sábado, 20 de julio de 2024

Elda y el general Rojo

Gabriel Segura
15 junio 2024
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Elda y el general Rojo

Tal día como hoy, un 15 de junio de 1966, hace 58 años, moría en su casa de la calle Ríos Rosa, 48, de Madrid, el que había fuera jefe del Estado Mayor del Ejército Popular de la República durante la Guerra Civil. No es este el lugar ni el momento de biografiar a Vicente Rojo Lluch. Mucha es la literatura bibliográfica disponible al respecto, tanto en papel como en internet, sobre el gran estratega militar defensor de la legalidad republicana, sobre cuyos hombros recayó la mayor parte de la planificación y dirección de las principales operaciones militares llevadas a cabo por la República, caso de la defensa de Madrid, la batalla de Brunete, la ofensiva de Aragón, batalla de Belchite, la conquista de Teruel y la batalla del Ebro. 

Militar de carrera, “católico, apostólico y romano”, como el mismo se definió, Vicente Rojo nació en Fuente la Higuera (Valencia), en 1894. Con una hoja militar intachable, fue ascendido a comandante meses antes de la sublevación militar del 18 de julio; a teniente coronel en octubre de 1936; a coronel en marzo de 1937; y, en mayo de 1937, tras la formación del gobierno de Negrín, es nombrado jefe del Estado Mayor del Ejército. Su fama como estratega fue in crescendo a lo largo del conflicto, siendo el único con capacidad para dirigir el Ejército al completo. En octubre de 1937 es ascendido a general, en reconocimiento como uno de los militares más prestigiosos en defensa de la República.

¿Pero cual es la relación del prestigioso general con Elda? Vicente Rojo tuvo un vínculo familiar con nuestra ciudad. Gracias a aquel vínculo, y gracia al buen hacer de otro fuentehiguerense de nacimiento, aunque eldense de adopción, conservamos unas magnificas fotos del general Rojo.

Vicente Rojo Lluch y el fotógrafo Vicente Berenguer Biosca, ambos naturales de Fuente la Higuera, eran familia política. Juana Rojo Lluch, hermana del general, estaba casada con un hermano de Berenguer, afincado en Caudete. Desconocemos cuando o en que momento el general Rojo estuvo en Elda, visitando a su sobrina, acogida en casa de sus tío en Elda. Como hipótesis de partida, podríamos pensar que fuera en mayo de 1937, cuando tras su ascenso a coronel del Ejército Popular, es destinado al Estado Mayor Central y pasa desde Madrid a Valencia. Quizás en aquel momento, pudo pasar por Elda con destino a Valencia, donde fue inmortalizado por Vicente Berenguer, padre.

 

Exiliado en Francia, Argentina y Bolivia entre 1939 y 1957, en marzo de este último año regresó a España, donde se le acusó de “rebelión militar”. Juzgado por “auxilio a la rebelión” por no haberse rebelado contra el gobierno legítimo de la República. En enero de 1958 fue condenado a cadena perpetua, interdicción civil e inhabilitación absoluta. Pero con la sentencia se acompañaba el indulto para la cadena perpetua. Privado de todos sus derechos civiles y prácticamente enclaustrado en su domicilio, se refugió en la escritura, tarea solo interrumpida por algún esporádico contacto con antiguos compañeros de armas del bando republicano.

A su muerte en la madrugada del 15 de junio de 1966, y fue amortajado con el mismo crucifijo que le acompañó durante toda la guerra. Las agencias de prensa dieron la noticia de forma muy escueta, mientras que los diarios ABC y Ya le reconocieron su empleo de general y lo calificaron como "el jefe militar más brillante del ejército republicano durante la guerra civil". Por su parte, el diario El Alcázar, que por entonces era uno de los periódicos más aperturistas dentro de la prensa de Madrid, destacó el prestigio de que gozaba entre los militares por su elevada capacidad profesional. 

A la conducción de su cadáver a la Sacramental de San Justo asistieron centenares de personas, deseosas de rendir un último tributo al general que logró impedir que Madrid cayera en manos de Franco en noviembre de 1936. Y durante los días siguientes, miles de cartas y telegramas, llegados desde los más dispares puntos del globo, dieron el pésame a su esposa, recordando que había desaparecido un hombre bueno y leal a sus principios.

 

Gabriel Segura
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