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Un triste martes de hace 62 años la ciudad de Elda perdía, sin saberlo, al que se le puede considerar el primer arqueólogo eldense: don Antonio Sempere Rico.

Poco conocemos de su vida, menos de su formación académica u orientación pedagógica, pero al menos conocemos su obra y su interés por los restos arqueológicos más antiguos de Elda.

Maestro de formación y de vocación, le encontramos entre la plantilla de los docentes de las primeras promociones del entonces Grupo Escolar “Emilio Castelar”, popularmente conocido como Escuelas Nuevas, y actualmente como colegio “Padre Manjón”.

Es de suponer que aquel nuevo grupo escolar inaugurado por don Miguel de Unamuno un 7 de septiembre de 1932 debió acoger a una plantilla de maestros ilusionados con la formación de sus alumnos en la nueva pedagogía contagiada por los principios de la Institución Libre de Enseñanza, aunque sin perder del todo la rigidez del sistema educativo oficial. Aquellos jóvenes maestros republicanos intentaron formar a sus alumnos introduciendo en el aula nuevos contenidos y nuevas formas de aprendizaje.

El gusto y la afición por los temas arqueológicos vendrá, en gran medida, de la mano de una serie de maestros nacionales, cuya labor pedagógica se desarrolló en Elda a lo largo de la década de los años treinta. Entre este conjunto de personajes destaca la obra de Antonio Sempere Rico (1933) y Juan Vidal Vera, junto a José Andrés Sinobas (1935) y Antonio González Vera (1933). Su preocupación e interés por los temas del pasado prehistórico de Elda quedó pronto reflejado tanto en prospecciones arqueológicos por los montes más cercanos como en breves notas y artículos de divulgación en las revistas y prensa local del momento, donde dieron noticias de los mismos.

De todos ellos será don Antonio Sempere quién lleve mas allá su afición y consiga crear un pequeño museo o colección didáctica en las entonces Escuelas Nacionales Graduadas. Allí reunió tanto las piezas procedentes de sus prospecciones en los yacimientos del Peñón del Trinitario y El Monastil como todos los materiales arqueológicos de otros maestros, y algunos materiales aislados que obraban en poder de particulares.

Este creciente interés arqueológico canalizado por una vía "institucional", que podría haber desembocado en la creación de un centro aglutinador de la actividad arqueológica en todo el Valle, se vio truncado fatídicamente por los acontecimientos bélicos que acabaron con un lustro prometedor.

La Guerra Civil cercenará de cuajo los logros de estos aficionados, que acabarán por perder sus colecciones por las vicisitudes en los diversos usos del colegio, así como por ser considerados materiales pedagógicamente inútiles tras la instauación del nuevo régimen.

Sin embargo, la semilla de la curiosidad e interés por la arqueología y el pasado mas remoto de la historia eldense no cayó en terreno estéril. Serán varios alumnos de suyos, de aquellas primeras tres promociones del colegio Padre Manjón, quienes recogerán su testigo intelectual y propiciaran diversos aspectos de la vida cultural eldense a partir de la década de los años cincuenta del siglo XX, perdurando su labor incluso hasta finales del mismo siglo XX.

Entre aquellos pequeños niños, se encontraba Antonio Martínez Mendiola, quien a pesar de la guerra y la dura posguerra, consiguió mantener vivo el interés inculcado por don Antonio Sempere; siendo unos de los fundadores de la Sección de Arqueología del Centro Excursionista Eldense (1959), del Museo Arqueológico Municipal de Elda (1983), e incluso fundador, con una edad muy avanzada, de la Asociación “Mosaico” (1992) y del Museo Etnológico de Elda (1995).

Vayan estas líneas en recuerdo de todos ellos, de aquella iniciativa, pero especialmente en recuerdo de la memoria de don Antonio Sempere Rico, un precursor de la arqueología eldense, al que perdimos un 22 de enero de 1957.

 

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Acerca del autor

Autor: Gabriel Segura Herrero

De formación historiador y de profesión arqueólogo, el papel de cronista oficial de la ciudad de Elda plantea retos importantes, tanto con respecto a la memoria de mi predecesor Alberto Navarro Pastor; como al respecto del futuro, para dotar de contenido y utilidad a la figura del cronista oficial en el siglo XXI; a la par que un compromiso con la ciudadanía eldense. Las nuevas tecnologías y las redes sociales deben ser aliadas del conocimiento y de la divulgación histórica, sin faltar al rigor, pero acercando la información histórica al ciudadano. El guión de la historia de Elda está conformado y los titulares en mayúscula ya están todos escritos, pero es necesario escribir la letra pequeña, la historia de las gentes y de los pequeños acontecimientos. Es necesario poner voz a la ingente cantidad de fotografías antiguas que hasta ahora son testigos mudos de nuestro pasado. Trabajo en el que es necesario la colaboración de todos. Con el permiso de usted lector, ¡Vamos a intentarlo!.

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