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22 SEP 2020 Fundado en 1956
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Estatua ecuestre de sir Hugh de Calveley en el castillo de Mont Orguel, en la isla de Jersey (Inglaterra)

Corría el año de Nuestro Señor de MCCCLXVII y trigésimo primero del reinado de Pedro IV de Aragón (1336-1387); la cruenta guerra entre Castilla y Aragón que había asolado las comarcas del Vinalopó un par de años atrás trasladaba su escenario a territorio castellano convertida ahora en una lucha fratricida entre Pedro I de Castilla y su hermanastro Enrique de Trástamara. Poco a poco las tierras del Vinalopó, tan castigadas por los ejércitos castellanos, iban recuperando su normalidad.

En este contexto finibélico, el monarca aragonés, en pago de los servicios prestados, realizó una serie de donaciones territoriales a los caballeros que le habían ayuda a repeler la invasión castellana de Aragón y Valencia. Caballeros mercenarios de origen europeo encabezados por Bertrand Duguesclín que, tras la guerra de sucesión de Bretaña, habían pasado desde Francia a Aragón contratados por Pedro IV para combatir contra Castilla. Huestes mercenarias entre los que también figuraban caballeros ingleses con amplia experiencia en Bretaña, caso de Mathew de Gournay y Hugh de Calveley, entre los más conocidos.

Tras haber recuperado el señorío de Elda y de Novelda otorgado a favor de Bertrand Duguesclín (1366-1367), Pedro IV de Aragón donará el señorío de Novelda a Mathew de Gournay (9 de junio de 1637) y el 12 de agosto de 1367, hoy hace 653 años, donaba la villa y castillo de Elda, junto con el castillo de La Mola, al caballero Hugh de Calveley.

Servicios prestados a la Casa de Aragón que también fueron recompensados con su matrimonio con doña Constanza de Aragón, que aportará como dote matrimonial la confirmación de la donación real de los lugares y castillos de Elda, La Mola y Aspe.

Durante una década, entre 1367 y 1377, Elda estuvo bajo el señorío de Hugh de Calveley. Desconocemos si éste llegó a estar en Elda, cuestión poco probable dada su condición de soldado mercenario al servicio primero de Enrique de Trastámara y con posterioridad de Pedro I de Castilla y como hombre de la total confianza del conocido como Príncipe Negro, Eduardo de Inglaterra, príncipe de Gales, aliado del monarca castellano.

Sí que sabemos que como señor de Elda nombró a John Brayton como procurador o representante suyo en sus posesiones del Vinalopó, siendo éste quien tomó posesión de los señoríos del inglés, al tiempo que ejerció también de alcaide del castillo de Elda.

En 1369, tras la reactivación de la guerra entre Francia e Inglaterra, en el contexto de lo que conocemos como la Guerra de los Cien Años, encontramos al señor de Elda involucrado primero en sucesivas campañas militares en la Gascuña, al S.O. de Francia, hasta 1374, y, posteriormente, como gobernador de Calais entre 1375 y 1378, convirtiéndose en uno de los dos almirantes de la flota inglesa (1378-1380).

La lejanía de su señorío eldense tan distante de su patria y de sus intereses geoestratégico-familiares motivó que negociara con el rey de Aragón la venta de sus posesiones al sur del reino de Valencia.

Ya en 1371 Hugh de Calveley, con el permiso de Pedro IV de Aragón, vendió la fortaleza de La Mola a Mathew de Gournay, señor de Novelda. Y en 1377 acordará con el monarca la venta de los castillos y lugares de Elda y Aspe por valor de 20.000 florines de oro, que le fueron pagados al inglés en la ciudad de Brujas. Pero las capitulaciones matrimoniales al respecto de la dote de Constanza de Aragón, esposa de Calveley, y un pleito por la posesión de Aspe entre Hugh de Calveley y Mathew de Gournay complicaron y retardaron la operación hasta 1383, cuando la villa y castillo de Elda retornaron a la plena posesión del rey de Aragón, quien lo cedió a su esposa la reina doña Sibila de Forcia, como nueva señora de Elda.


Cenotafio de sir Hugh de Calveley, falllecido en 1394, en la iglesia de San Bonifacio, en Bunbury (Cheshire, Inglaterra).

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Acerca del autor

Autor: Gabriel Segura Herrero

De formación historiador y de profesión arqueólogo, el papel de cronista oficial de la ciudad de Elda plantea retos importantes, tanto con respecto a la memoria de mi predecesor Alberto Navarro Pastor; como al respecto del futuro, para dotar de contenido y utilidad a la figura del cronista oficial en el siglo XXI; a la par que un compromiso con la ciudadanía eldense. Las nuevas tecnologías y las redes sociales deben ser aliadas del conocimiento y de la divulgación histórica, sin faltar al rigor, pero acercando la información histórica al ciudadano. El guión de la historia de Elda está conformado y los titulares en mayúscula ya están todos escritos, pero es necesario escribir la letra pequeña, la historia de las gentes y de los pequeños acontecimientos. Es necesario poner voz a la ingente cantidad de fotografías antiguas que hasta ahora son testigos mudos de nuestro pasado. Trabajo en el que es necesario la colaboración de todos. Con el permiso de usted lector, ¡Vamos a intentarlo!.

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