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Concluida la guerra civil, que había desangrado los reinos españoles entre 1705 y 1713 para dirimir quien ocupaba el trono de la Monarquía Hispánica, si Borbones o Habsburgos, solo Barcelona resistía el ataque de las tropas borbónicas de Felipe V. 

Tras la guerra, llegó la paz, y con ella la confiscación de bienes y haciendas, e incluso el exilio de los perdedores. Pero también llegó la hora de reconocer los méritos prestados por personas, ciudades y villas que, desde el principio de la contienda en suelo español, apoyaron la causa del joven Felipe d’Anjou, nieto de Luis XIV de Francia, como legítimo heredero de Carlos II de Austria, como primer rey español de la dinastía Borbón.

Así, un 23 de mayo de 1713, hoy hace 304 años, Felipe V firmaba el Real Decreto por el cual concedía a la villa de Elda, enclavada en la “gobernación de Orihuela” (precedente directo de la provincia de Alicante), al sur del reino de Valencia, el título y renombre de FIDELÍSIMA VILLA DE ELDA. Tratamiento honorífico en reconocimiento del apoyo prestado por la villa y sus gentes quienes desde el principio de la guerra reconocieron a Felipe V como rey, prestando dinero, caballerías y vituallas a las tropas borbónicas.

Además en dicho real decreto, el rey Felipe V concedió a la villa de Elda el privilegio de ostentar en el escudo de armas de la villa una flor de lis, como muestra y en memoria eterna de la lealtad mostrada por la villa a la causa borbónica.

En heráldica, la flor de lis es un símbolo de poder, soberanía, honor y lealtad, y también de pureza de cuerpo y alma. Las tres flores de lis son el símbolo heráldico por excelencia de la Casa Borbón. De ahí, que el actual escudo de España ostente en su centro un escusón (óvalo) con tres flores de lis, como símbolo de la dinastía que ostenta la jefatura del Estado.

Por este privilegio, desde 1713, la villa, posterior ciudad de Elda, ostenta en jefe (salvo los períodos de gobierno republicano) una flor de lis de plata y tiene el tratamiento de FIDELISIMA CIUDAD DE ELDA.

 

Acerca del autor

Autor: Gabriel Segura Herrero

De formación historiador y de profesión arqueólogo, el papel de cronista oficial de la ciudad de Elda plantea retos importantes, tanto con respecto a la memoria de mi predecesor Alberto Navarro Pastor; como al respecto del futuro, para dotar de contenido y utilidad a la figura del cronista oficial en el siglo XXI; a la par que un compromiso con la ciudadanía eldense. Las nuevas tecnologías y las redes sociales deben ser aliadas del conocimiento y de la divulgación histórica, sin faltar al rigor, pero acercando la información histórica al ciudadano. El guión de la historia de Elda está conformado y los titulares en mayúscula ya están todos escritos, pero es necesario escribir la letra pequeña, la historia de las gentes y de los pequeños acontecimientos. Es necesario poner voz a la ingente cantidad de fotografías antiguas que hasta ahora son testigos mudos de nuestro pasado. Trabajo en el que es necesario la colaboración de todos. Con el permiso de usted lector, ¡Vamos a intentarlo!.

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