El cometa sobre Elda
En los siglos medievales la observación de cuerpos celestes en el firmamento y especialmente de los cometas siempre llamó poderosamente la atención de la gentes, en tanto que fenómenos inexplicables e incomprensibles para la astronomía de la época. Un testimonio de aquel asombro causado por un cometa se conservó largos siglos en las paredes del castillo de Elda. Así lo documentó hacia 1907-1908 Manuel González Simancas en su obra “Catálogo monumental y artístico de la provincia de Alicante”, publicado por el Instituto de Cultura “Juan Gil-Albert” en el año 2010 bajo la coedición de F.J. Navarro y A.M. Navarro Poveda.
Durante el periplo del arqueólogo González Simancas por la provincia de Alicante para la redacción del citado catálogo, entre 1907 y 1908, giró visita a las ruinas del castillo palacio de Elda, tomando datos y apuntes, transcribiendo algunas de las inscripciones que pudo observar en algunas paredes del palacio Una de ellas, pintada en tinta decía así:
“En tinta ya amarilla: el 12 de octubre de 1580 salió la cometa”
Frase escueta a la vez que suculenta, pues permite imaginar el asombro de todos los eldenses del momento al observar como aquella luz surcaba los cielos y por supuesto la fuerte impresión del autor de aquella inscripción perdida que consideró el hecho lo suficientemente importante o singular para legar el recuerdo a la posterioridad.
Aquel cometa que surcó los cielos de Elda en octubre de 1580 ha sido catalogado como el C/1580 T1. Cometa de trayectoria hiperbólica, procedente de las profundidades lejanas del sistema solar (la nube de Oort) que tras bordear el Sol en 1580, fue arrojado al espacio interestelar sin volver a pasar por la Tierra. Fue avistado y estudiado por el astrónomo danés Tycho Brahe entre octubre y diciembre de 1580. Datos que le permitieron reafirmar las conclusiones de la observación del gran cometa de 1577 (C/1577 V1) que fue considerado uno de los cometas más brillantes de los últimos siglos y que debido a su enorme brillo —que llegó a ser visible incluso a plena luz del día en algunos momentos cerca de su perihelio— y a su imponente doble cola, atemorizó y fascinó a poblaciones de culturas muy diversas de todo el mundo.

El periodo entre 1577 y 1596 fue excepcionalmente activo en la observación de cometas en Europa lo que proporcionó a la astronomía del Renacimiento una cantidad de datos sin precedentes para desmontar la cosmología clásica. Serán los trabajos de Tycho Brahe los que revelaron que los cometas provenían de fuera de la atmósfera terrestre y que eran cuerpos celestes del sistema solar que atravesaban el espacio entre los planetas.
Si aquel cometa de 1580 permite plantear interrogantes científicos o astronómicos, más incógnitas despierta la inscripción perdida del castillo. ¿Quién fue su autor?. Dado que sabía escribir y disponía de tinta, ¿sería algún miembro de la casa condal, algún secretario o personal del servicio administrativo de don Juan Coloma, conde de Elda? ¿Dónde se situaba, en que estancia? ¿Habría otras inscripciones tan singulares como ésta? ¿Cuándo se perdió?, ¿Qué sentimientos o pensamientos provocó el cometa entre los eldenses: malos presagios y pésimos presagios, indiferencia, curiosidad, miedo, etc?. Nunca jamás lo sabremos.

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