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Emilio Castelar y Ripoll (1832-1899)

Finalizaba el mes de mayo de 1898. La guerra entre España y Estados Unidos proseguía su negativo curso para las armas españolas. Hacía escaso un mes que la flota española de las Filipinas había sido derrotada en la batalla de Cavite y el lejano archipiélago asiático quedaba a merced de los voraces Estados Unidos.

En aquel contexto bélico colonial de la España finisecular, Emilio Castelar regresó por unos días a su pueblo. Hoy hace 122 años que el más grande de los ilustres hijos de Elda visitara por última vez la tierra de su infancia.

Un martes 31 de mayo de 1898 don Emilio giró, sin saberlo, la que sería su última visita a Elda. Fue una visita corta pero intensa. Llegó a Elda en el tren correo de las nueve de la mañana y marchó a las seis de la tarde, en dirección a Sax. Nueve horas en las que recibió el agasajo de amigos, conocidos y pueblo en general.

Gracias a la crónica periodística de Constantino Amat, publicada en el diario El Liberal sabemos que su visita fue una manifestación de simpatía y cariño, como prueba del afecto y admiración de las gentes de Elda hacia su paisano más ilustre.

Ya en la estación fue recibido por una multitud de eldenses al grito de ¡Viva Castelar! Desde allí y en carruaje se dirigió a la casa de su amigo y correligionario Francisco de Paula Rico, que fuera alcalde de Elda durante la I República (1873). Tras un breve descanso, pasó a visitar las fábricas de Rafael Romero y de Silvestre Hernández, recientemente inauguradas, donde pudo conocer el proceso de montaje de los zapatos.

De vuelta a la casa de F.P. Rico, a las 12:30 horas sirvieron la comida. Cita a la que asistieron, además del anfitrión acompañado de su esposa Ángeles Monllor, Joaquín Ferrer; Sr. Borrell; Rafael del Val; Secundino Senabre, amigo personal de Emilio Castelar, de Sax; Manuel Beltrán Aravid, alcalde de Elda; Antonio Galdo, director del periódico El Graduador, de Alicante; Blas Vera; Rafael Romero; Antonio Rico; Ramón Pérez; Rafael Laliga y José Aracil, jefe de los republicanos eldenses; Constantino Amat, como periodista; y, los jóvenes Miguel Aznar, Miguel González y Antonio Oliver, que fueron quienes sirvieron la comida.

Casa de las Beltranas, donde Emilio Castelar asistió a la sobremesa musical impartida por una joven Milagritos Gorgé.

A las tres de la tarde, y para la sobremesa, Manuel Beltrán invitó a todo el grupo a su magnífica casa en la calle del Val, con el objeto de que Castelar oyese a la joven promesa del bel canto Milagritos Gorgé. La conocida como “Casa de las Beltranas” acogió aquel histórico encuentro de don Emilio con la personajes de la historia de Elda, en el que la joven diva eldense los deleitó con varios trozos de la ópera Sonámbula, de las zarzuelas Dúo de La Africana y Las Dos Princesas. Actuación que recogió grandes elogios del viejo presidente.

Desde la casa de las Beltranas y en un carruaje preparado al efecto, regresó don Emilio Castelar a la estación de ferrocarril para continuar hasta Sax, donde se hospedaría en la casa de su gran amigo Secundino Senabre. Según relata la crónica periodística, “… le acompañaron mas de tres mil personas a la estación de ferrocarril, y allí le despidieron con vivas y ovaciones”.

Nunca imaginó don Emilio que aquella sería la última visita a su pueblo. Un año más tarde, un 25 de mayo de 1899, y aquejado de una larga dolencia, don Emilio Castelar y Ripoll fallecía en San Pedro del Pinatar. España perdía a uno de sus grandes oradores y tribunos nacionales y Elda perdía al más ilustre de sus hijos.

Manuel Beltrán Aravid, alcalde de Elda en mayo de 1898 y anfitrión de Castelar, en la casa a la que dio nombre.

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Acerca del autor

Autor: Gabriel Segura Herrero

De formación historiador y de profesión arqueólogo, el papel de cronista oficial de la ciudad de Elda plantea retos importantes, tanto con respecto a la memoria de mi predecesor Alberto Navarro Pastor; como al respecto del futuro, para dotar de contenido y utilidad a la figura del cronista oficial en el siglo XXI; a la par que un compromiso con la ciudadanía eldense. Las nuevas tecnologías y las redes sociales deben ser aliadas del conocimiento y de la divulgación histórica, sin faltar al rigor, pero acercando la información histórica al ciudadano. El guión de la historia de Elda está conformado y los titulares en mayúscula ya están todos escritos, pero es necesario escribir la letra pequeña, la historia de las gentes y de los pequeños acontecimientos. Es necesario poner voz a la ingente cantidad de fotografías antiguas que hasta ahora son testigos mudos de nuestro pasado. Trabajo en el que es necesario la colaboración de todos. Con el permiso de usted lector, ¡Vamos a intentarlo!.

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