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Julio Olaya Pomares y Adrián Amorós Herrero son trasladados a hombros por la multitud por la calle Nueva.

Tal día como hoy, pero hace 65 años, regresaron a Elda los eldenses que, integrados en la División Azul, fueron voluntarios a combatir contra la Unión Soviética durante la II Guerra Mundial y que tras largos años de cautiverio en territorio soviético fueron puestos en libertad, gracias a las gestiones de la Cruz Roja.

A las 17:35 horas del viernes día 2 de abril de 1954, y con miles de personas esperando en el puerto, atracaba en Barcelona el barco “Semíramis”. Bajo bandera francesa y fletado por la Cruz Roja Internacional, procedía del puerto soviético de Odessa. El navío trasladaba a unos 300 hombres. La mayoría eran soldados de la División Azul, pero también junto a ellos regresaron unos pocos “niños de la guerra”, así como algunos aviadores republicanos y dotaciones de la marina mercante de la República que habían quedado en Rusia al final de la guerra, e incluso algunos civiles.

Navío “Semíramis”, fletado por la Cruz Roja Internacional, en el que los españoles repatriados llegaron al puerto de Barcelona.

Todo empezó tras la muerte de Stalin, en marzo de 1953 y el giro que el nuevo gobierno soviético de Malenkov y Jrushov dio a su política con un proceso de desestalinización. Las gestiones de la Cruz Roja dieron su fruto y un año después, el 26 de marzo de 1954, tras cinco interminables días de viaje en tren, llegaban al puerto de Odessa, procedentes de diferentes campos de concentración, varios centenares de soldados españoles que, integrados en las filas de la Alemania nazi, habían acudido voluntarios al frente soviético. Al finalizar la II Guerra Mundial con la derrota alemana, quedaron presos, siendo internados durante más de una década en campos soviéticos.

Desde Odessa el Semíramis dirigió su rumbo hasta Estambul, donde el embajador de España junto a una delegación española ya les dio la primera bienvenida. En Barcelona, miles y miles de personas los esperaban.

Vista de la calle Legionarios (act. Luis Buñuel) con la comitiva multitudinaria que acompañó a los eldenses venidos desde la URSS.

Entre el pasaje español del Semíramis figuraban dos eldenses: Julio Olaya Pomares y Adrián Amorós Herrero, combatientes de la División Azul. Y un tercero, no natural de Elda pero cuya madre residía aquí: Enrique Giner Sanahuja.

Desde Barcelona llegaron a Elda en tren. El domingo 4 de abril de 1954 llegaban a la estación. Una muchedumbre de cientos y cientos de personas los esperaban en los andenes. Autoridades municipales, jerarquías del Movimiento, fuerzas de la Guardia Civil y policía municipal también les esperaban. Tras la recepción, la comitiva, acompañada de un gentío multitudinario que llevaba a hombros a los divisionarios, se dirigió, en primer lugar, a la iglesia de Santa Ana para saludar a los Santos Patronos y dar gracias por su liberación. A continuación se trasladaron a la sede de la Jefatura Local de la Falange en la calle General Mola (act. Ortega y Gasset), en cuyo balcón principal recibieron la ovación de todos sus paisanos.

Vista de la multitud concentrada en la estación, esperando la llegada del tren que traía a los divisionarios eldenses.

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Acerca del autor

Autor: Gabriel Segura Herrero

De formación historiador y de profesión arqueólogo, el papel de cronista oficial de la ciudad de Elda plantea retos importantes, tanto con respecto a la memoria de mi predecesor Alberto Navarro Pastor; como al respecto del futuro, para dotar de contenido y utilidad a la figura del cronista oficial en el siglo XXI; a la par que un compromiso con la ciudadanía eldense. Las nuevas tecnologías y las redes sociales deben ser aliadas del conocimiento y de la divulgación histórica, sin faltar al rigor, pero acercando la información histórica al ciudadano. El guión de la historia de Elda está conformado y los titulares en mayúscula ya están todos escritos, pero es necesario escribir la letra pequeña, la historia de las gentes y de los pequeños acontecimientos. Es necesario poner voz a la ingente cantidad de fotografías antiguas que hasta ahora son testigos mudos de nuestro pasado. Trabajo en el que es necesario la colaboración de todos. Con el permiso de usted lector, ¡Vamos a intentarlo!.

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