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Antiguo convento capuchino de Biar convertido en Casa de Cultura municipal.

La historia de nuestros pueblos está llena de personas y personajes más o menos ilustres que por su vida y sus obras alcanzaron diverso grado de notoriedad. Pero también los hay, y mayoritarios, de mujeres y hombres anónimos, cuyos nombres y memoria permanecen perdidos u ocultos en archivos y documentos antiguos, a la espera de que los genealogistas, historiadores o investigadores los desempolven y “resuciten” otorgándoles un rayo de eternidad.

Una de estas personas fue un tal Antonio Sempere, fallecido hoy hace exactamente 217 años, un martes 16 de agosto, pero del año 1803. Poco, por no decir casi nada, sabemos de él. Pero permítame el lector de estas “Crónicas Eldenses” que en recuerdo de todos los “eldenses anónimos” recuperemos, aunque sea por unos minutos, la vida de un eldense que vivió en la segunda mitad del siglo XVIII, falleciendo al principiar el siglo XIX.


Vista del convento capuchino de Biar.

Nació en Elda, un 14 de julio de 1752, en el seno, a juzgar por el apellido, de una de las familias patricias de la villa, que ocupaba importantes cargos de la administración señorial del conde de Elda. Por su vocación religiosa, hay que juzgar que no debió ser el primogénito de la estirpe. Con 19 años, un 25 de mayo de 1771, vistió el hábito seráfico, profesando en la orden de los Hermanos Menores Capuchinos (O.F.M. Cap.), bajo el nombre de fray Fidel de Elda. Desde ese año de 1771 y hasta su fallecimiento, desconocemos su trayectoria religiosa y pasó por conventos de la provincia capuchina de Valencia. Sí que sabemos que su último destino fue el convento capuchino de San Miguel, arcángel, de Biar, donde ejerció el cargo de guardián del convento y donde fallecería un 16 de agosto de 1803, siendo allí enterrado.

Hoy en día el edificio del antiguo convento capuchinos de Biar cumple la función de Casa de Cultura. En consonancia con la modestia del edificio, fue restaurado y rehabilitado de forma cuidada, sin grandes gestos arquitectónicos ni exageradas pretensiones arquitectónicas, cuidando el respeto al edificio, su historia y su actual uso como espacio cultural.

¡Ayyy! Se me olvidaba: ¡En Elda también tuvimos convento franciscano!. Pero como dicen que las comparaciones son odiosas, permítame el lector que no entre en ese tema..ji.