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Fundado en 1956

Crónicas Eldenses

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Contingente de soldados en la plaza de la Constitución, de visita a Elda, durante las maniobras militares celebradas entre septiembre y octubre de 1906

Hacía ya un par de años que la otrora villa de Elda disfrutaba de su real título de ciudad en reconocimiento al desarrollo industrial y contribución a la riqueza general del país.

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De izquierda a derecha: en primer plano, José González, Pedro Gras Vera, Mercedes Martí Jover, reina de las Fallas de Elda 1960, Roque Calpena y sin identificar.

Finalizada la novena de la Fiestas Mayores de 1958, cuando en la sesión plenaria del 19 de septiembre de ese año, el alcalde de Elda Joaquín Campos Fernández manifestó su incompatibilidad para seguir desempeñando el cargo de alcalde-presidente del Ayuntamiento de Elda por haber sido nombrado director de un grupo escolar en la ciudad de Granada, donde iba a trasladarse a residir.

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Portada de la primera revista de Moros y Cristianos (1945).

Un domingo 17 de septiembre, de hoy hace exactamente 75 años, tuvo lugar un acontecimiento que, cargado de un tremendo simbolismo, daría lugar a la fiesta más multitudinaria con la que contamos hoy en día los eldenses.

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El alcalde de Elda impone el escudo de oro de la ciudad al tenor eldense Evelio Esteve Mira a la finalización del homenaje organizado en septiembre de 1997 | Foto: Cruces-Ernes

Un lunes 15 de septiembre de 1997, hoy hace 22 años, Elda reconocía públicamente la trayectoria profesional de uno de sus grandes hombres del siglo XX: el tenor Evelio Esteve Mira.

A modo de breves notas biográficas, decir que nacido en Elda en mayo de 1932, debutó en 1957 en el teatro de la Zarzuela, iniciando una carrera profesional que le llevó a las principales plazas de ópera y zarzuela de España, saltando en 1965 a Sudamérica en el que con un amplio repertorio recorrió Colombia, Perú, Costa Rica y Venezuela. Al regreso a España continuó su intensa y exitosa vida profesional en diversas compañías líricas de ópera y zarzuela hasta la formación de la suya propia “Ases líricos”.

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Recreación histórica de la villa de Elda a mediados del siglo XVI | Miguel A. Guill Ortega.

El 4 de septiembre de 1513 marcó un punto de inflexión en la historia de Elda. Aquella pequeña villa agrícola del sur del reino de Valencia, en la frontera con Castilla y con una abrumadora mayoritaria de población mudéjar que todavía hablaba la algarabía o el árabe dialectal, se regía por la Xara y la Sunna y rezaba en su mezquita mayor, dejaba de pertenecer al señorío de los Ruiz de Corella, condes de Cocentaina, en el que estaba integrada desde 1424, para pasar a manos de los Coloma Pérez-Calvillo, futuros condes de Elda.

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Orfeón Sinfónico Eldense en 1935. Destaca en el centro el músico Francisco Santos Amat, autor del Himno a Elda (1926), con traje de corbata y pin en la solapa.

La inquietud cultural del quinquenio republicano en Elda quedó también patente en la fundación de un orfeón en Elda, que permitió realizar una intensa labor de enseñanza del solfeo, del canto y de los instrumentos de bandurria, guitarra y laúd, formando una nutrida rondalla que llegó a superar el centenar de componentes.

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Angel Vera Coronel (1888-1936)

El advenimiento democrático de la II República permitió la incorporación de gran cantidad de hombres, y en menor medida mujeres que, comprometidos con los ideales republicanos, en tanto que regeneradores de la vida social, política y económica del país, vinieron a asumir desde el compromiso político toda una serie de responsabilidades hasta entonces en manos de las oligarquías caciquiles de las diferentes facciones liberales y conservadoras.

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José Pertejo Seseña (1910-1991).

Parece que fue ayer cuando se fue un hombre ligado a varias generaciones de eldenses. Un hombre del que quizás los más jóvenes no hayan odio ni hablar, pero que sin duda dejó una huella social muy importante. Se fue de entre nosotros para habitar en el Olimpo de los Eldenses Ilustres. Estas líneas van por usted, don José, para que pueda gozar de la Eternidad, mientras le sigamos recordando.

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Fachada principal del Teatro Castelar en 1933, en una de cuyas calles laterales estalló la bomba.

El mes de agosto de 1933 enfilaba su recta final. La vida política nacional se dirigía paulatinamente hacia la radicalización, rompiéndose alianzas y fraguándose poco a poco una política de frentismo político que nada bueno podía deparar a la República.

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Corría el caluroso verano de 1881, la vida política nacional transcurría con normalidad parlamentaria tras la entrada en vigor de la Constitución de 1876 por la que España volvía la tranquilidad política tras el convulso sexenio precedente (1869-1875). 

Acerca del autor

Autor: Gabriel Segura Herrero

De formación historiador y de profesión arqueólogo, el papel de cronista oficial de la ciudad de Elda plantea retos importantes, tanto con respecto a la memoria de mi predecesor Alberto Navarro Pastor; como al respecto del futuro, para dotar de contenido y utilidad a la figura del cronista oficial en el siglo XXI; a la par que un compromiso con la ciudadanía eldense. Las nuevas tecnologías y las redes sociales deben ser aliadas del conocimiento y de la divulgación histórica, sin faltar al rigor, pero acercando la información histórica al ciudadano. El guión de la historia de Elda está conformado y los titulares en mayúscula ya están todos escritos, pero es necesario escribir la letra pequeña, la historia de las gentes y de los pequeños acontecimientos. Es necesario poner voz a la ingente cantidad de fotografías antiguas que hasta ahora son testigos mudos de nuestro pasado. Trabajo en el que es necesario la colaboración de todos. Con el permiso de usted lector, ¡Vamos a intentarlo!.

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