa había demostrado tener esas cualidades. Especialmente, paciencia.

Adela Payá Payá en una foto de estudio | Berenguer.

Con éste escrito hemos querido tener un recuerdo y rendir un pequeño homenaje a las Moretas, pero muy especialmente a la que era para aquellos los que la conocieron “la tía Pepa”. Todos los que visitaban esa casa iban a “casa de Pepa”, y así siguió siendo incluso después de su muerte. A Pepa le encantaban los niños, y el huerto de las Moretas era un espacio ideal para los juegos. Por allí corretearon sus sobrinos-nietos, Hipólito y José Enrique, así como todos los pequeños de la familia Sempere-Bernabéu, con la que las hermanas mantuvieron una entrañable relación de amistad durante toda su vida.

En el centro de la fotografía las Moretas junto a unas amigas rodeadas de margaritas.

Posiblemente fue Estefanía Llorente Cortés el último bebé de la familia al que Pepa le dedicó su atención y su cariño. La niña vivía con sus padres en el piso de arriba de la vivienda propiedad de las Moretas y esa cercanía permitió que las tres, Remedios, Pepa y Adela, disfrutasen durante unos pocos años de su primera sobrina-biznieta.

Pepa Payá Payá falleció en 1978 y siempre tuvo un trato muy cordial y afectuoso con todos y aunque sus últimas semanas de vida fueron muy duras nunca se quejó. Fue una de esas personas que pasan por la vida sin hacer ruido, casi de puntillas, pero quienes la conocieron guardan de ella muy buen recuerdo.

Bernardo Gabriel (1887-1962), hermano de las Moretas.

Mª Carmen Rico Navarro
Mª Carmen Rico Navarro
Acerca de la autora

M.ª Carmen Rico Navarro cursó estudios de Geografía e Historia en la Universidad de Alicante, licenciándose con Grado con la presentación del estudio sobre la tradición alfarera de Petrer, obtuvo la calificación de sobresaliente por unanimidad (1996).

Desde 1983 es Técnico de Archivos y Bibliotecas del Excelentísimo Ayuntamiento de Petrer. Estudiosa de la historia y los temas de Petrer, su localidad natal, de la que es cronista oficial desde 1994.

Es autora de varios libros y trabajos de investigación entre los que destacan: Del barro al cacharro: La artesanía alfarera de Petrer (1996), Azorín y Petrer (1998), Catálogo del pintor Vicente Poveda y Juan (1998), Apuntes para la historia de Petrer: Vida y obra del presbítero Conrado Poveda (2000), Las calles de Petrer (2002), La lectura en Petrer (2005), Historia de la sanidad en Petrer (en colaboración) (2006), Un siglo de música, publicación que obtuvo el Premio Euterpe (2006), Petrer 1935: Un pueblo en blanco y negro (2007) y El marquesado de Noguera: Un señorío nobiliario en Petrer (en colaboración) (2014). Además ha escrito numerosos artículos en periódicos y revistas especializadas.

Ha dirigido la revista cultural Festa en distintos periodos (1988-1994, 1997-1998 y 2001) y las colecciones de monografías “Vila de Petrer” y “L’Almorxó”.

Además fue la primera pregonera de las fiestas de la Virgen del Remedio en 2015 y es buena conocedora y una apasionada de las fiestas de San Bonifacio colaborando siempre con todas las directivas.

M.ª Carmen se ha dedicado durante muchos años a investigar y divulgar el patrimonio local. Por todo lo expuesto y porque siempre ha sido una amiga y estrecha colaboradoras de Valle de Elda le damos la bienvenida y os invitamos, a partir de hoy, a leer y a disfrutar de sus Crónicas de Petrer.

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