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(Crónica de nuestra movilidad Erasmus+ en Marsella)

El mistral es un viento catabático (descendente), frío, seco, violento, del noroeste, que sopla desde la costa mediterránea hacia el mar y que llega a superar los 100 km/h. Más allá de su contenida definición en una entrada de la Wikipedia, la reciente movilidad de nuestro proyecto Erasmus+ We Always en Marsella ha supuesto una oportunidad de padecerlo en nuestras propias carnes.

El mismo viento que por su carácter impetuoso es capaz de arruinar la experiencia de un apacible aterrizaje, de un paseo por la playa o de una primera noche plácida, con su zumbido incesante, tiene, así mismo, el efecto de dejar tras de sí un cielo teñido de un azul intenso al arrastrar cualquier vestigio de nubes.

Algunas de las páginas de nuestro segundo encuentro con el alumnado de los tres centros participantes junto al IES Azorín de Petrer (el Thomas-Mann Gymnasium de Berlín, el Egri Pásztorvölgyu Altalános de Eger, Hungría, y el anfitrión Lycée Marseilleveyre) podrían leerse en clave de mistral, al evidenciar situaciones en las que los intentos de precisión en el cumplimiento de objetivos, no llegan a conjurar las rachas de  imprevistos y de dificultades que entraña la compleja organización de un encuentro sometido, a lo largo de cinco días, a no pocas variables.

Las distintas delegaciones, acudimos a la ciudad francesa con el fin de presentar los trabajos planteados desde la movilidad de Eger en torno al patrimonio cultural inmaterial (juegos analógicos y digitales, webs temáticas y otros recursos desarrollados a partir de la metodología del Design thinking).

Estudiantes de los cuatro países compartieron actividades culturales como talleres referidos al patrimonio intangible (música, danza, deportes…), un cine-fórum sobre el programa Erasmus+ o la visita al Museo de las Civilizaciónes de Europa y del Mediterráneo, al pintoresco barrio multicultural de Le Panier y al Vieux-Port. Estas últimas sirvieron de base para la creación, por parte de grupos internacionales de varios productos multimedia (vídeos, poemas visuales, murales, collages, etc.). Las malas condiciones meteorológicas nos privaron, sin embargo, de una excursión en el entorno del Parque Nacional de Les Calanques y supusieron un pequeño gran descuadre del programa original.

Un mistral metafórico nos acompañó en algunas de las tomas de decisiones obligadas por este y otros contratiempos en la gestión de los agrupamientos y la atención a los participantes en las incidencias ajenas a nuestra voluntad que la requirieron.

Estas experiencias que pueden resultar, in situ, desconcertantes, que, como las ráfagas de aire, amenazan nuestro equilibrio, son, no obstante, enormemente enriquecedoras porque revelan la importancia del compromiso de todos y todas, revelan, cuando las nubes se dispersan, nuestro crecimiento como equipo.

A veces, en especial de cara al exterior, caemos en una visión aproblemática de nuestra labor en un proyecto Erasmus+, bien por el celo a la hora de transmitir ilusión o bien porque la emoción positiva que nos provocan, en tantos momentos, cada mirada de nuestro alumnado, cada sonrisa satisfecha o cada lágrima en los adioses contribuyen a mermar nuestra memoria sobre los aspectos negativos.

No nos equivoquemos. En ocasiones el proyecto implica encarar vientos arrolladores, que nos arrebatan de nuestras convicciones y expectativas previas, pero que son imprescindibles para consumar el fin que nos movió a participar en el: educar, educarnos.