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Recreación histórica de la villa de Elda a mediados del siglo XVI | Miguel A. Guill Ortega.

El 4 de septiembre de 1513 marcó un punto de inflexión en la historia de Elda. Aquella pequeña villa agrícola del sur del reino de Valencia, en la frontera con Castilla y con una abrumadora mayoritaria de población mudéjar que todavía hablaba la algarabía o el árabe dialectal, se regía por la Xara y la Sunna y rezaba en su mezquita mayor, dejaba de pertenecer al señorío de los Ruiz de Corella, condes de Cocentaina, en el que estaba integrada desde 1424, para pasar a manos de los Coloma Pérez-Calvillo, futuros condes de Elda.

Ese día, estando en el monasterio jerónimo de Santa María de la Murta (Alcira), Joan Rois de Corella y Moncada, III conde de Cocentaina procedió a la venta de la baronía de Elda a favor de mosén Joan de Coloma, secretario personal que había sido de los reyes Juan II y Fernando II de Aragón, al tiempo que también de Isabel I de Castilla.

Todo se inició un 28 de noviembre de 1497 cuando estando la Corte de los Reyes Católicos en Alcalá de Henares ambos personajes firmaron un precontrato de compra-venta sobre la baronía de Elda, que aseguraba una buena inyección económica a la maltrecha economía de la casa condal de Concentaina. Quince años y algunos meses tardó materializarse la venta y cuando se produjo, hoy hace 506 años, se hizo efectiva por la importante cantidad de 48.000 libras en moneda del reino de Valencia que pagó el Coloma al Ruiz de Corella.

De origen aragonés, nacido en Borja y afincado en Zaragoza, casado en segundas nupcias con María Pérez de Calvillo, perteneciente a la baja nobleza aragonesa, tras haber pasado gran parte de su vida al servicio de los monarcas aragoneses y de Castilla, mosén Joan de Coloma inició un proceso de ennoblecimiento de su estirpe familiar, para lo que era necesario ser dueño de un señorío con jurisdicción civil y criminal sobre la personas allí residentes. Y ese señorío fue el conformado por la villa de Elda, en cuyo término se encontraba el lugar de Salinas desde 1305, y por la villa de Petrer, desde que Ximén Perez de Corella la comprara a los Rocafull en 1431.

Desconocemos si mosén Joan de Coloma visitó alguna vez su señorío valenciano, antes o después de su compra, pero lo que si que es cierto que murió a los escasos 4 años. Su sucesor, su hijo Juan Francisco Pérez-Calvillo Coloma, si que se asentó en Elda, convirtiendo al palacio de Elda en casa solariega de la que llegaría a ser una ilustre estirpe nobiliaria del reino de Valencia durante los siglos XVI y XVII: la Casa Condal de Elda.

Los Coloma señorearon Elda y su valle a los largo de 216 años (1513-1729), pues al  fallecimiento del joven Francisco Coloma y Leyva, VI conde de Elda y último representante por línea directa masculina del linaje Coloma, se cerraba un capítulo de la historia de Elda, iniciado por mosén Coloma precisamente tal día como hoy pero hace 506 años.

Ruinas del monasterio jerónimo de Santa María de la Murta (Alcira) en el que se firmó la compraventa del señorío de Elda un 4 de septiembre de 1513.

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Acerca del autor

Autor: Gabriel Segura Herrero

De formación historiador y de profesión arqueólogo, el papel de cronista oficial de la ciudad de Elda plantea retos importantes, tanto con respecto a la memoria de mi predecesor Alberto Navarro Pastor; como al respecto del futuro, para dotar de contenido y utilidad a la figura del cronista oficial en el siglo XXI; a la par que un compromiso con la ciudadanía eldense. Las nuevas tecnologías y las redes sociales deben ser aliadas del conocimiento y de la divulgación histórica, sin faltar al rigor, pero acercando la información histórica al ciudadano. El guión de la historia de Elda está conformado y los titulares en mayúscula ya están todos escritos, pero es necesario escribir la letra pequeña, la historia de las gentes y de los pequeños acontecimientos. Es necesario poner voz a la ingente cantidad de fotografías antiguas que hasta ahora son testigos mudos de nuestro pasado. Trabajo en el que es necesario la colaboración de todos. Con el permiso de usted lector, ¡Vamos a intentarlo!.

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